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Ciudad del Vaticano, 1 de septiembre de 2015 (Vis).-El Papa Francisco ha enviado una carta al arzobispo Rino Fisichella, Presidente del Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización con motivo del Jubileo extraordinario de la Misericordia, en la que reafirma su deseo de que la indulgencia jubilar llegue a cada uno como ''genuina experiencia de la misericordia de Dios'' y explica cómo también las personas encarceladas podrán obtenerla. Asimismo concede a todos los sacerdotes para el Año jubilar, no obstante cualquier cuestión contraria, la facultad de absolver del pecado del aborto a quienes lo han practicado y arrepentidos de corazón piden por ello perdón y dispone que durante el Año Santo de la Misericordia los que se acerquen a los sacerdotes de la Fraternidad San Pío X para celebrar el Sacramento de la Reconciliación, recibirán válida y lícitamente la absolución de sus pecados. Sigue el texto completo:

''La cercanía del Jubileo extraordinario de la Misericordia me permite centrar la atención en algunos puntos sobre los que considero importante intervenir para facilitar que la celebración del Año Santo sea un auténtico momento de encuentro con la misericordia de Dios para todos los creyentes. Es mi deseo, en efecto, que el Jubileo sea experiencia viva de la cercanía del Padre, como si se quisiese tocar con la mano su ternura, para que se fortalezca la fe de cada creyente y, así, el testimonio sea cada vez más eficaz.

Mi pensamiento se dirige, en primer lugar, a todos los fieles que en cada diócesis, o como peregrinos en Roma, vivirán la gracia del Jubileo. Deseo que la indulgencia jubilar llegue a cada uno como genuina experiencia de la misericordia de Dios, la cual va al encuentro de todos con el rostro del Padre que acoge y perdona, olvidando completamente el pecado cometido. Para vivir y obtener la indulgencia los fieles están llamados a realizar una breve peregrinación hacia la Puerta Santa, abierta en cada catedral o en las iglesias establecidas por el obispo diocesano y en las cuatro basílicas papales en Roma, como signo del deseo profundo de auténtica conversión. Igualmente dispongo que se pueda ganar la indulgencia en los santuarios donde se abra la Puerta de la Misericordia y en las iglesias que tradicionalmente se identifican como Jubilares. Es importante que este momento esté unido, ante todo, al Sacramento de la Reconciliación y a la celebración de la santa Eucaristía con un reflexión sobre la misericordia. Será necesario acompañar estas celebraciones con la profesión de fe y con la oración por mí y por las intenciones que llevo en el corazón para el bien de la Iglesia y de todo el mundo.

Pienso, además, en quienes por diversos motivos se verán imposibilitados de llegar a la Puerta Santa, en primer lugar los enfermos y las personas ancianas y solas, a menudo en condiciones de no poder salir de casa. Para ellos será de gran ayuda vivir la enfermedad y el sufrimiento como experiencia de cercanía al Señor que en el misterio de su pasión, muerte y resurrección indica la vía maestra para dar sentido al dolor y a la soledad. Vivir con fe y gozosa esperanza este momento de prueba, recibiendo la comunión o participando en la santa misa y en la oración comunitaria, también a través de los diversos medios de comunicación, será para ellos el modo de obtener la indulgencia jubilar. Mi pensamiento se dirige también a los presos, que experimentan la limitación de su libertad. El Jubileo siempre ha sido la ocasión de una gran amnistía, destinada a hacer partícipes a muchas personas que, incluso mereciendo una pena, sin embargo han tomado conciencia de la injusticia cometida y desean sinceramente integrarse de nuevo en la sociedad dando su contribución honesta. Que a todos ellos llegue realmente la misericordia del Padre que quiere estar cerca de quien más necesita de su perdón. En las capillas de las cárceles podrán ganar la indulgencia, y cada vez que atraviesen la puerta de su celda, dirigiendo su pensamiento y la oración al Padre, pueda este gesto ser para ellos el paso de la Puerta Santa, porque la misericordia de Dios, capaz de convertir los corazones, es también capaz de convertir las rejas en experiencia de libertad.

He pedido que la Iglesia redescubra en este tiempo jubilar la riqueza contenida en las obras de misericordia corporales y espirituales. La experiencia de la misericordia, en efecto, se hace visible en el testimonio de signos concretos como Jesús mismo nos enseñó. Cada vez que un fiel viva personalmente una o más de estas obras obtendrá ciertamente la indulgencia jubilar. De aquí el compromiso a vivir de la misericordia para obtener la gracia del perdón completo y total por el poder del amor del Padre que no excluye a nadie. Será, por lo tanto, una indulgencia jubilar plena, fruto del acontecimiento mismo que se celebra y se vive con fe, esperanza y caridad.

La indulgencia jubilar, por último, se puede ganar también para los difuntos. A ellos estamos unidos por el testimonio de fe y caridad que nos dejaron. De igual modo que los recordamos en la celebración eucarística, también podemos, en el gran misterio de la comunión de los santos, rezar por ellos para que el rostro misericordioso del Padre los libere de todo residuo de culpa y pueda abrazarlos en la bienaventuranza que no tiene fin.

Uno de los graves problemas de nuestro tiempo es, ciertamente, la modificación de la relación con la vida. Una mentalidad muy generalizada que ya ha provocado una pérdida de la debida sensibilidad personal y social hacia la acogida de una nueva vida. Algunos viven el drama del aborto con una consciencia superficial, casi sin darse cuenta del gravísimo mal que comporta un acto de ese tipo. Muchos otros, en cambio, incluso viviendo ese momento como una derrota, consideran no tener otro camino por donde ir. Pienso, de forma especial, en todas las mujeres que han recurrido al aborto. Conozco bien los condicionamientos que las condujeron a esa decisión. Sé que es un drama existencial y moral. He encontrado a muchas mujeres que llevaban en su corazón una cicatriz por esa elección sufrida y dolorosa. Lo sucedido es profundamente injusto; sin embargo, sólo el hecho de comprenderlo en su verdad puede consentir no perder la esperanza. El perdón de Dios no se puede negar a todo el que se haya arrepentido, sobre todo cuando con corazón sincero se acerca al Sacramento de la Confesión para obtener la reconciliación con el Padre. También por este motivo he decidido conceder a todos los sacerdotes para el Año jubilar, no obstante cualquier cuestión contraria, la facultad de absolver del pecado del aborto a quienes lo han practicado y arrepentidos de corazón piden por ello perdón. Los sacerdotes se deben preparar para esta gran tarea sabiendo conjugar palabras de genuina acogida con una reflexión que ayude a comprender el pecado cometido, e indicar un itinerario de conversión verdadera para llegar a acoger el auténtico y generoso perdón del Padre que todo lo renueva con su presencia.

Una última consideración se dirige a los fieles que por diversos motivos frecuentan las iglesias donde celebran los sacerdotes de la Fraternidad de San Pío X. Este Año jubilar de la Misericordia no excluye a nadie. Desde diversos lugares, algunos hermanos obispos me han hablado de su buena fe y práctica sacramental, unida, sin embargo, a la dificultad de vivir una condición pastoralmente difícil. Confío que en el futuro próximo se puedan encontrar soluciones para recuperar la plena comunión con los sacerdotes y los superiores de la Fraternidad. Al mismo tiempo, movido por la exigencia de corresponder al bien de estos fieles, por una disposición mía establezco que quienes durante el Año Santo de la Misericordia se acerquen a los sacerdotes de la Fraternidad San Pío X para celebrar el Sacramento de la Reconciliación, recibirán válida y lícitamente la absolución de sus pecados.


Confiando en la intercesión de la Madre de la Misericordia, encomiendo a su protección la preparación de este Jubileo extraordinario''.


Ciudad del Vaticano, 1 de septiembre de 2015 (Vis).-La intención universal del apostolado de la oración del Santo Padre para el mes de septiembre es: ''Para que crezcan las oportunidades de formación y de trabajo para todos los jóvenes.

Su intención evangelizadora es: ''Para que la vida toda de los catequistas sea un testimonio coherente de la fe que anuncian.''




Ciudad del Vaticano, 1 de septiembre de 2015 (Vis).-El Santo Padre ha renovado la Comisión Especial para la Liturgia en la Congregación para las Iglesias Orientales, que resulta compuesta de este modo:

-Arzobispo Piero Marini, Presidente.

-Reverendo Andrew Mc Lean Cummings, Secretario.

-Padre Tedros Abraha OFM, Cap.

-Padre Cesare Giraudo S.I.

-Padre Thomas D. Pott OSB

-Padre archim.Manuel Nin, OSB

-Padre Rinaldo Iacopino SM


-Monseñor Paul Pallath.

7:14:00 a.m.
Agencia Zenit

Lombardi: El perdón del aborto no significa minimizarlo

Los sacerdotes que absuelvan del pecado del aborto deberán hacer una reflexión que ayude a comprender el pecado cometido

Ciudad del Vaticano, 01 de septiembre de 2015 (ZENIT.org) Sergio Mora | 0 hits

La prerrogativa que ha concedido el papa Francisco, durante el Año Jubilar de la Misericordia, para que los sacerdotes puedan perdonar el pecado del aborto no significa minimizar este crimen, sino hacer entender a quien lo ha cometido la gravedad del mismo.

Lo indicó este martes el padre Federico Lombardi, en unas declaraciones realizadas en la Sala de Prensa del Vaticano, precisando que en el texto el Pontífice es claro, pues le indica a los sacerdotes que “se deben preparar para esta gran tarea” sabiendo conjugar “palabras de genuina acogida con una reflexión que ayude a comprender el pecado cometido”.

Además los sacerdotes, prosiguió el portavoz, deberán “indicar un itinerario de conversión verdadera para llegar a acoger el auténtico y generoso perdón del Padre que todo lo renueva con su presencia”.

Y precisó que normalmente el perdón del pecado para quienes cometieron o participaron de alguna manera en un aborto, puede ser dispensado solamente por el obispo local o por el sacerdote por él indicado.

Con motivo de este evento, el Papa “decidió conceder a todos los sacerdotes para el Año Jubilar, no obstante cualquier cuestión contraria, la facultad de absolver del pecado del aborto a quienes lo han practicado y arrepentidos de corazón piden por ello perdón”.

Lombardi ha señalado además, que el Santo Padre indica en la carta enviada a Mons. Fisichella, presidente del Consejo Pontificio para la Nueva Evangelización, que “uno de los graves problemas de nuestro tiempo es, ciertamente, la modificación de la relación con la vida. Una mentalidad muy generalizada que ya ha provocado una pérdida de la debida sensibilidad personal y social hacia la acogida de una nueva vida. Algunos viven el drama del aborto con una consciencia superficial, casi sin darse cuenta del gravísimo mal que comporta un acto de ese tipo”.

Por ello insistió el director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, el perdón tiene que abrir las puertas a la conversión de las personas que han cometido este pecado.

“El perdón de Dios --escribe el Pontífice en la carta-- no se puede negar a todo el que se haya arrepentido, sobre todo cuando con corazón sincero se acerca al Sacramento de la Confesión para obtener la reconciliación con el Padre”.

Precisó el portavoz del Vaticano, que esta facultad extendida a los sacerdotes será válida durante el Jubileo de la Misericordia.

El texto escrito por el Papa reconoce las dificultades que viven quienes lo han practicado: “Muchos otros, en cambio, incluso viviendo ese momento como una derrota, consideran no tener otro camino por donde ir. Pienso, de forma especial, en todas las mujeres que han recurrido al aborto. Conozco bien los condicionamientos que las condujeron a esa decisión”.

En su carta el Pontífice además demuestra que conoce a fondo el tema: “Sé que es un drama existencial y moral. He encontrado a muchas mujeres que llevaban en su corazón una cicatriz por esa elección sufrida y dolorosa. Lo sucedido es profundamente injusto; sin embargo, sólo el hecho de comprenderlo en su verdad puede consentir no perder la esperanza”.

7:14:00 a.m.
Agencia Zenit

Benedicto XVI reaparece para hablar de la purificación del corazón

Dirigiéndose a los miembros del Schülerkreis, el Papa emérito afirma que con la verdad, el amor y la amabilidad que vienen de Dios, el hombre se vuelve puro

Ciudad del Vaticano, 01 de septiembre de 2015 (ZENIT.org) Staff Reporter | 0 hits

“Con la verdad, el amor y la amabilidad que vienen de Dios, el hombre se vuelve puro y verdad, amor y amabilidad se encuentran en la Palabra de Dios, que nos libera de la desmemoria en un mundo que no piensa más en Dios”.

Esta es la idea central de la homilía que Benedicto XVI pronunció este domingo por la mañana durante la celebración eucarística, que presidió en la iglesia del Campo Santo Teutónico, en el Vaticano. Participaron en la misa los miembros del Schülerkreis (el Círculo de los estudiantes de Ratzinger) y del Nuevo Schülerkreis, que se reunieron los pasados días en Castel Gandolfo, con el objeto de reflexionar sobre el tema “Cómo hablar de Dios hoy”, animados por el sacerdote y filósofo checo Tomás Halík.

En la homilía en alemán, el Papa emérito se centró en el Evangelio de Marcos. Benedicto XVI comenzó subrayando que tres años atrás, en el encuentro del Schülerkreis, habían leído el mismo Evangelio y el cardenal Schönborn, en su homilía, había hecho esta pregunta: “¿Acaso no necesitamos una purificación exterior más que una purificación interior?” El el Pontífice emérito admitió que no recordaba la respuesta que el purpurado austriaco dio en aquella ocasión, pero que la pregunta era muy interesante. Así, centró su meditación en esta cuestión. “Para elegir una respuesta adecuada --observó-- tenemos que ampliar la pregunta y examinar todo el Evangelio, no sólo este pasaje”.

En este sentido, se preguntó: ¿no viene del exterior la suciedad que nos ataca? Es necesario que logremos una purificación de las indecencias que se encuentran fuera: “Podemos decir --afirmó Benedicto XVI-- que hay que responder con la limpieza exterior a las muchas enfermedades y a las epidemias que nos amenazan”. Es importante tener este tipo de responsabilidad para que la muerte no predomine, notó el Papa emérito. Pero eso no es suficiente, dijo, porque tenemos también “la epidemia del corazón”, una epidemia interior, que lleva a la corrupción y a otras cosas sucias y el hombre piensa sólo en él mismo.

El ethos, o sea la “limpieza interior”, tiene gran importancia, también como la religión. “¿Qué hace el hombre puro?” “¿Cuál es la auténtica fuerza de purificación?” “¿Cómo se llega a la limpieza del corazón?” Estas fueron algunas de las preguntas que hizo.

“En otro pasaje del Evangelio --prosiguió Benedicto XVI-- el Señor dice a los suyos: 'Vosotros sois puros, gracias a las palabras que he anunciado’”. Llegamos a ser puros por medio de la Palabra, apuntó. “Con la verdad, el amor y la amabilidad que vienen de Dios, el hombre se vuelve puro y verdad, amor y amabilidad se encuentran en la Palabra de Dios, que nos libera de la desmemoria en un mundo que no piensa más en Dios”, subrayó. “La Palabra de Dios vale mucho más que las palabras, porque a través de las palabras encontramos la Palabra de Dios y a Dios mismo. Nosotros encontramos la Palabra en los que reflejan a Dios, en los que nos muestran su cara y su sencillez, su ternura, su sinceridad”, aseguró. “Esperamos que el Señor nos conceda esta ‘limpieza del corazón’ a través de la Verdad que viene de Dios: esta es la fuerza de la purificación”, concluyó el Papa emérito.

Al final de la Misa, en las salas cercanas al Campo Santo Teutónico, tuvo lugar la inauguración del Aula Papa Benedicto-Joseph Ratzinger, que bendijo el Pontífice emérito. En su intervención, el rector del Colegio Teutónico, Mons. Hans Peter Fischer, anunció que el próximo 18 de Noviembre se inaugurará la Biblioteca Romana Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, totalmente dedicada a su vida y su pensamiento, en la Biblioteca del Colegio Teutónico del Instituto Romano de la Sociedad de Görres, en el Vaticano, con una intervención del cardenal Gianfranco Ravasi, presidente del Pontificio Consejo de la Cultura, sobre el tema: “De la Biblia a la Biblioteca – Benedicto XVI y la Cultura de la Palabra”.

La Biblioteca dedicada al Papa emérito, una iniciativa de la Fundación Vaticana Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, cuenta con alrededor de mil volúmenes en diferentes lenguas y estará abierta a todos los que estén interesados en las publicaciones de y sobre Joseph Ratzinger, en conocer su vida y profundizar sobre su teología. Muchos volúmenes han sido donados por el propio Benedicto XVI, otros por la Fundación Vaticana.

7:14:00 a.m.
Agencia Zenit

El Papa explica el Jubileo de la Misericordia y el perdón del aborto

Carta del Santo Padre a Mons. Fisichella, precisando sobre la indulgencia, la absolución de pecados graves y la posibilidad de los integrantes de la Comunidad San Pío X de confesarse válida y lícitamente

Ciudad del Vaticano, 01 de septiembre de 2015 (ZENIT.org) Staff Reporter | 111 hits

El papa Francisco envió una carta a monseñor Rino Fisichella, presidente del Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización, en la que detalla algunos particulares sobre el Jubileo de la Misericordia. 

En el escrito, el Santo Padre explica desde cómo obtener una indulgencia jubilar plena --incluso para los difuntos, fruto del acontecimiento mismo que se celebra y se vive con fe, esperanza y caridad, y para las personas que no pueden moverse libremente, como ancianos o presos-- hasta el perdón que podrán administrar los sacerdotes a quienes cometieron o estuvieron involucrados en abortos, "sabiendo conjugar palabras de genuina acogida con una reflexión que ayude a comprender el pecado cometido, e indicar un itinerario de conversión verdadera". 

Además, a quienes forman parte de la Comunidad San Pío X, que no están en plena comunión con la Iglesia, el Pontífice les concede la posibilidad de confesarse durante este año del Jubileo de la Misericordia, recibiendo lícitamente la absolución.

A continuación el texto completo: 

Al venerado hermano
Monseñor Rino Fisichella Presidente del Consejo pontificio
para la promoción de la nueva evangelización

La cercanía del Jubileo extraordinario de la Misericordia me permite centrar la atención en algunos puntos sobre los que considero importante intervenir para facilitar que la celebración del Año Santo sea un auténtico momento de encuentro con la misericordia de Dios para todos los creyentes. Es mi deseo, en efecto, que el Jubileo sea experiencia viva de la cercanía del Padre, como si se quisiese tocar con la mano su ternura, para que se fortalezca la fe de cada creyente y, así, el testimonio sea cada vez más eficaz.

Mi pensamiento se dirige, en primer lugar, a todos los fieles que en cada diócesis, o como peregrinos en Roma, vivirán la gracia del Jubileo. Deseo que la indulgencia jubilar llegue a cada uno como genuina experiencia de la misericordia de Dios, la cual va al encuentro de todos con el rostro del Padre que acoge y perdona, olvidando completamente el pecado cometido.

Para vivir y obtener la indulgencia los fieles están llamados a realizar una breve peregrinación hacia la Puerta Santa, abierta en cada catedral o en las iglesias establecidas por el obispo diocesano y en las cuatro basílicas papales en Roma, como signo del deseo profundo de auténtica conversión. Igualmente dispongo que se pueda ganar la indulgencia en los santuarios donde se abra la Puerta de la Misericordia y en las iglesias que tradicionalmente se identifican como Jubilares.

Es importante que este momento esté unido, ante todo, al Sacramento de la Reconciliación y a la celebración de la santa Eucaristía con un reflexión sobre la misericordia. Será necesario acompañar estas celebraciones con la profesión de fe y con la oración por mí y por las intenciones que llevo en el corazón para el bien de la Iglesia y de todo el mundo.

Pienso, además, en quienes por diversos motivos se verán imposibilitados de llegar a la Puerta Santa, en primer lugar los enfermos y las personas ancianas y solas, a menudo en condiciones de no poder salir de casa. Para ellos será de gran ayuda vivir la enfermedad y el sufrimiento como experiencia de cercanía al Señor que en el misterio de su pasión, muerte y resurrección indica la vía maestra para dar sentido al dolor y a la soledad.

Vivir con fe y gozosa esperanza este momento de prueba, recibiendo la comunión o participando en la santa misa y en la oración comunitaria, también a través de los diversos medios de comunicación, será para ellos el modo de obtener la indulgencia jubilar.

Mi pensamiento se dirige también a los presos, que experimentan la limitación de su libertad. El Jubileo siempre ha sido la ocasión de una gran amnistía, destinada a hacer partícipes a muchas personas que, incluso mereciendo una pena, sin embargo han tomado conciencia de la injusticia cometida y desean sinceramente integrarse de nuevo en la sociedad dando su contribución honesta.

Que a todos ellos llegue realmente la misericordia del Padre que quiere estar cerca de quien más necesita de su perdón. En las capillas de las cárceles podrán ganar la indulgencia, y cada vez que atraviesen la puerta de su celda, dirigiendo su pensamiento y la oración al Padre, pueda este gesto ser para ellos el paso de la Puerta Santa, porque la misericordia de Dios, capaz de convertir los corazones, es también capaz de convertir las rejas en experiencia de libertad.

He pedido que la Iglesia redescubra en este tiempo jubilar la riqueza contenida en las obras de misericordia corporales y espirituales. La experiencia de la misericordia, en efecto, se hace visible en el testimonio de signos concretos como Jesús mismo nos enseñó. Cada vez que un fiel viva personalmente una o más de estas obras obtendrá ciertamente la indulgencia jubilar.

De aquí el compromiso a vivir de la misericordia para obtener la gracia del perdón completo y total por el poder del amor del Padre que no excluye a nadie. Será, por lo tanto, una indulgencia jubilar plena, fruto del acontecimiento mismo que se celebra y se vive con fe, esperanza y caridad.

La indulgencia jubilar, por último, se puede ganar también para los difuntos. A ellos estamos unidos por el testimonio de fe y caridad que nos dejaron. De igual modo que los recordamos en la celebración eucarística, también podemos, en el gran misterio de la comunión de los santos, rezar por ellos para que el rostro misericordioso del Padre los libere de todo residuo de culpa y pueda abrazarlos en la bienaventuranza que no tiene fin.

Uno de los graves problemas de nuestro tiempo es, ciertamente, la modificación de la relación con la vida. Una mentalidad muy generalizada que ya ha provocado una pérdida de la debida sensibilidad personal y social hacia la acogida de una nueva vida. Algunos viven el drama del aborto con una consciencia superficial, casi sin darse cuenta del gravísimo mal que comporta un acto de ese tipo.

Muchos otros, en cambio, incluso viviendo ese momento como una derrota, consideran no tener otro camino por donde ir. Pienso, de forma especial, en todas las mujeres que han recurrido al aborto. Conozco bien los condicionamientos que las condujeron a esa decisión. Sé que es un drama existencial y moral. He encontrado a muchas mujeres que llevaban en su corazón una cicatriz por esa elección sufrida y dolorosa. Lo sucedido es profundamente injusto; sin embargo, sólo el hecho de comprenderlo en su verdad puede consentir no perder la esperanza.

El perdón de Dios no se puede negar a todo el que se haya arrepentido, sobre todo cuando con corazón sincero se acerca al Sacramento de la Confesión para obtener la reconciliación con el Padre. También por este motivo he decidido conceder a todos los sacerdotes para el Año jubilar, no obstante cualquier cuestión contraria, la facultad de absolver del pecado del aborto a quienes lo han practicado y arrepentidos de corazón piden por ello perdón.

Los sacerdotes se deben preparar para esta gran tarea sabiendo conjugar palabras de genuina acogida con una reflexión que ayude a comprender el pecado cometido, e indicar un itinerario de conversión verdadera para llegar a acoger el auténtico y generoso perdón del Padre que todo lo renueva con su presencia.

Una última consideración se dirige a los fieles que por diversos motivos frecuentan las iglesias donde celebran los sacerdotes de la Fraternidad de San Pío X. Este Año jubilar de la Misericordia no excluye a nadie. Desde diversos lugares, algunos hermanos obispos me han hablado de su buena fe y práctica sacramental, unida, sin embargo, a la dificultad de vivir una condición pastoralmente difícil. Confío que en el futuro próximo se puedan encontrar soluciones para recuperar la plena comunión con los sacerdotes y los superiores de la Fraternidad. Al mismo tiempo, movido por la exigencia de corresponder al bien de estos fieles, por una disposición mía establezco que quienes durante el Año Santo de la Misericordia se acerquen a los sacerdotes de la Fraternidad San Pío X para celebrar el Sacramento de la Reconciliación, recibirán válida y lícitamente la absolución de sus pecados.

Confiando en la intercesión de la Madre de la Misericordia, encomiendo a su protección la preparación de este Jubileo extraordinario.

Vaticano, 1 de septiembre de 2015.

FRANCISCUS 

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