Artículos Recientes

10:07:00 a.m.

VATICANO, 30 Sep. 16 (ACI).-
El Director de la Sala de Prensa de la Santa Sede, Greg Burke, aclaró que “no hay confirmado ningún viaje a Colombia el año que viene", luego que el presidente de ese país, Juan Manuel Santos, anunciara la visita del Pontífice para el primer trimestre de 2017.

Ayer jueves, durante la apertura del II Congreso Internacional de la Asociación Colombiana del Petróleo (ACP), que se realiza en Bogotá, Santos dijo que “podemos confirmar que (el Papa) vendrá el próximo trimestre. El primer trimestre del año entrante vendrá a Colombia por cuatro días, cosa que nos honra muchísimo".

En febrero pasado, en el trayecto a México, el Santo Padre expresó su deseo de visitar el país sudamericano el próximo año. “Tengo ganas de ir a Colombia, si se firma la paz viajo en 2017”, dijo en referencia a las negociaciones entre el gobierno colombiano y las Fuerzas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Sin embargo, tal como indicó el vocero vaticano ayer jueves, todavía no se ha confirmado “ningún viaje a Colombia el año que viene”.

También te puede interesar:

Papa Francisco: Estoy feliz por cese al fuego definitivo en Colombia https://t.co/mjO230no2v

— ACI Prensa (@aciprensa) 24 de junio de 2016


10:07:00 a.m.

Tsibili, 30 Sep. 16 (ACI).-
La visita del Papa Francisco a Georgia y Azerbaiyán tiene un marcado carácter interconfesional, por lo que varios de los actos que tendrá durante el viaje contarán con la participación de varias religiones. Por ello, se reunió en la sede del patriarcado de Georgia con Su Beatitud Ilia II, cabeza de la Iglesia Ortodoxa y apostólica georgiana, y pidió poner por encima de todo la evangelización y el deseo de paz.

En su discurso, el Santo Padre recordó la visita del Patriarca al Vaticano en 1999, con San Juan Pablo II. “Santidad, con vuestra visita histórica al Vaticano, la primera de un Patriarca georgiano, usted abrió una nueva página en las relaciones entre la Iglesia Ortodoxa de Georgia y la Iglesia Católica. En aquella ocasión, intercambió con el Obispo de Roma el beso de la paz y la promesa de rezar el uno por el otro”, afirmó Francisco.

Después de valorar positivamente las relaciones entre la Iglesia ortodoxa de Georgia y la Católica, Francisco explicó que ha llegado al país “como peregrino y amigo, he llegado a esta tierra bendita, cuando está a punto de concluir para los católicos el Año Jubilar de la Misericordia”.

“Ahora, la Providencia divina ha querido que nos encontremos de nuevo y, frente a un mundo sediento de misericordia, de unidad y de paz, nos pide que se dé un nuevo impulso, un renovado fervor a los lazos que nos unen, signo elocuente de los cuales es el beso de la paz y nuestro abrazo fraternal”. 

El Papa aseguró que a pesar de las diferencias “nos sostiene en esto el amor que transformó la vida de los Apóstoles. Es el amor sin igual, que el Señor ha encarnado”.

“Realmente el amor del Señor nos eleva, porque nos permite alzarnos por encima de las incomprensiones del pasado, de los cálculos del presente y de los temores del futuro”, añadió.

En su discurso, también alabó el testimonio del pueblo georgiano, quien “ha encontrado en el amor la fuerza para levantarse de nuevo después de muchas pruebas; gracias a él se ha elevado hasta las alturas de una extraordinaria belleza artística”. 

Por otro lado, recordó la herencia cristiana del país gracias a Santa Nino, “que suele ser equiparada a los Apóstoles: difundió la fe bajo el signo particular de la cruz hecha de sarmiento de vid”. “No se trata de una cruz desnuda, porque la imagen de la vid, además del fruto que en esta tierra es excelente, representa al Señor Jesús”.

El Papa argentino pidió una vez más permanecer unidos y pidió “que la multitud de santos de este país nos anime a poner el Evangelio por encima de todo y a evangelizar como en el pasado y, más que en el pasado, libres de las ataduras de ideas preconcebidas y abiertos a la perenne novedad de Dios”.

“Que las dificultades no sean un obstáculo, sino un estímulo que nos ayude a conocernos mejor, a compartir la sabia viva de la fe, a intensificar la oración de unos por otros y a cooperar con caridad apostólica en el testimonio común, para la gloria de Dios en el cielo y el servicio de la paz en la tierra”, deseó.

También tuvo palabras para la paz y el perdón para “vencer a nuestros verdaderos enemigos, que no son de carne y hueso, sino los espíritus del mal que están dentro y fuera de nosotros”.

“Esta tierra bendita está llena de héroes valientes según el Evangelio que, como san Jorge, fueron capaces de vencer al mal. Pienso en tantos monjes, y especialmente en los numerosos mártires, cuya vida ha triunfado ‘con la fe y la paciencia’ ha pasado por la prueba del dolor permaneciendo unida al Señor y ha dado así un fruto pascual, regando el suelo georgiano con la sangre derramada por amor”, manifestó.

Francisco concluyó pidiendo que su intercesión “alivie a tantos cristianos que todavía hoy en el mundo sufren persecuciones y atropellos, y fortalezca en nosotros el buen deseo de estar fraternalmente unidos para anunciar el Evangelio de la paz”.

También te puede interesar: 

TEXTO: Discurso del Papa en el encuentro con el Patriarca de toda la Georgia https://t.co/eiU6YICLhy

— ACI Prensa (@aciprensa) 30 de septiembre de 2016

 


10:01:00 a.m.

RADIO VATICANA – jesuita Guillermo Ortiz

Es el amor a la Patria lo que “me lleva también a pedirles, una vez más, que se pongan la Patria al hombro, esa Patria que necesita que cada uno de nosotros le entreguemos lo mejor de nosotros mismos, para mejorar, crecer, madurar”, expresa Francisco comunicándose con los argentinos en un video mensaje dado a conocer el viernes 30 de setiembre de 2016, a las 12 horas de Argentina.

El amor a la Patria, explica el Obispo de Roma “nos hará lograr esa cultura del encuentro que supera todas estas culturas del descarte que hoy en el mundo se ofrecen por todas partes. Una cultura del encuentro donde cada uno tenga su lugar, que todo el mundo pueda vivir con dignidad y que se pueda expresar pacíficamente sin ser insultado o condenado, o agredido, o descartado. Esa cultura del encuentro que todos tenemos que ir buscando, con la oración y la buena voluntad”.

A la vez que informa que no puede viajar a su país ni en el 16 ni en el 17, Francisco insiste que “la riqueza más grande que tiene nuestra Patria es el pueblo, ese pueblo que sabe ser solidario, que sabe caminar uno junto a otro, que sabe ayudarse, que sabe respetarse, es ese pueblo argentino que no se marea, que sabe encontrar sabiduría, y cuando se marea, los otros lo ayudan a que se le vaya el mareo. Yo a ese pueblo argentino lo respeto, lo quiero, lo llevo en mi corazón… Y aunque no podamos estrecharnos la mano, cuenten con mi memoria y mi oración para que el Señor los haga crecer como pueblo”. (Radio Vaticana)

TEXTO COMPLETO DEL VIDEO MENSAJE DE PAPA FRANCISCO AL PUEBLO ARGENTINO

Queridos hermanos y hermanas:

En este año en que todavía estamos respirando el ambiente de los festejos del Bicentenario, suceden dos hechos que hacen a nuestra historia, dos hechos que son muy importantes y muy fuertes, y que yo valoro mucho: uno es la beatificación de Mama Antula, una mujer que ayudó a consolidar la Argentina profunda y el otro es la próxima canonización del Cura Brochero, ese cura gaucho que tuvo compasión de sus queridos serranos y luchó por su dignificación.

Está de más decir que yo hubiera querido ir a Argentina a beatificar a Mama Antula y a canonizar al Cura Brochero, pero no pude hacerlo, no es posible. Ustedes no saben cuánto me gustaría volver a verlos. Y tampoco podré hacerlo el año próximo porque ya están compromisos fijados para Asia, África, y el mundo es más grande que Argentina, y bueno, pero hay que dividirse, dejo en manos del Señor que Él me indique la fecha.  Pero teniendo en cuenta estos acontecimientos y teniendo en cuenta que el año que viene tampoco voy a poder ir, opté por comunicarme con ustedes de esta manera.

Para mí el pueblo argentino es mi pueblo, ustedes son importantes, yo sigo siendo argentino, yo todavía viajo con pasaporte argentino. Estoy convencido que como pueblo son el mayor tesoro que tiene nuestra Patria. Cuando recibo cartas de ustedes, tantas que no a todas puedo responder, seguramente una que otra para hacerme presente, me consuelo, me da gozo y eso me lleva a rezar y rezo por ustedes en la Misa, por las necesidades de ustedes, por cada uno más de ustedes. Es el amor a la Patria que me lleva a eso y es lo que me lleva también a pedirles, una vez más, que se pongan la Patria al hombro, esa Patria que necesita que cada uno de nosotros le entreguemos lo mejor de nosotros mismos, para mejorar, crecer, madurar. Y esto nos hará lograr esa cultura del encuentro que supera todas estas culturas del descarte que hoy en el mundo se ofrecen por todas partes. Una cultura del encuentro donde cada uno tenga su lugar, que todo el mundo pueda vivir con dignidad y que se pueda expresar pacíficamente sin ser insultado o condenado, o agredido, o descartado. Esa cultura del encuentro que todos tenemos que ir buscando, con la oración y la buena voluntad.

A mí me llama la atención que a la Argentina se le alaba por su geografía, su riqueza, Tenemos de todo: montañas, bosques, llanuras, costas, todas las riquezas en minería. Tenemos todo. ¡Qué país rico! Pero la riqueza más grande que tiene nuestra Patria es el pueblo, ese pueblo que sabe ser solidario, que sabe caminar uno junto a otro, que sabe ayudarse, que sabe respetarse, es ese pueblo argentino que no se marea, que sabe encontrar sabiduría, y cuando se marea, los otros lo ayudan a que se le vaya el mareo. Yo a ese pueblo argentino lo respeto, lo quiero, lo llevo en mi corazón, es la riqueza más grande de nuestra Patria. Y aunque no podamos estrecharnos la mano, cuenten con mi memoria y mi oración para que el Señor los haga crecer como pueblo. Pueblo que se reencuentra, trabaja unido y busca la grandeza de la Patria, esa Patria que es propia, es nuestra, no es de los otros, es nuestra. Gracias por todo lo bueno que hacen cada día. Que el Señor los bendiga.

Estamos en el Año de la Misericordia, y como despedida de esta charla, de este monólogo pero que quiere ser una charla, me atrevo a proponerles, como las maestras de antes,  los deberes para la casa. Les propongo que en este Año de la Misericordia hagan alguna obra de misericordia todos los días o cada dos días si no pueden todos los días; y no se enojen si yo se las leo para recordárselas. Están las obras de misericordia corporales y las espirituales. En su mayoría, se toman una lista que el Señor hace en las Bienaventuranzas, en Mateo 25, en todo el Evangelio. Son obras concretas de misericordia que si cada uno de nosotros hace una al día o una cada dos días, el bien, el bien, que haremos a nuestro pueblo:

– Visitar a un enfermo, visitar a los enfermos, es una obra de misericordia;

– Dar de comer al hambriento. Hay gente que tiene hambre;

– Dar de beber al sediento, tiene sed material y espiritual, a veces;

– Dar posada al peregrino, es decir, darle lugar al que no tiene casa, al que no tiene techo;

– Vestir al desnudo, es decir, que la gente tenga vestido, que no pase frio en invierno;

– Visitar a los presos. Tantas veces la Iglesia insiste sobre esto;

– Y enterrar a los difuntos.

Estas serían las siete obras de misericordia corporales, y otras siete espirituales:

– Enseñar al que no sabe;

– Dar un buen consejo al que lo necesita;

– Corregir al que se equivoca;

– Perdonar al que nos ofende. ¡Qué difícil es perdonar! Todos hoy en el mundo necesitamos perdonar mucho y ser perdonados;

– Consolar al que está triste;

– Sufrir con paciencia los defectos del prójimo. Hay gente que a veces nos hace perder la paciencia, y sufrir con paciencia sus defectos, es una obra de misericordia;

-Y rezar a Dios por los vivos y por los muertos.

No sé queridos hermanos, queridos compatriotas, me siento hablándoles como en casa, me acerco a ustedes en esta ocasión, donde todavía se respiran los aires de los festejos del Bicentenario y donde están estos dos hechos de la canonización del Cura Brochero y la beatificación de Mama Antula, dos personas, un hombre y una mujer, que trabajaron por la Patria y por la evangelización. Así que en medio de todo esto los saludo, les doy mi cariño, y les digo – parece un poco raro, pero lo estiro el tiempo como el elástico- hasta pronto, y no se olviden de rezar por mí. Gracias. (RADIO VATICANA).


9:58:00 a.m.

Habacuc 1, 2-3; 2, 2-4: “El justo vivirá por su fe”
Salmo 94: “Señor, que no seamos sordos a tu voz”
II Timoteo 1, 6-8, 13-14: “No te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor”
San Lucas 17, 5-10: “¡Si ustedes tuvieran fe…!”

Hay quienes ante las grandes tragedias no se conforman con lamentarse o renegar de las situaciones. Así ha sucedido en el Albergue de Jesús el Buen Pastor, en Tapachula. Ante la ola de migrantes y refugiados que invaden la frontera Sur de nuestro México, hay quienes cierran los ojos, quienes acusan a los gobiernos o quienes se sienten amenazados. Una mujer, débil y sola, abre las puertas de su casa primero a un migrante, después se van se agregan más… los cuartos de la pequeña casa son insuficientes para tantos que buscan cobijo y protección. Ahora, en un terreno mucho más grande, con más construcción, con nuevas instalaciones, se recibe a un gran número de migrantes y para muchos es la Betania de espera mientras se confirma su situación de refugiados. Algunos, desahuciados, encuentran el consuelo de unas manos y una sonrisa que los conforta. “Todo lo hemos ido construyendo con el esfuerzo de los mismos migrantes. Todos colaboramos y todos trabajamos. No crea Usted, que lo hemos recibido fácil. Nos ha costado sudor y lágrimas, pero cuando se quiere se puede”.

Los reproches del profeta Habacuc frente al silencio del Señor cuando su país se llena de injusticias y de opresión, los podríamos retomar mirando la realidad actual. Pero también conviene que hagamos nuestras las palabras que anuncian un brote de esperanza en medio de la oscuridad: “Es todavía una visión de algo lejano pero que viene corriendo y no fallará; si se tarda espéralo, pues llegará sin falta… El justo vivirá por su fe”. Jesús eso espera de sus discípulos: una fe firme y el servicio generoso y constante, sin esperar recompensa. Y vaya que si se necesita tener fe en estos momentos. Por todas las noticias, porque aún los que creíamos más rectos nos han fallado, porque la corrupción está por todas partes, vivimos un momento de desencanto, de indiferencia y de escepticismo. Nuestra misma Iglesia se siente sacudida porque hemos tenido fuertes y duros fracasos que hacen dudar a muchos creyentes, que solamente ponen su fe en las personas y no en Jesús. El Papa Francisco es el primero en reconocer y pedir que reconozcamos esta situación, pero también es el primero que nos lanza con optimismo y renovado esfuerzo a seguir construyendo la esperanza.

Es alentador y edificante descubrir a hermanos y hermanas con una gran fe, que con pequeñas obras en estos momentos difíciles, siguen sembrando a pesar de los malos tiempos. Cómo es cierto que cuando una puerta se cierra hay otras que se abren. Pero a veces estamos tan aturdidos y obstinados mirando la única puerta cerrada que no percibimos las posibilidades de otras puertas que se pueden abrir ¡Qué diferente es el actuar de Jesús! No me lo imagino pensando como un fracasado a pesar de las dificultades. Por eso nos enseña hoy que “Si tuvieran fe, aunque fuera tan pequeña como una semilla de mostaza podrían decir a ese árbol frondoso: ‘Arráncate de raíz y plántate en el mar’, y los obedecería”.

Y no se trata de andar cambiando de sitio los árboles, sino de algo mucho más profundo: llenar el vacío que hay en el corazón, dar esperanza al que se siente desalentado. La fe en Jesús es saberse en manos del Señor que nos ama. Es apreciar el regalo de amor de Dios a pesar de las dificultades. Por eso aconseja el Apóstol Pablo a Timoteo: “Te recomiendo que reavives el Don de Dios… porque el Señor no nos ha dado un espíritu de temor, sino de fortaleza y de amor”. Es actuar conforme a ese espíritu que nos ha regalado el Señor. La fe no es una espera inoperante dejando todo en manos de Dios. Todo lo contrario, es el compromiso, serio y callado, de quien ha experimentado la resurrección de Jesús en sí mismo y por eso puede lanzarse a superar todos los obstáculos.

Nos ofrece el Señor Jesús, en este día, otra rica enseñanza, quizás olvidada por nosotros: servir generosa y desinteresadamente. Alguien proponía que actualmente lo importante no es poner un huevo, sino saber cacaraquearlo. Y así, hay quienes hacen mucho ruido y pocas obras. Si creyéramos toda la propaganda que se nos presenta, las grandes obras realizadas, los proyectos concluidos… seguramente pensaríamos vivir en el país de Jauja. Pero se gasta más en la publicidad que en las mismas obras. Nos vemos saturados de propaganda, de papeles, de promesas, pero ¡qué pocas obras! Por eso Jesús nos invita a actuar desde lo pequeño, desde el granito de mostaza, a hacerlo con mucha fe y con mucha esperanza y a hacerlo con todo silencio y con toda humildad. ¿Es difícil? Claro que lo es, por eso los apóstoles suplican a Jesús: “Auméntanos la fe”, porque frente al fracaso tienen la tentación de la huida y a la hora del triunfo se enorgullecen como si todo lo hubieran hecho ellos. ¡Cuántos ejemplos de servicio callado y humilde tenemos en nuestras familias, en nuestras comunidades, en nuestros pueblos! Y no son los que aparecen en los titulares de los periódicos, pero con cuánta verdad viven el Evangelio. Hay problemas y dificultades en nuestro mundo pero también hay quien vive plenamente la Palabra de Dios y después sencillamente dice: “No somos más que siervos, sólo hemos hecho lo que teníamos que hacer”, como lo pide Jesús. Por eso, a pesar de los graves nubarrones que nos señala el Papa Francisco termina diciéndonos: “Donde parece que todo ha muerto, por todas partes vuelven a aparecer los brotes de la resurrección. Es verdad que muchas veces parece que Dios no existiera: vemos injusticias, maldades, indiferencias y crueldades que no ceden. Pero también es cierto que en medio de la oscuridad siempre comienza a brotar algo nuevo, que tarde o temprano produce un fruto. El verdadero cristiano no puede ser pesimista, tiene que vivir la esperanza, engendrar la esperanza y difundir la sana esperanza”

La fe es también creerle a Él, creer que es verdad que nos ama, que vive, que es capaz de intervenir misteriosamente, que no nos abandona, que saca bien del mal con su poder y con su infinita creatividad. Jesús no ha resucitado en vano. ¡No nos quedemos al margen de esa marcha de la esperanza viva! ¡Seamos sembradores de esperanza!

Señor Jesús, la luz de nuestro camino, concédenos un corazón valiente y animoso para construir tu Reino y un espíritu de servicio y humildad para reconocer que eres Tú quien lo está construyendo. Amén.

9:58:00 a.m.

 

(ZENIT – Madrid).- Su frágil apariencia y forma de expresión de algunos escritos, que pueden recordar un estilo un tanto infantil, a estas alturas, y con lo que se sabe de ella, no puede confundir a nadie. La gran Teresa de Lisieux era una mujer de una reciedumbre espiritual poco común. Fue doctora del amor en grado sublime, ciertamente heroico. Sobrenaturalizó las pequeñas cosas cotidianas, afrontando con decisión irrevocable por amor a Cristo las que más cuestan, las que interrumpen el flujo del amor a Dios y a los demás en cuestiones aparentemente nimias, sutiles, pero que esconden cierto grado de sufrimiento nada desdeñable. El camino espiritual que ha trazado con su virtud es un excelso tratado de cómo superarlas.

Tuvo una vida corta, intensa y entregada, rebosante de tanta ternura y de tal riqueza, que habría sido irreparable de todo punto no haber podido contar con su impresionante testimonio de amor. Por fortuna, dejó plasmada en su formidable Historia de un alma, además de hacerlo en sus cartas y escritos, la pasión que inundaba todo su ser en un gesto supremo de generosidad, culminando esta obra a punto de morir. Sembró el amor hasta que exhaló el último suspiro. Esta insigne carmelita, patrona de las misiones, continúa perfumando con su exquisita caridad el orbe entero.

Vino al mundo en Alençon, Francia, el 2 de enero de 1873. Tuvo el privilegio de nacer en un hogar de dos auténticos hijos de Dios, encumbrados por la Iglesia a los altares: Luís y Celia. Vio desfilar ante ella a sus hermanas María, Paulina y Celina, precediéndole en el Carmelo. Soñó con seguir sus pasos ardientemente, suplicó tanto, que al final obtuvo lo que deseaba. Tenía de su parte, además de la gracia divina, el apoyo de su padre; su madre ya había fallecido. Leonia, otra de sus hermanas, eligió a las religiosas de la Visitación. Como su fe no tenía fronteras, en julio de 1887 Teresa arrancó con su oración la conversión del condenado a muerte Pranzini. Esa Navidad la marcó a fuego. Comprendió que el Niño Dios se había hecho pequeño por amor a ella, para infundirle valor en su seguimiento. Y aunque tenía 15 años, su padre no dudó en conducirla ante el papa León XIII, a quien expuso con firmeza su deseo de ingresar en el Carmelo, lo cual se produjo en 1888.

Profesó en 1890, cuando su padre ya había enfermado, teniendo claro su objetivo de escalar las más altas cumbres del amor. Apuraba el tiempo, como si supiese que no se le concedería demasiado, orando, haciendo penitencia y aprovechando todos los momentos para mortificarse con cualquier circunstancia propiciada por la convivencia. Delicada, sensible y exquisita en su trato, sufría gestos que contravenían su visión de cómo debía ser la vida religiosa y los ofrendaba a Cristo. Según el precepto evangélico buscaba expresamente a las hermanas de trato más complejo y les dedicaba a conciencia lo mejor de sí. «Ahora comprendo que la caridad perfecta consiste en soportar los defectos de los demás, en no extrañarse de sus debilidades, en edificarse de los más pequeños actos de virtud que les veamos practicar. Pero, sobre todo, comprendí que la caridad no debe quedarse encerrada en el fondo del corazón». Llevó con espíritu ejemplar las bajas temperaturas del convento: –«he sufrido de frío en el Carmelo hasta morir»–, silenció su horror a determinados insectos, soportó con dulzura acusaciones infundadas sin justificarse, etc. Y cuando veía que su debilidad podía ponerla en grave aprieto faltando a la caridad, huía, haciendo de este gesto una victoria sobre su tendencia dominante. Era la expresión de su oración continua. «Para mí, orar consiste en elevar el corazón, en levantar los ojos al cielo, en manifestar mi gratitud y mi amor lo mismo en el gozo que en la prueba».

Anhelaba el martirio: «Quería Jesús concederme el martirio del corazón o el martirio de la carne; preferiría que me concediera ambos». El primero le fue otorgado. Sin embargo, en un momento dado de su vida expresó: «He llegado a un punto en el que me es imposible sufrir, porque todo sufrimiento es dulce». En 1893 fue designada ayudante de la maestra de novicias. Desconocían que vivía una intensa aridez. Y es que estaba tan centrada en la Eucaristía que era hartamente difícil imaginarlo. Sabía que la vivencia de la virtud sin la gracia de Dios es imposible. Humildemente escribió: «Yo soy un alma minúscula, que solo puede ofrecer pequeñeces a nuestro Señor». Con esas «pequeñeces» iluminó el camino de la perfección y se convirtió en maestra de la infancia espiritual. «La santidad no consiste en esta o la otra práctica, sino en una disposición del corazón que nos hace humildes y pequeños entre los brazos de Dios, conscientes de nuestra flaqueza y confiados hasta la audacia en su bondad de Padre».

En 1894 murió su padre, y a finales de ese año comenzó a escribir la Historia de un alma por indicación de la madre Inés de Jesús, su hermana Paulina. En 1895 se sintió llamada a ofrendarse al amor misericordioso. Poco después experimentó la más alta intensidad del mismo, la «herida de amor». Acogió con entusiasmo la misión de acompañar espiritualmente a Bellière, que se preparaba para ser misionero, y en 1896 la del padre Roulland que se hallaba en misiones en el extranjero. En Semana Santa de ese año sufrió los primeros ataques de hemoptisis, y entró en la «noche de la fe», que perduró hasta el fin de sus días.

En 1897, ya gravemente enferma, la madre María de Gonzaga le indicó que continuase el manuscrito de su vida. El 8 de julio de ese año fue conducida a la enfermería. En el Cuaderno amarillo se constata la inmensa riqueza que continúo legando en el lecho del dolor. Allí entregó su vida el 30 de septiembre, exclamando: «Oh, le amo…». Como vaticinó, tras su partida hizo «caer una lluvia de rosas». Pío XI la beatificó el 29 de abril de 1923, y la canonizó el 17 de mayo de 1925. Juan Pablo II la proclamó doctora de la Iglesia el 19 de octubre de 1997.

9:49:00 a.m.

(ZENIT – Roma).- El primer día del viaje del papa Francisco a Georgia ha concluido con un encuentro con la comunidad católica del rito asirio-caldeo, en la iglesia de san Simón Bar Sabbae en Tbilisi. Se trata de la primera vez que un Papa visita un lugar de culto asiro-caldeo.  A su llegada, el Santo Padre ha sido acogido por el patriarca de Babilonia de los Caldeos, Louis Raphaël Sako, y por el párroco de la iglesia.

A continuación, el papa Francisco ha ido en procesión hacia la capilla del santísimo, entre los fieles de la diáspora asiro-caldea. Y después un canto y una oración en arameo, el Santo Padre ha realizado una oración por la paz.

De este modo, el Pontífice ha recordado que la cruz “nos libra del pecado, origen de toda división y de todo mal” y la Resurrección “rescata al hombre de la esclavitud del fracaso y de la muerte”.  Así, ha pedido: “Señor Jesús, por tu gloriosa pasión, vence la dureza de los corazones, prisioneros del odio y del egoísmo” que arranque “de su condición a las víctimas de la injusticia y de la opresión” ya haga “brillar el triunfo de la vida”.

El Santo Padre también ha pedido a Dios que una a su cruz “los sufrimientos de tantas víctimas inocentes”, “los niños, los ancianos, los cristianos perseguidos”. Y ha pedido por los que “se encuentran profundamente heridos: las personas abusadas, despojadas de su libertad y dignidad”, por los “exiliados, los refugiados y quienes han perdido el gusto por la vida”.

También ha tenido presente en la oración a los “pueblos en guerra”, para que “aprendan el camino de la reconciliación, del diálogo y del perdón”. Del mismo modo ha mencionado a los “pueblos desfallecidos por las bombas”, en concreto por Irak y Siria.  “Sostén a los cristianos de la diáspora y concédeles la unidad de la fe y del amor”, ha pedido el Pontífice.

Para concluir el encuentro, el Santo Padre ha impartido su bendición a los presentes.

En declaraciones a la agencia Fides, el patriarca Sako había indicado que durante el encuentro, le diría al Santo Padre que “esperamos que nos visite próximamente en Irak. Allí necesitamos de su presencia y de su apoyo”.

En el encuentro con el Papa han estado presentes 12 obispos caldeos, veteranos del Sínodo anual que se acaba de celebrar en Erbil, capital del Kurdistán iraquí. Además de los fieles de la comunidad asirio-caldea presente en Georgia, también han recibido al papa Francisco varios grupos de fieles caldeos procedentes de los EE.UU., Francia y Canadá, junto con un grupo de caldeos que actualmente están viviendo con el estado de refugiados, después de abandonar sus hogares ante el avance de los yihadistas del Estado islámico, ha explicado el patriarca.

En Georgia, viven alrededor de 10 mil cristianos pertenecientes a las comunidades caldea y asiria. Sus raíces iniciales en el Cáucaso se remontan a los flujos migratorios que se registraron en la primera mitad del siglo XIX y que se incrementaron a principios del siglo XX, debido a las persecuciones sufridas también por los asirios y caldeos durante la Primera Guerra Mundial. “El encuentro con el Sucesor de Pedro” declara a la agencia Fides el patriarca caldeo, “será un momento fuerte, y lo viviremos para ser confirmados en la fe, en la esperanza y también en la elección de perseverar y permanecer en nuestra tierra martirizada”.

Agencia Catolica

Forma de Contacto

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *

Con tecnología de Blogger.
Javascript DesactivadoPor favor, active Javascript para ver todos los Widgets