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3:21:00 a.m.

ASIA/INDIA - Inclusión y calidad en la política educativa: las propuestas de las minorías religiosas

Nueva Delhi (Agencia Fides) – Las minorías religiosas en la India, en particular los cristianos y musulmanes, invitan al gobierno federal a no “indianizar la educación”, mediante la imposición de una nueva política de formación con una atención especial hacia las tradiciones culturales, religiosas y lingüísticas hindúes, sino a reconocer la contribución de las minorías en el nacimiento de la India y, sobre todo, a llegar hasta los pobres, los dalits (ex intocables), las mujeres y los tribales (aborígenes): así lo expresado en una reunión celebrada ayer, 29 de septiembre, una amplia delegación de representantes cristianos y musulmanes que han encontrado al ministro federal para el desarrollo de los recursos humanos (HRD), Prakash Javadekar.
Según la información de la Agencia Fides, la delegación estaba formada, entre otros, por el secretario general de la conferencia episcopal de la India (Cbci), por otros obispos, así como eruditos musulmanes que han expresado sus inquietudes y preocupaciones acerca de la nueva política de educación del gobierno federal.
El obispo Mascarenhas ha dicho que a la iglesia le gustaría “formar parte de la formulación de una política de formación”, según los criterios constitucionales para garantizar la igualdad de oportunidades, el acceso a la educación para todos, para superar las desigualdades y garantizar que todos los ciudadanos, desde la infancia, reciban una educación justa y desarrollen su personalidad y su proprio potencial.
“La política de educación – han recordado los líderes presentes - debe fomentar y facilitar las instituciones privadas, de acuerdo con los principios de autonomía y de libertad”.
En este contexto, “es una obligación reactivar el papel crucial que las minorías religiosas han tenido y tienen en el sistema de educación indio”, se señala. Las escuelas de las minorías “históricamente han desempeñado un papel crucial en el llegar a los sectores oprimidos de la sociedad”, creando “escuelas de excelencia”. No es casualidad, señalan, “si Maulana Azad, el fue el primero que se convirtió en Ministro de Educación, y Rajendra Prasad, el primer presidente, se educaron con la contribución del sistema de educación islámica. Del mismo modo, 9 de los 15 primeros ministros y 11 de los 13 presidentes, han recibido su formación en instituciones cristianas”, que “han contribuido enormemente a la vida nacional”, absolviendo las funciones generales de tutela de los derechos culturales y educativos de todos los ciudadanos indios, no sólo de las minorías.
La delegación ha reiterado la necesidad de preservar, en el campo educativo, principios tales como “la inclusión y la calidad”. Al término de la reunión, el ministro Javadekar ha asegurado que salvaguardará estos principios.(PA-SD) (Agencia Fides 30/9/2016)

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2:53:00 a.m.

(ZENIT – Roma).- El santo padre Francisco presidió este domingo en Georgia, la santa misa en el estadio de Meskhi, en el segundo y último día de su viaje que le llevará también a Azerbaiyán.

En su homilía el Santo Padre señaló que Dios quiere cargar con nuestros pecados e inquietudes porque, más allá del mal que podemos hacer, somos siempre sus hijos. Y que Dios es el consuelo que necesitamos en medio de las vicisitudes turbulentas de la vida. Invitó por ello a dejarle al Señor entrar en nuestra vida. Pero adviritió que hay una condición fundamental para recibir el consuelo de Dios: hacerse pequeños como niños, sin necesidad de acumular honores y prestigios. Porque es dichosa la Iglesia que no cede a la lógica del éxito mundano ni los criterios del funcionalismo.

A continuación el texto completo de la homilía

Entre los muchos tesoros de este espléndido país destaca el gran valor que representan las mujeres. Ellas —escribía santa Teresa del Niño Jesús, cuya memoria celebramos hoy— «aman a Dios en número mucho mayor que los hombres» (Manuscritos autobiográficos, Manuscrito A, VI). Aquí en Georgia, hay muchas abuelas y madres que siguen conservando y transmitiendo la fe, sembrada en esta tierra por santa Nino, y llevan el agua fresca del consuelo de Dios a muchas situaciones de desierto y conflicto.

Esto nos ayuda a comprender la belleza de lo que el Señor dice en la primera lectura de hoy: «Como a un niño a quien su madre consuela, así os consolaré yo» (Is 66,13). Como una madre toma sobre sí el peso y el cansancio de sus hijos, así quiere Dios cargar con nuestros pecados e inquietudes; él, que nos conoce y ama infinitamente, es sensible a nuestra oración y sabe enjugar nuestras lágrimas. Cada vez que nos mira se conmueve y se enternece con un amor entrañable, porque, más allá del mal que podemos hacer, somos siempre sus hijos; desea tomarnos en brazos, protegernos, librarnos de los peligros y del mal. Dejemos que resuenen en nuestro corazón las palabras que hoy nos dirige: «Como una madre consuela, así os consolaré yo».

El consuelo que necesitamos, en medio de las vicisitudes turbulentas de la vida, es la presencia de Dios en el corazón. Porque su presencia en nosotros es la fuente del verdadero consuelo, que permanece, que libera del mal, que trae la paz y acrecienta la alegría. Por lo tanto, si queremos ser consolados, tenemos que dejar que el Señor entre en nuestra vida. Y para que el Señor habite establemente en nosotros, es necesario abrirle la puerta y no dejarlo fuera. Hay que tener siempre abiertas las puertas del consuelo porque Jesús quiere entrar por ahí: por el Evangelio leído cada día y llevado siempre con nosotros, la oración silenciosa y de adoración, la Confesión y la Eucaristía. A través de estas puertas el Señor entra y hace que las cosas tengan un sabor nuevo. Pero cuando la puerta del corazón se cierra, su luz no llega y se queda a oscuras. Entonces nos acostumbramos al pesimismo, a lo que no funciona bien, a las realidades que nunca cambiarán. Y terminamos por encerrarnos dentro de nosotros mismos en la tristeza, en los sótanos de la angustia, solos. Si, por el contrario, abrimos de par en par las puertas del consuelo, entrará la luz del Señor.

Pero Dios no nos consuela sólo en el corazón; por medio del profeta Isaías, añade: «En Jerusalén seréis consolados» (66,13). En Jerusalén, en la comunidad, es decir en la ciudad de Dios: cuando estamos unidos, cuando hay comunión entre nosotros obra el consuelo de Dios. En la Iglesia se encuentra consuelo, la Iglesia es la casa del consuelo: aquí Dios desea consolar. Podemos preguntarnos: Yo, que estoy en la Iglesia, ¿soy portador del consuelo de Dios? ¿Sé acoger al otro como huésped y consolar a quien veo cansado y desilusionado? El cristiano, incluso cuando padece aflicción y acoso, está siempre llamado a infundir esperanza a quien está resignado, a alentar a quien está desanimado, a llevar la luz de Jesús, el calor de su presencia y el alivio de su perdón. Muchos sufren, experimentan pruebas e injusticias, viven preocupados. Es necesaria la unción del corazón, el consuelo del Señor que no elimina los problemas, pero da la fuerza del amor, que ayuda a llevar con paz el dolor. Recibir y llevar el consuelo de Dios: esta misión de la Iglesia es urgente. Queridos hermanos y hermanas, sintámonos llamados a esto; no a fosilizarnos en lo que no funciona a nuestro alrededor o a entristecernos cuando vemos algún desacuerdo entre nosotros. No está bien que nos acostumbremos a un «microclima» eclesial cerrado, es bueno que compartamos horizontes de esperanza amplios y abiertos, viviendo el entusiasmo humilde de abrir las puertas y salir de nosotros mismos.

Pero hay una condición fundamental para recibir el consuelo de Dios, y que hoy nos recuerda su Palabra: hacerse pequeños como niños (cf. Mt 18,3-4), ser «como un niño en brazos de su madre» (Sal 130,2). Para acoger el amor de Dios es necesaria esta pequeñez del corazón: en efecto, sólo los pequeños pueden estar en brazos de su madre.

Quien se hace pequeño como un niño —nos dice Jesús— «es el más grande en el reino de los cielos» (Mt 18,4). La verdadera grandeza del hombre consiste en hacerse pequeño ante Dios. Porque a Dios no se le conoce con elevados pensamientos y muchos estudios, sino con la pequeñez de un corazón humilde y confiado. Para ser grande ante el Altísimo no es necesario acumular honores y prestigios, bienes y éxitos terrenales, sino vaciarse de sí mismo. El niño es precisamente aquel que no tiene nada que dar y todo que recibir. Es frágil, depende del papá y de la mamá. Quien se hace pequeño como un niño se hace pobre de sí mismo, pero rico de Dios.

Los niños, que no tienen problemas para comprender a Dios, tienen mucho que enseñarnos: nos dicen que él realiza cosas grandes en quien no le ofrece resistencia, en quien es simple y sincero, sin dobleces. Nos lo muestra el Evangelio, donde se realizan grandes maravillas con pequeñas cosas: con unos pocos panes y dos peces (cf. Mt 14,15-20), con un grano de mostaza (cf. Mc 4,30-32), con el grano de trigo que cae en tierra y muere (cf. Jn 12,24), con un solo vaso de agua ofrecido (cf. Mt 10,42), con dos pequeñas monedas de una viuda pobre (cf. Lc 21, 1-4), con la humildad de María, la esclava del Señor (cf. Lc 1,46-55).

He aquí la sorprendente grandeza de Dios, un Dios lleno de sorpresas y que ama las sorpresas: nunca perdamos el deseo y la confianza en las sorpresas de Dios. Nos hará bien recordar que somos, siempre y ante todo, hijos suyos: no dueños de la vida, sino hijos del Padre; no adultos autónomos y autosuficientes, sino niños que necesitan ser siempre llevados en brazos, recibir amor y perdón. Dichosa las comunidades cristianas que viven esta genuina sencillez evangélica. Pobres de recursos, pero ricas de Dios. Dichosos los pastores que no se apuntan a la lógica del éxito mundano, sino que siguen la ley del amor: la acogida, la escucha y el servicio. Dichosa la Iglesia que no cede a los criterios del funcionalismo y de la eficiencia organizativa y no presta atención a su imagen. Pequeño y amado rebaño de Georgia, que tanto te dedicas a la caridad y a la formación, acoge el aliento que te infunde el Buen Pastor, confíate a Aquel que te lleva sobre sus hombros y te consuela.

Quisiera resumir estas ideas con algunas palabras de santa Teresa del Niño Jesús, a quien recordamos hoy. Ella nos señala su «pequeño camino» hacia Dios, «el abandono del niñito que se duerme sin miedo en brazos de su padre», porque «Jesús no pide grandes hazañas, sino únicamente abandono y gratitud» (Manuscritos autobiográficos, Manuscrito B). Lamentablemente –como escribía entonces, y ocurre también hoy–, Dios encuentra «pocos corazones que se entreguen a él sin reservas, que comprendan toda la ternura de su amor infinito» (ibíd.). La joven santa y Doctora de la Iglesia, por el contrario, era experta en la «ciencia del Amor» (ibíd.), y nos enseña que «la caridad perfecta consiste en soportar los defectos de los demás, en no extrañarse de sus debilidades, en edificarse de los más pequeños actos de virtud que les veamos practicar»; nos recuerda también que «la caridad no debe quedarse encerrada en el fondo del corazón» (Manuscrito C). Pidamos hoy, todos juntos, la gracia de un corazón sencillo, que cree y vive en la fuerza bondadosa del amor, pidamos vivir con la serena y total confianza en la misericordia de Dios.

2:23:00 a.m.

(ZENIT – Roma).- Con la santa misa en el estadio M. Meskhi, inició el segundo y último día del papa Francisco en Georgia, viaje que proseguirá mañana en Azerbaiyán.

El altar estaba ubicado en una construcción realizada dentro del estadio, la cual tenía un crucifijo puesto sobre el fondo con el logo de la visita del viaje del Santo Padre a Georgia. Y a uno de los lados se encontraba una imagen la Virgen de la piedad, teniendo en sus brazos el cuerpo de Jesús bajado de la cruz.

El Santo Padre que presidió la misa en latín, vestía paramentos blancos con cruces bordadas color dorado y llevaba el palio. Con él concelebraron las autoridades religiosas del país, así como los obispos caldeos, rito que cuenta unos diez mil fieles en Georgia.

La misa contó también con la presencia de unos 13 obispos caldeos que viajaron a Georgia procedentes de Tiflis, en donde tuvieron un sínodo, para estar durante la visita del Pontífice.

En esta mañana de sol, los varios miles de fieles que se encontraban allí usando gorros y pañuelos blancos o amarillos siguieron la misa con atención y recogimiento.El papa Francisco leyó su homilía en italiano y después cada párrafo un traductor lo transmitía en georgiano.

“Como una madre toma sobre sí el peso y el cansancio de sus hijos, así quiere Dios cargar con nuestros pecados e inquietudes”, recordó, “porque, más allá del mal que podemos hacer, somos siempre sus hijos”

Indicó que “el consuelo que necesitamos, en medio de las vicisitudes turbulentas de la vida, es la presencia de Dios en el corazón” y para ello “tenemos que dejar que el Señor entre en nuestra vida”, o sea “abrirle la puerta y no dejarlo fuera”.

Añadió que “la Iglesia es la casa del consuelo” en invitó a preguntarse “¿soy portador del consuelo de Dios? ¿Sé acoger al otro como huésped y consolar a quien veo cansado y desilusionado?”

Pero hay una condición fundamental para recibir el consuelo de Dios, ha indicado Francisco: “hacerse pequeños como niños”, sin necesidad de acumular honores y prestigios,

“Los niños, que no tienen problemas para comprender a Dios, tienen mucho que enseñarnos”, dijo el Santo Padre y debemos recordar que no somos “no dueños de la vida, sino hijos del Padre; no adultos autónomos y autosuficientes, sino niños que necesitan ser siempre llevados en brazos, recibir amor y perdón”.

“Dichosos los pastores que no se apuntan a la lógica del éxito mundano, sino que siguen la ley del amor: la acogida, la escucha y el servicio” señaló Francisco. Y añadió: “Dichosa la Iglesia que no cede a los criterios del funcionalismo y de la eficiencia organizativa y no presta atención a su imagen”.

“Pequeño y amado rebaño de Georgia, que tanto te dedicas a la caridad y a la formación, acoge el aliento que te infunde el Buen Pastor, confíate a Aquel que te lleva sobre sus hombros y te consuela”, concluyó el Papa, y resumió estas ideas con algunas palabras de santa Teresa del Niño Jesús, de quien hoy es la fiesta, ente ellas: ‘Jesús no pide grandes hazañas, sino únicamente abandono y gratitud’.

2:16:00 a.m.

ASIA/TURQUIA - Condenan a los asesinos de los tres cristianos de Malatya, pero por ahora no van a prisión

JoucyEcumenism.com

Malatya (Agencia Fides) – Nueve años después del asesinato de los tres cristianos degollados en la ciudad turca de Malatya al sureste del país, el Tribunal Penal de la ciudad ha condenado a cadena perpetua a los cinco turcos acusados de ser los autores del triple asesinato. La sentencia ha sido dictada en los últimos días, durante la 115 audiencia de un proceso que en los últimos años se ha visto fuertemente influenciado por las luchas de poder internas entre los aparatos políticos, militares y judiciales turcos.
Los cinco condenados - Emre Gunaydin, Salih Gurler, Abuzer Yildirim, Cuma Ozdemir y Hamit Ceker - han sido reconocidos como culpables de asesinato premeditado. Pero el tribunal - refieren los medios de comunicación turcos - también ha dictaminado que los cinco condenados no serán detenidos inmediatamente, y seguirán viviendo bajo libertad condicional hasta que la sentencia no sea confirmada en los grados más altos del proceso. Los cinco condenados fueron detenidos en la escena del crimen.
El 18 de abril de 2007, tres cristianos evangélicos - los turcos Necati Aydin y Ugur Yuksel y el alemán Tilmann Geske - fueron atados y degollados en la sede de la casa editorial Zirve, de la que eran colaboradores. En torno a los homicidios, la investigación descubrió una amplia red de complicidad y de coberturas que veía involucrados a miembros de los ambientes militares y de los órganos de seguridad, supuestamente circundantes a las estructuras ocultas que posteriormente fueron acusadas en el proceso Ergenekon, el famoso proceso llamado “estado profundo”, que desde 2008 había tomado de mira a sectores militares, acusados de fomentar una trama ultra nacionalista contra el gobierno de matriz islámica de Erdogan.
El juicio Ergenekon en aquel entonces estaba dirigido por círculos judiciales cercanos al movimiento Hizmet de Fetullah Gülen, el predicador y politólogo turco que en aquel momento era un aliado de Erdogan, pero que poco después entraría en conflicto directo con el hombre fuerte de la política turca, hasta tener que emigrar a los EE.UU. y hasta ser etiquetado por los círculos pro-gobierno turco como autor de conspiraciones internacionales destinadas a atacar la lidership de Erdogan.
Después de este cambio radical en las relaciones entre Erdogan y los “gulenistas” (que ha culminado con la reciente acusación contra Gülen de ser el instigador del fallido golpe de Estado del 15 de julio de 2016), el mismo movimiento Hizmet fue calificado por los órganos y la prensa pro-gubernamental como “organización terrorista”, y al mismo tiempo, el juicio por el asesinato en Malatya se vio condicionado por las convulsiones y las reversiones de escenario y de las alianzas dentro de los organismos turcos, cambiando de dirección bruscamente (véase Agencia Fides 4/6/12016). Durante las audiencias del juicio, algunos testigos han tratado de dar valor a tesis según las cuales, el juicio por la matanza de los cristianos había sido manipulado por los círculos cercanos a Fetullah Gülen que quería utilizarlo para condenar a sus oponentes.
En junio de 2014 fue puesto en libertad al general Hursit Tolon, sospechoso de ser el instigador de los asesinatos, mientras que en los últimos meses de ese año, otros tres prisioneros puestos en liberados comenzaron a atribuir el triple asesinato a miembros del movimiento Hizmet de Fetullah Gülen. Durante los últimos dos años, a los veinte detenidos acusados de participar en el triple asesinato se les ha concedido la libertad condicional, en espera de sentencia. (GV) (Agencia Fides 30/9/2016).

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2:11:00 a.m.

 

(RV).- La primera actividad pública del Papa Francisco durante su segunda jornada en Georgia fue la celebración de la Santa Misa en el Estadio Meskhi de la capital de esta nación.

En su homilía, partiendo de la memoria litúrgica del día, que presenta la figura de Santa Teresa del Niño Jesús, el Obispo de Roma destacó que entre los muchos tesoros de este espléndido país sobresale el valor que representan las mujeres, quienes, como escribía la joven Santa y Doctora de la Iglesia «aman a Dios en número mucho mayor que los hombres».

Tras afirmar que en Georgia, hay muchas abuelas y madres que siguen conservando y transmitiendo la fe, sembrada en esta tierra por Santa Nino, y que llevan el agua fresca del consuelo de Dios a muchas situaciones de desierto y conflicto, el Papa Bergoglio se refirió a la belleza de lo que el Señor dice en la primera lectura, a saber: «Como a un niño a quien su madre consuela, así los consolaré yo» y pidió a los fieles que permitan que estas palabras resuenen en sus corazones, puesto que en medio de las vicisitudes de la vida – dijo – encontramos el consuelo en esta presencia de Dios en el corazón.

Francisco reafirmó la necesidad de tener siempre abiertas las puertas del consuelo porque Jesús quiere entrar por ahí: por el Evangelio leído cada día y llevado siempre con nosotros, la oración silenciosa y de adoración, la Confesión y la Eucaristía. Mientras cuando la puerta del corazón se cierra, su luz no llega y se queda a oscuras. Y así – prosiguió –  nos acostumbramos al pesimismo, a lo que no funciona bien, a las realidades que nunca cambiarán; y terminamos por encerrarnos dentro de nosotros mismos en la tristeza, en los sótanos de la angustia y solos.

Después de recordar que Dios no nos consuela sólo en el corazón, sino que cuando hay comunión entre nosotros obra su consuelo, el que se encuentra en la Iglesia – que definió casa del consuelo – porque en ella Dios desea consolar; el Pontífice invitó a preguntarnos si somos portadores del consuelo de Dios y si somos capaces de acoger y consolar al otro como huésped. Porque como explicó, el cristiano, independientemente de la condición en la que se encuentre, siempre está llamado a infundir esperanza llevando la luz, el calor de su presencia y el alivio del perdón de Jesús.

El Sucesor de Pedro no olvidó los sufrimientos, pruebas, injusticias y preocupaciones que tantas personas viven en este país. De ahí que haya insistido en la necesaria unción del corazón, el consuelo del Señor, que aunque no elimina los problemas, da esa fuerza del amor, que ayuda a sobrellevar con paz el dolor. Por esta razón el Papa reafirmó que recibir y llevar el consuelo de Dios es la urgente misión de la Iglesia. E invitó a que no se fosilicen en lo que no funciona; puesto que no hay que acostumbrarse a un «microclima» eclesial cerrado. Al contrario, es bueno que se compartan horizontes de esperanza amplios y abiertos, viviendo el entusiasmo humilde de abrir las puertas; a la vez que hizo hincapié en la condición fundamental para recibir el consuelo de Dios: hacerse pequeños como niños.

Hacia el final de su homilía el Santo Padre invitó a recordar que somos, siempre, y ante todo, hijos del Padre y no dueños de la vida; no adultos autónomos y autosuficientes, sino niños que necesitan ser siempre llevados en brazos y recibir su amor y su perdón.

Antes de resumir estas ideas con algunas palabras de Santa Teresa del Niño Jesús, Francisco se alegró por las comunidades cristianas que viven esta genuina sencillez evangélica a pesar de ser pobres de recursos. De la misma manera dijo que son dichosos los pastores que no se apuntan a la lógica del éxito mundano, sino que siguen la ley del amor, es decir: la acogida, la escucha y el servicio. Y dichosa la Iglesia que no cede a los criterios del funcionalismo y de la eficiencia organizativa, sin prestar tanta atención a su imagen.

El Papa pidió a este pequeño y amado rebaño de Georgia, que tanto se dedica a la caridad y a la formación, que acoja el aliento que le infunde el Buen Pastor, confiando en Aquel que lleva a esta Iglesia sobre sus hombros y la consuela.

(María Fernanda Bernasconi – RV).

Texto y audio de la homilía del Santo Padre Francisco en el Estadio M. Meskhi de Georgia:

 

Entre los muchos tesoros de este espléndido país destaca el gran valor que representan las mujeres. Ellas – escribía santa Teresa del Niño Jesús, cuya memoria celebramos hoy – «aman a Dios en número mucho mayor que los hombres» (Manuscritos autobiográficos, Manuscrito A, VI). Aquí en Georgia, hay muchas abuelas y madres que siguen conservando y transmitiendo la fe, sembrada en esta tierra por santa Nino, y llevan el agua fresca del consuelo de Dios a muchas situaciones de desierto y conflicto.

Esto nos ayuda a comprender la belleza de lo que el Señor dice en la primera lectura de hoy: «Como a un niño a quien su madre consuela, así los consolaré yo» (Is 66, 13). Como una madre toma sobre sí el peso y el cansancio de sus hijos, así quiere Dios cargar con nuestros pecados e inquietudes; él, que nos conoce y ama infinitamente, es sensible a nuestra oración y sabe enjugar nuestras lágrimas. Cada vez que nos mira se conmueve y se enternece con un amor entrañable, porque, más allá del mal que podemos hacer, somos siempre sus hijos; desea tomarnos en brazos, protegernos, librarnos de los peligros y del mal. Dejemos que resuenen en nuestro corazón las palabras que hoy nos dirige: «Como una madre consuela, así los consolaré yo».

El consuelo que necesitamos, en medio de las vicisitudes turbulentas de la vida, es la presencia de Dios en el corazón. Porque su presencia en nosotros es la fuente del verdadero consuelo, que permanece, que libera del mal, que trae la paz y acrecienta la alegría. Por lo tanto, si queremos ser consolados, tenemos que dejar que el Señor entre en nuestra vida. Y para que el Señor habite establemente en nosotros, es necesario abrirle la puerta y no dejarlo fuera. Hay que tener siempre abiertas las puertas del consuelo porque Jesús quiere entrar por ahí: por el Evangelio leído cada día y llevado siempre con nosotros, la oración silenciosa y de adoración, la Confesión y la Eucaristía. A través de estas puertas el Señor entra y hace que las cosas tengan un sabor nuevo. Pero cuando la puerta del corazón se cierra, su luz no llega y se queda a oscuras. Entonces nos acostumbramos al pesimismo, a lo que no funciona bien, a las realidades que nunca cambiarán. Y terminamos por encerrarnos dentro de nosotros mismos en la tristeza, en los sótanos de la angustia, solos. Si, por el contrario, abrimos de par en par las puertas del consuelo, entrará la luz del Señor.

Pero Dios no nos consuela sólo en el corazón; por medio del profeta Isaías, añade: «En Jerusalén seréis consolados» (66, 13). En Jerusalén, en la comunidad, es decir en la ciudad de Dios: cuando estamos unidos, cuando hay comunión entre nosotros obra el consuelo de Dios. En la Iglesia se encuentra consuelo, la Iglesia es la casa del consuelo: aquí Dios desea consolar.

Podemos preguntarnos: Yo, que estoy en la Iglesia, ¿soy portador del consuelo de Dios? ¿Sé acoger al otro como huésped y consolar a quien veo cansado y desilusionado? El cristiano, incluso cuando padece aflicción y acoso, está siempre llamado a infundir esperanza a quien está resignado, a alentar a quien está desanimado, a llevar la luz de Jesús, el calor de su presencia y el alivio de su perdón. Muchos sufren, experimentan pruebas e injusticias, viven preocupados. Es necesaria la unción del corazón, el consuelo del Señor que no elimina los problemas, pero da la fuerza del amor, que ayuda a llevar con paz el dolor. Recibir y llevar el consuelo de Dios: esta misión de la Iglesia es urgente. Queridos hermanos y hermanas, sintámonos llamados a esto; no a fosilizarnos en lo que no funciona a nuestro alrededor o a entristecernos cuando vemos algún desacuerdo entre nosotros. No está bien que nos acostumbremos a un «microclima» eclesial cerrado, es bueno que compartamos horizontes de esperanza amplios y abiertos, viviendo el entusiasmo humilde de abrir las puertas y salir de nosotros mismos.

Pero hay una condición fundamental para recibir el consuelo de Dios, y que hoy nos recuerda su Palabra: hacerse pequeños como niños (cf. Mt 18, 3-4), ser «como un niño en brazos de su madre» (Sal 130,2). Para acoger el amor de Dios es necesaria esta pequeñez del corazón: en efecto, sólo los pequeños pueden estar en brazos de su madre.

Quien se hace pequeño como un niño – nos dice Jesús – «es el más grande en el reino de los cielos» (Mt 18,4). La verdadera grandeza del hombre consiste en hacerse pequeño ante Dios. Porque a Dios no se le conoce con elevados pensamientos y muchos estudios, sino con la pequeñez de un corazón humilde y confiado. Para ser grande ante el Altísimo no es necesario acumular honores y prestigios, bienes y éxitos terrenales, sino vaciarse de sí mismo. El niño es precisamente aquel que no tiene nada que dar y todo que recibir. Es frágil, depende del papá y de la mamá. Quien se hace pequeño como un niño se hace pobre de sí mismo, pero rico de Dios.

Los niños, que no tienen problemas para comprender a Dios, tienen mucho que enseñarnos: nos dicen que él realiza cosas grandes en quien no le ofrece resistencia, en quien es simple y sincero, sin dobleces. Nos lo muestra el Evangelio, donde se realizan grandes maravillas con pequeñas cosas: con unos pocos panes y dos peces (cf. Mt 14, 15-20), con un grano de mostaza (cf. Mc 4, 30-32), con el grano de trigo que cae en tierra y muere (cf. Jn 12, 24), con un solo vaso de agua ofrecido (cf. Mt 10, 42), con dos pequeñas monedas de una viuda pobre (cf. Lc 21, 1-4), con la humildad de María, la esclava del Señor (cf. Lc 1, 46-55).

He aquí la sorprendente grandeza de Dios, un Dios lleno de sorpresas y que ama las sorpresas: nunca perdamos el deseo y la confianza en las sorpresas de Dios. Nos hará bien recordar que somos, siempre, y ante todo, hijos suyos: no dueños de la vida, sino hijos del Padre; no adultos autónomos y autosuficientes, sino niños que necesitan ser siempre llevados en brazos, recibir amor y perdón. Dichosa las comunidades cristianas que viven esta genuina sencillez evangélica. Pobres de recursos, pero ricas de Dios. Dichosos los pastores que no se apuntan a la lógica del éxito mundano, sino que siguen la ley del amor: la acogida, la escucha y el servicio. Dichosa la Iglesia que no cede a los criterios del funcionalismo y de la eficiencia organizativa y no presta atención a su imagen. Pequeño y amado rebaño de Georgia, que tanto te dedicas a la caridad y a la formación, acoge el aliento que te infunde el Buen Pastor, confíate a Aquel que te lleva sobre sus hombros y te consuela.

Quisiera resumir estas ideas con algunas palabras de santa Teresa del Niño Jesús, a quien recordamos hoy. Ella nos señala su «pequeño camino» hacia Dios, «el abandono del niñito que se duerme sin miedo en brazos de su padre», porque «Jesús no pide grandes hazañas, sino únicamente abandono y gratitud» (Manuscritos autobiográficos, Manuscrito B). Lamentablemente – como escribía entonces, y ocurre también hoy – Dios encuentra «pocos corazones que se entreguen a él sin reservas, que comprendan toda la ternura de su amor infinito» (ibíd.). La joven santa y Doctora de la Iglesia, por el contrario, era experta en la «ciencia del Amor» (ibíd.), y nos enseña que «la caridad perfecta consiste en soportar los defectos de los demás, en no extrañarse de sus debilidades, en edificarse de los más pequeños actos de virtud que les veamos practicar»; nos recuerda también que «la caridad no debe quedarse encerrada en el fondo del corazón» (Manuscrito C). Pidamos hoy, todos juntos, la gracia de un corazón sencillo, que cree y vive en la fuerza bondadosa del amor, pidamos vivir con la serena y total confianza en la misericordia de Dios.


1:18:00 a.m.

Programa del segundo día del viaje apostólico de Francisco a Georgia. El domingo temprano parte a Azerbaiyán y por la noche regresa a Roma.

(Huso horario de Europa Central)

Sábado 1 de octubre
– 8:00 Santa misa en el estadio M. Meskhi

– 13:45 Encuentro con sacerdotes, religiosas, religiosos, seminaristas
y agentes pastorales en la Iglesia de la Asunta.

– 15:00 Encuentro con los asistidos y los operadores de la las obras de caridad de la Iglesia,
delante al centro de asistencia de los Camilianos.

– 16:15 visita a la catedral patriarcal de svetitskhoveli en Ktskheta.

 

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