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Agencia Zenit

El Papa envía un mensaje por el funeral del Patriarca de Cilicia de los Armenios

Francisco conserva en el corazón el recuerdo del encuentro que tuvieron cuando conmemoró a las víctimas de Metz Yegern y proclamó a San Gregorio de Narek como doctor de la Iglesia

Ciudad del Vaticano, 02 de julio de 2015 (ZENIT.org) Staff Reporter | 0 hits

El Patriarca católico de Cilicia de los Armenios, recientemente fallecido, “hizo que el sufrimiento del pueblo armenio durante su historia se convirtiera en una acción de gracias a Dios considerando el ejemplo de los mártires y de los testigos". Así lo asegura el papa Francisco en un mensaje enviado miércoles con motivo de las exequias de Su Beatitud Nersès Bédros XIX Tarmouni.

El Santo Padre añade que Nersès Bédros XIX, obtuvo de Dios "el bálsamo del consuelo y la reconciliación, el único que puede curar las heridas más profundas de las almas y de los pueblos”. Y, recuerda que , pudo regocijarse con todo el pueblo armenio “por la elevación de San Gregorio de Narek al título luminoso de Doctor de la Iglesia”. 

El Patriarca falleció el pasado 25 y el funeral se ha celebrado en la catedral de san Gregorio y San Elías en Beirut (Líbano). El mensaje del Santo Padre dirigido al obispo Grégoire Ghabroyan, administrador del Patriarcado de Cilicia de los Armenios, fue leído durante la ceremonia fúnebre por el cardenal Leonardo Sandri, prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales.

Su Beatitud --explica Francisco en su mensaje-- deseaba que la influencia espiritual de San Gregorio de Narek fuera un ejemplo para los pastores y los fieles, convencido de que en este santo “todo el mundo puede experimentar las maravillas que el Señor es capaz de lograr en el corazón que se abre a Él en la simplicidad y la humildad diaria, siendo al mismo tiempo solidario con el drama de la humanidad mediante una intercesión sin tregua”.

Además, en el texto, el Papa reconoce que con gran tristeza recibió la noticia del fallecimiento de “nuestro querido hermano en Cristo, Su Beatitud Nerses Bedros XIX Tarmouni, Patriarca de Cilicia de los Armenios Cilicia”. Asimismo, Francisco asegura guardar en el corazón el recuerdo de su encuentro con él, acompañado por los obispos del Sínodo y los fieles de esta Iglesia Patriarcal, “con motivo de la conmemoración de las víctimas de Metz Yegern y de la proclamación de San Gregorio de Narek, a Doctor de la Iglesia Universal”.

Al respecto, indica que “estos acontecimientos vividos al lado de las reliquias del apóstol San Pedro es como si hubieran jalonado el recorrido fiel de vuestro ''Caput y Pater'' revelando algunos aspectos característicos de su persona”.

Por otro lado, el Pontífice recuerda en su mensaje que el Patriarca estaba, ante todo, “profundamente arraigado en la Roca que es Cristo”. Pensaba  --añade-- que el tesoro más grande que el obispo está llamado a administrar es la fe procedente de la predicación apostólica. Y por ello, Francisco subraya que “Su Beatitud se entregó generosamente a su difusión, en particular favoreciendo la promoción permanente del clero para que, incluso en contextos difíciles, los ministros de Dios renovasen su adhesión a Cristo, única esperanza y consuelo de la humanidad”.

Para concluir, el Pontífice invita a recoger la herencia que dejó el Patriarca Nerses e implora al Espíritu Santo "que siga renovando la faz de la Iglesia Católica Armenia”.

2:11:00 p.m.
Agencia Zenit

Washington y La Habana anuncian la apertura de sus respectivas embajadas

La fecha del 20 de julio ha sido la fijada para el restablecimiento formal de relaciones diplomáticas

Madrid, 01 de julio de 2015 (ZENIT.org) Iván de Vargas | 97 hits

Estados Unidos y Cuba han anunciado este miércoles la apertura de sus respectivas embajadas, 54 años después de que las tensiones de la Guerra Fría desembocaran en la ruptura de relaciones diplomáticas entre los dos países. La fecha elegida, el próximo 20 de julio, ha sido confirmada en un intercambio de cartas diplomáticas entregadas a primera hora de la mañana.

La carta del presidente Barack Obama ha sido entregada por el jefe de la Sección de Intereses de EEUU, Jeffrey DeLaurentis, al ministro interino cubano de Exteriores, Marcelino Medina. La cancillería cubana ha revelado poco después en un comunicado la fecha fijada para el restablecimiento formal de relaciones diplomáticas. El gesto ha sido correspondido por el jefe de la Sección de Intereses de Cuba en Washington, José Ramón Cabañas Rodríguez, quien a su vez ha entregado una carta de Raúl Castro al número dos del Departamento de Estado, Anthony Blinken.

La entrega de las cartas presidenciales ha sido el primer paso burocrático hacia la formalización del restablecimiento de relaciones diplomáticas interrumpidas desde 1961. Publicadas por la Casa Blanca, ambas reproducen prácticamente el mismo texto protocolario.

El anuncio, que se esperaba desde hace semanas, confirma la voluntad de continuar el proceso de normalización que iniciaron Obama y Castro el pasado 17 de diciembre.

El histórico paso ha sido posible tras cuatro rondas de negociaciones de alto nivel tanto en La Habana como en Washington. Además, ambos mandatarios protagonizaron en abril en Panamá durante la Cumbre de las Américas, un histórico encuentro bilateral, el primer cara a cara formal entre un presidente estadounidense y uno cubano en más de medio siglo.

La relevancia histórica de esta noticia vuelve a poner el foco sobre el liderazgo mundial del papa Francisco, que envió cartas personales a los líderes estadounidense y cubano, y ofreció el Vaticano como punto neutral de encuentro. Y todo, en el más absoluto silencio.

Solo después de que Barack Obama y Raúl Castro, uno desde Washington y otro desde La Habana, pero con apenas dos minutos de diferencia, agradecieran la mediación del Santo Padre en el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba, la secretaría de Estado del Vaticano difundió un comunicado en el que confirmaba que “en el curso de los últimos meses” el Pontífice había escrito a ambos líderes “invitándolos a resolver cuestiones humanitarias de común interés, como la situación de algunos detenidos”.

Previsiblemente, cuando el papa Francisco ponga un pie en Cuba, primero, y luego en los Estados Unidos, recibirá el saludo de sus respectivos embajadores que no estaban allí cuando por estos países ha pasado Juan Pablo II y Benedicto XVI.

2:11:00 p.m.
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Las andanzas del padre Bergoglio en donde ahora regresa como Papa

Se van conociendo algunas anécdotas del actual Pontífice en sus viajes  a Ecuador, Bolivia y Paraguay, 

Madrid, 01 de julio de 2015 (ZENIT.org) Iván de Vargas | 0 hits

Ante la inminente visita del papa Francisco a Ecuador, Bolivia y Paraguay, se van conociendo algunas anécdotas de cuando el padre Jorge Marío Bergoglio viajó a esos países de Latinoamérica y se entiende mejor el profundo conocimiento que el Pontífice tiene de esos países.

Cuando el ahora Pontífice fue por primera vez a Ecuador en 1980, visitó los seis colegios jesuitas de Portoviejo, Cuenca, Quito, Riobamba y Guayaquil. El que más le gustó fue el colegio Javier. El sacerdote Francisco Cortés, mejor conocido como el padre 'Paquito', fue por varios años el guía espiritual de ese centro, ubicado en el norte de Guayaquil. Hoy ese religioso español de Málaga tiene 90 años, y hace 53 años llegó a Ecuador para ayudar en la formación de los jóvenes jesuitas. 

Entre otros particulares, el embajador de Ecuador ante la Santa Sede,, Luis Latorre contó que el Papa le confió que lleva en sus documentos una imagen de la Dolorosa, 'a quien le rezo todos los días', devoción muy sentida en Ecuador. Y le recordó su amistad con 'el padre Villalba' y 'el padre Paquito', con quien también almorzará en su viaje.

En los años ochenta, el padre 'Paquito' fue uno de los que recibió a Jorge Mario Bergoglio, quien en aquel entonces era el superior provincial de los Jesuitas en Argentina y buscaba un lugar en el que los religiosos de la Compañía en formación pudieran capacitarse. Ambos establecieron una amistad que todavía permanece viva.

Por otra parte, la Agencia de Noticias Fides (ANF) ha revelado que el actual Papa estuvo en Bolivia, en la ciudad de  Cochabamba, en dos ocasiones: en 1974 y en 1979. Dos fotografías, propiedad de la Compañía de Jesús, atestiguan la presencia del padre Bergoglio en esa localidad.

En 1974, tuvo lugar la Reunión de Provinciales Jesuitas del Cono Sur. La sede del encuentro fue la Casa Nuestra Señora de la Esperanza en Cochabamba. El actual Papa, que en aquel entonces tenía 38 años y fungía como cabeza de los jesuitas argentinos, participó en esa reunión que sirvió para preparar la 32 Congregación General de la Compañía de Jesús.

En 1979, el padre Bergoglio regresó a Cochabamba para asistir a la Reunión de Directores Diocesanos de las Obras Misionales Pontificias que se celebró en la Casa Nazaria Ignacia de la zona de Cala Cala, lugar donde las Hermanas Cruzadas de la Iglesia tienen un espacio para retiros y otros encuentros.

Hoy las religiosas cuentan con una imagen en la que se puede apreciar a un joven Francisco durante su visita a esta casa cuando aún no era el sucesor de Pedro. La fotografía ampliada está ubicada en el comedor de las hermanas, y fue obsequiada un tiempo atrás por el padre Antonio Menacho.

El próximo 10 de julio tampoco será la primera visita del Santo Padre a Paraguay, al que Umberto Eco llama “un jesuita paraguayo”. En estos días varios medios de comunicación locales comenzaron a investigar sobre anteriores estancias del Pontífice de origen argentino, y así llegaron hasta los archivos de la Policía Política de los tiempos de la dictadura de Alfredo Stroessner, quien gobernó el país desde el 15 de agosto de 1954 hasta el 3 de febrero de 1989, ha relatado Tierras de América.

En este sentido, la primera vez que el papa Francisco estuvo en Paraguay, llegó a la capital, Asunción, con un vuelo de Aerolíneas Argentinas. Fue el 18 de julio de 1977 con motivo de una reunión de provinciales jesuitas. La información fue confirmada por el padre Mario García, quien todavía recuerda aquel episodio.

En los archivos del Museo de Justicia se localizó también la documentación de otra visita del entonces superior provincial de Argentina fechada el 6 de agosto de 1980. El padre José Luis Caravias corroboró que en esa oportunidad el entonces sacerdote jesuita acudió para una reunión de maestros de novicios.  

2:11:00 p.m.
Agencia Zenit

San Bernardino Realino - 2 de julio

 «​Abogado santo, predilecto de María, excelente confesor y predicador además de pacificador. Patrón de la localidad italiana de Lecce, donde fue considerado otro Felipe Neri»

Madrid, 01 de julio de 2015 (ZENIT.org) Isabel Orellana Vilches | 0 hits

Nació en Carpi, Módena, Italia, el 1 de diciembre de 1530. Su padre era caballerizo mayor de la corte de los Gonzaga, una responsabilidad que le mantenía frecuentemente alejado del hogar, por lo cual su educación prácticamente quedó en manos de su madre que le transmitió su devoción por la Virgen María. Cursó estudios en Módena y en Bolonia. Estudiaba filosofía, aunque en realidad su objetivo era la medicina. En 1550 falleció su madre y tuvo que acostumbrarse a vivir sin ella; su solo recuerdo suscitaba en su ánimo una incontenible emoción.

Hasta ese momento su vida había discurrido como la de muchos jóvenes de su edad: componía poesías, escribía un diario, sufrió el típico mal de amores de la adolescencia, y hasta se vio involucrado en alguna que otra reyerta. Le gustaba cultivar las amistades y es posible que no supiera elegirlas siempre adecuadamente. En un momento dado, reconoció afligido «haber perdido muchísimo tiempo con algunos de sus compañeros, con los cuales trataba demasiado familiarmente». Y por si hubiese dudas al respecto, por la siguiente apreciación retrospectiva queda claro que su conciencia le reprochó determinados rasgos de su conducta: «Habiéndome introducido por senda tan resbaladiza, vino el ángel del Señor a amonestarme de mis errores, y, retrayéndome de las puertas del infierno, me colocó otra vez en la ruta del cielo».

Este «ángel» al que aludía metafóricamente tenía un rostro: el de la hermosa Clara, de la que se enamoró perdidamente en Bolonia después de regresar a la ciudad tras la muerte de su madre. Era una muchacha estudiosa y cultivaba la vida espiritual. Su candidez atrajo a Bernardino, que intercambió cartas y poemas con ella en un tono respetuoso e inocente. Pero la joven tenía cierta influencia en su voluntad y, a instancias suyas, aunque se decantaba por la medicina, abandonó esta carrera por la de derecho, disciplina en la que se doctoró en 1556. Con su título bajo el brazo, y quién sabe cuantos proyectos de futuro con su amada Clara, inició su andadura profesional.

Uno de sus pleitos tuvo lugar en Ferrara. Se produjo una situación que juzgó injusta y saldó el asunto con violencia, hiriendo la frente de su oponente con el estoque. A tenor de ello, le aplicaron la sanción correspondiente y quedó inhabilitado para volver a ejercer allí. Después, con la protección del gobernador de Milán, que contaba con los buenos servicios de su padre, se convirtió en magistrado de Felizzano. Cuando Felipe II fue elegido nuevo gobernador, indirectamente, con la mediación de otra persona notable, el santo obtuvo la plaza de abogado fiscal en Alessandría, Piamonte. Un tercer gobernador lo nombró magistrado de Cassino. Finalmente, el marqués de Pescara lo designó juez de Castelleone, donde se reveló como un gran pacificador.

Aún le quedaba otro destino, el último, para hallar el verdadero amor de su vida. Porque en las postrimerías de 1591, cuando todo parecía sonreírle, la muerte le arrebató a la joven Clara; tuvo noticia de ello a través de unos amigos que se lo comunicaron por carta. Deshecho por el dolor de tan prematura pérdida, no encontró más consuelo que el de Dios. Cuando el marqués se trasladó a Nápoles como gobernador, lo llevó consigo; fue auditor y lugarteniente general de la ciudad. Con frecuencia vagaba por las calles intentando dar un nuevo sentido a su vida.

Una tarde se cruzó con dos alegres religiosos jesuitas, y animado por su gozoso semblante, fue a oír misa a la iglesia que tenían en la ciudad. Profundamente conmovido por la homilía del predicador, padre Carminata, se recluyó voluntariamente en su habitación. Durante unos días hizo los ejercicios espirituales y determinó seguir a Cristo. Aún no sabía la forma. Pesaban sobre él emociones comprensibles: la soledad de su padre, la confianza del marqués…; dudaba. En septiembre de 1564 María, a la que rogaba su auxilio rezando el rosario, despejó sus temores. Se le apareció con su divino Hijo en los brazos en medio de un celeste resplandor, y le instó a ingresar en la Compañía de Jesús. Se disiparon las sombras de Bernardino instantáneamente y penetró en su espíritu la luz.

Tenía 34 años cuando ingresó en el noviciado. Se deshizo de sus posesiones, y se formó a conciencia. Fue ordenado tres años más tarde y quedó destinado en Nápoles. En las calles, tantas veces transitadas por él como magistrado, se puso a prueba su humildad. Ciertas miradas reprobatorias, sorprendidas de la pobreza de su atuendo, lo decían todo acerca de lo que podían pensar; después, fueron apreciando sus virtudes. Le encomendaron la delicada misión de ser maestro de novicios, aunque él soñaba con partir a las Indias. No pudo cumplir su anhelo.

En 1574 fue enviado a Lecce como superior de la comunidad añadiendo la responsabilidad de abrir allí un colegio. Nápoles lo despidió con enorme aflicción por tenerle en alta estima. Y este mismo sentimiento brotó en Lecce, ciudad que se opuso frontalmente a su salida cuando los superiores determinaron trasladarle a otros lugares. Además, siempre surgía algo que impedía su partida, desde inclemencias meteorológicas hasta enfermedades suyas que desaparecían misteriosamente en el momento que se revocaba la orden de salir. Era un excelente confesor y predicador. Prestó asistencia a enfermos, pobres, esclavos, etc.; ante él desfilaron personas de toda clase y condición, incluida la nobleza y prelados.

Considerado como un san Felipe Neri para Lecce, fue agraciado con favores místicos, entre otros, visiones, especialmente de la Virgen. Y teniendo su nombre en los labios, murió el 2 de julio de 1616 con 82 años, casi la mitad de los cuales los pasó en Lecce. Hallándose moribundo, la ciudad lo eligió como su patrón. El alcalde Rapana acudió a su lecho, y le leyó el documento pertinente arrancándole un casi postrero: «Sí, señores», como signo de aceptación. León XIII lo beatificó el 12 de enero de 1896, y Pío XII lo canonizó el 22 de junio de 1947.

Nació en Carpi, Módena, Italia, el 1 de diciembre de 1530. Su padre era caballerizo mayor de la corte de los Gonzaga, una responsabilidad que le mantenía frecuentemente alejado del hogar, por lo cual su educación prácticamente quedó en manos de su madre que le transmitió su devoción por la Virgen María. Cursó estudios en Módena y en Bolonia. Estudiaba filosofía, aunque en realidad su objetivo era la medicina. En 1550 falleció su madre y tuvo que acostumbrarse a vivir sin ella; su solo recuerdo suscitaba en su ánimo una incontenible emoción.

Hasta ese momento su vida había discurrido como la de muchos jóvenes de su edad: componía poesías, escribía un diario, sufrió el típico mal de amores de la adolescencia, y hasta se vio involucrado en alguna que otra reyerta. Le gustaba cultivar las amistades y es posible que no supiera elegirlas siempre adecuadamente. En un momento dado, reconoció afligido «haber perdido muchísimo tiempo con algunos de sus compañeros, con los cuales trataba demasiado familiarmente». Y por si hubiese dudas al respecto, por la siguiente apreciación retrospectiva queda claro que su conciencia le reprochó determinados rasgos de su conducta: «Habiéndome introducido por senda tan resbaladiza, vino el ángel del Señor a amonestarme de mis errores, y, retrayéndome de las puertas del infierno, me colocó otra vez en la ruta del cielo».

Este «ángel» al que aludía metafóricamente tenía un rostro: el de la hermosa Clara, de la que se enamoró perdidamente en Bolonia después de regresar a la ciudad tras la muerte de su madre. Era una muchacha estudiosa y cultivaba la vida espiritual. Su candidez atrajo a Bernardino, que intercambió cartas y poemas con ella en un tono respetuoso e inocente. Pero la joven tenía cierta influencia en su voluntad y, a instancias suyas, aunque se decantaba por la medicina, abandonó esta carrera por la de derecho, disciplina en la que se doctoró en 1556. Con su título bajo el brazo, y quién sabe cuantos proyectos de futuro con su amada Clara, inició su andadura profesional.

Uno de sus pleitos tuvo lugar en Ferrara. Se produjo una situación que juzgó injusta y saldó el asunto con violencia, hiriendo la frente de su oponente con el estoque. A tenor de ello, le aplicaron la sanción correspondiente y quedó inhabilitado para volver a ejercer allí. Después, con la protección del gobernador de Milán, que contaba con los buenos servicios de su padre, se convirtió en magistrado de Felizzano. Cuando Felipe II fue elegido nuevo gobernador, indirectamente, con la mediación de otra persona notable, el santo obtuvo la plaza de abogado fiscal en Alessandría, Piamonte. Un tercer gobernador lo nombró magistrado de Cassino. Finalmente, el marqués de Pescara lo designó juez de Castelleone, donde se reveló como un gran pacificador.

Aún le quedaba otro destino, el último, para hallar el verdadero amor de su vida. Porque en las postrimerías de 1591, cuando todo parecía sonreírle, la muerte le arrebató a la joven Clara; tuvo noticia de ello a través de unos amigos que se lo comunicaron por carta. Deshecho por el dolor de tan prematura pérdida, no encontró más consuelo que el de Dios. Cuando el marqués se trasladó a Nápoles como gobernador, lo llevó consigo; fue auditor y lugarteniente general de la ciudad. Con frecuencia vagaba por las calles intentando dar un nuevo sentido a su vida.

Una tarde se cruzó con dos alegres religiosos jesuitas, y animado por su gozoso semblante, fue a oír misa a la iglesia que tenían en la ciudad. Profundamente conmovido por la homilía del predicador, padre Carminata, se recluyó voluntariamente en su habitación. Durante unos días hizo los ejercicios espirituales y determinó seguir a Cristo. Aún no sabía la forma. Pesaban sobre él emociones comprensibles: la soledad de su padre, la confianza del marqués…; dudaba. En septiembre de 1564 María, a la que rogaba su auxilio rezando el rosario, despejó sus temores. Se le apareció con su divino Hijo en los brazos en medio de un celeste resplandor, y le instó a ingresar en la Compañía de Jesús. Se disiparon las sombras de Bernardino instantáneamente y penetró en su espíritu la luz.

Tenía 34 años cuando ingresó en el noviciado. Se deshizo de sus posesiones, y se formó a conciencia. Fue ordenado tres años más tarde y quedó destinado en Nápoles. En las calles, tantas veces transitadas por él como magistrado, se puso a prueba su humildad. Ciertas miradas reprobatorias, sorprendidas de la pobreza de su atuendo, lo decían todo acerca de lo que podían pensar; después, fueron apreciando sus virtudes. Le encomendaron la delicada misión de ser maestro de novicios, aunque él soñaba con partir a las Indias. No pudo cumplir su anhelo.

En 1574 fue enviado a Lecce como superior de la comunidad añadiendo la responsabilidad de abrir allí un colegio. Nápoles lo despidió con enorme aflicción por tenerle en alta estima. Y este mismo sentimiento brotó en Lecce, ciudad que se opuso frontalmente a su salida cuando los superiores determinaron trasladarle a otros lugares. Además, siempre surgía algo que impedía su partida, desde inclemencias meteorológicas hasta enfermedades suyas que desaparecían misteriosamente en el momento que se revocaba la orden de salir. Era un excelente confesor y predicador. Prestó asistencia a enfermos, pobres, esclavos, etc.; ante él desfilaron personas de toda clase y condición, incluida la nobleza y prelados.

Considerado como un san Felipe Neri para Lecce, fue agraciado con favores místicos, entre otros, visiones, especialmente de la Virgen. Y teniendo su nombre en los labios, murió el 2 de julio de 1616 con 82 años, casi la mitad de los cuales los pasó en Lecce. Hallándose moribundo, la ciudad lo eligió como su patrón. El alcalde Rapana acudió a su lecho, y le leyó el documento pertinente arrancándole un casi postrero: «Sí, señores», como signo de aceptación. León XIII lo beatificó el 12 de enero de 1896, y Pío XII lo canonizó el 22 de junio de 1947.

1:39:00 p.m.
Agencia Zenit

'La crisis del Mediterráneo se convierte en un crisis de refugiados'

ACNUR cifra en 137 mil los emigrantes llegados a Europa por mar en el primer semestre de 2015. Un 83 por ciento más en el año anterior. La gran mayoría huye de la guerra y la persecución

Madrid, 01 de julio de 2015 (ZENIT.org) Staff Reporter | 0 hits

La Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) alertó este miércoles de que la gran mayoría de las 137 mil personas que cruzaron el Mar Mediterráneo hacia Europa en los primeros seis meses de 2015, estaban huyendo de la guerra, el conflicto o la persecución. "Eso convierte la crisis en el Mediterráneo en una crisis de refugiados", subrayó la agencia en un comunicado.

ACNUR explicó que una tercera parte de los hombres, mujeres y niños que desembarcaron en Italia o Grecia provenían de Siria, y en segundo y tercer lugar, de Afganistán y Eritrea, e indicó que la situación en esas naciones los califica "casi de manera universal para el estatus de refugiado u otras formas de protección".

Asimismo, la agencia de la ONU especificó que los datos recibidos de Grecia, Italia, Malta y España indican a un incremento del 83 por ciento en el número de refugiados y migrantes que cruzaron el Mediterráneo de enero a junio de este año, alcanzando las 137 mil personas, en comparación con las 75 mil en el mismo periodo del año pasado.

Por su parte, el alto comisionado António Guterres insistió en la importancia de aclarar que la mayoría de esas personas "son refugiados que buscan protección de la guerra y la persecución", en momentos en que Europa debate cómo lidiar con la crisis del Mediterráneo.

Guterres destacó que "Europa tiene la clara responsabilidad de ayudar a quienes buscan protección ante la guerra y la persecución", negarles esa ayuda representa una amenaza a las bases fundacionales del sistema humanitario por el que los europeos trabajaron muy duro.

En esta línea, el Alto Comisionado de ACNUR llamó a los países de la UE a asumir su parte en la respuesta a esta crisis de refugiados, tanto en el interior como en el extranjero.

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