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6:18:00 a.m.

VATICANO, 01 Ene. 16 (ACI).-
El Papa Francisco inició 2016 poniendo una tarea: “comenzamos a abrir el corazón, despertando la atención del prójimo” porque esta “es la vía para la conquista de la paz”.

Esta mañana, el Pontífice presidió una Misa en la Basílica de San Pedro por la Solemnidad de Santa María Madre de Dios y después rezó el ángelus desde la ventana del estudio del Palacio Apostólico, donde dio las claves de cómo “conquistar” la paz, puesto que hoy también se celebra la Jornada Mundial por la Paz.

“La paz, que Dios Padre desea sembrar en el mundo, debe ser cultivada por nosotros, pero no solo, porque debe ser también conquistada”, aseguró.

“Esto implica una verdadera lucha, un combate espiritual que tiene lugar en nuestro corazón”, añadió.

El Papa también afirmó que, además de la guerra, también es “enemiga de la paz” la “indiferencia, que hace pensar solo en sí misma y crea barreras, sospechas, miedos y cerrajones”.

En su saludo a los fieles, Francisco felicitó el nuevo año y pidió renovar “el deseo de que aquello que venga sea un poco mejor”. “Es, en el fondo un signo de esperanza que nos anima y nos invita a creer en la vida. Sabemos que con el año nuevo no cambiará todo y que muchos problemas de ayer permanecerán también mañana”.

El Papa, sirviéndose de las lecturas de la liturgia del día, manifestó un deseo: “que el Señor pose la mirada sobre ustedes y que puedan alegrarse, sabiendo que cada día su rostro misericordioso, más radiante que el sol, resplandece sobre ustedes y no desaparece nunca”.

Por tanto, “descubrir el rostro de Dios hace nueva la vida” porque “es un Padre enamorado del hombre, que no se cansa nunca de recomenzar de nuevo con nosotros para renovarnos”.

Sin embargo, Francisco advirtió que Dios “no promete cambios mágicos, Él no usa la varita mágica” sino que “ama cambiar la realidad desde dentro, con paciencia y amor; pide entrar en nuestra vida con delicadeza, como la lluvia en la tierra, para traer fruto”.

En este contexto, el Santo Padre aprovechó para denunciar que “a veces estamos tan inundados de noticias que nos distraemos de la realidad, del hermano y de la hermana que nos necesitan”.

Francisco pidió la ayuda de la Virgen María, “Reina de la Paz, la Madre de Dios” y aprovechó para explicar qué significa lo que dice el Evangelio del día “Y Ella custodiaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón”. “¿De qué se trata?”, preguntó.

“Ciertamente de la alegría por el nacimiento de Jesús, pero también de las dificultades que había encontrado: tuvo que poner a su Hijo en un pesebre porque no había sitio para ellos en la posada y el futuro era muy incierto”.

El Papa dijo que eran también “las esperanzas y las preocupaciones, la gratitud y los problemas: todo aquello que acontecía en la vida se transformaba, en el corazón de María, oración, diálogo con Dios”.

“He aquí el secreto de la Madre de Dios. Y Ella hace así también por nosotros: custodia las alegrías y desata los nudos de nuestra vida, llevándonos al Señor”.

Luego de rezar el ángelus, el Pontífice saludó a los peregrinos que le escuchaban en la Plaza de San Pedro y agradeció las numerosas iniciativas que se celebran hoy con motivo de la Jornada Mundial por la paz.

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— ACI Prensa (@aciprensa) enero 1, 2016

 


6:03:00 a.m.

(RV).- Este viernes 1º de enero, Solemnidad de María Santísima, Madre de Dios y 49ª Jornada Mundial de la Paz, el Papa Francisco presidirá la solemne celebración Eucarística, con el rito de apertura de la Puerta Santa de la Misericordia de la Basílica romana de Santa María la Mayor, a las 5 de la tarde.

La Basílica mariana más antigua de la cristiandad, fue construida en el V siglo después que el Concilio de Éfeso proclamará solemnemente la maternidad divina de María. Aquí se conserva el antiguo Icono bizantino de la Virgen María y el Niño Jesús, la llamada “Salus Populi Romani”, la Protectora del pueblo romano.

(Renato Martinez – RV)

(from Vatican Radio)


5:19:00 a.m.

(RV).- Este viernes 1º de enero, Solemnidad de María Santísima, Madre de Dios y 49ª Jornada Mundial de la Paz, el Papa Francisco presidirá la solemne celebración Eucarística, con el rito de apertura de la Puerta Santa de la Misericordia de la Basílica romana de Santa María la Mayor, a las 5 de la tarde.

La Basílica mariana más antigua de la cristiandad, fue construida en el V siglo después que el Concilio de Éfeso proclamará solemnemente la maternidad divina de María. Aquí se conserva el antiguo Icono bizantino de la Virgen María y el Niño Jesús, la llamada “Salus Populi Romani”, la Protectora del pueblo romano.

(Renato Martinez – RV)


5:03:00 a.m.

(RV).- “Muéstranos el rostro de tu Hijo Jesús, que derrama sobre todo el mundo su misericordia y su paz”, es la oración conclusiva del Papa Francisco en su homilía de la Misa en la Solemnidad de María Santísima, Madre de Dios y 49° Jornada Mundial de la Paz.

«La plenitud de los tiempos» (Gal 4,4)

Comentando el pasaje bíblico de la Carta de San Pablo Apóstol a los Gálatas, el Santo Padre se preguntó: “¿Qué significa el que Jesús nazca en la «plenitud de los tiempos»?”. Si nos fijamos únicamente en el momento histórico, precisó el Pontífice, podemos quedarnos defraudados, ya que para los contemporáneos de Jesús, ese tiempo no era en modo alguno el mejor momento. La plenitud de los tiempos – dijo el Papa – no se define desde una perspectiva geopolítica.

La plenitud de los tiempo es entendida e interpretada desde el punto de vista de Dios, afirmó el Obispo de Roma, por ello, la plenitud de los tiempos tiene lugar en el momento en el que Dios establece que ha llegado la hora de cumplir la promesa que había hecho. Ya que como escribe el autor de la Carta a los Hebreos: «En muchas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a los padres por los profetas. En esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo…» (1,1-3).

La dramática experiencia histórica

“Sin embargo, el Sucesor de Pedro evidenció que, este misterio contrasta siempre con la dramática experiencia histórica. Cada día, aunque deseamos vernos sostenidos por los signos de la presencia de Dios, nos encontramos con signos opuestos, negativos, que nos hacen creer que está ausente. La plenitud de los tiempos parece desmoronarse ante la multitud de formas de injusticia y de violencia que hieren cada día a la humanidad”.

Observando la dramática realidad hodierna y el creciente rió de miseria, alimentado por el pecado, el Papa Francisco se preguntó: ¿Cómo es posible que perdure la opresión del hombre contra el hombre, que la arrogancia del más fuerte continúe humillando al más débil, arrinconándolo en los márgenes más miserables de nuestro mundo? ¿Hasta cuándo la maldad humana seguirá sembrando la tierra de violencia y odio, que provocan tantas víctimas inocentes? ¿Cómo puede ser este un tiempo de plenitud, si ante nuestros ojos muchos hombres, mujeres y niños siguen huyendo de la guerra, del hambre, de la persecución, dispuestos a arriesgar su vida con tal de que se respeten sus derechos fundamentales?

El océano de la Misericordia

“Y, sin embargo, dijo el Santo Padre, este río en crecida nada puede contra el océano de misericordia que inunda nuestro mundo. Todos estamos llamados a sumergirnos en este océano, para dejarnos regenerar para vencer la indiferencia que impide la solidaridad y salir de la falsa neutralidad que obstaculiza el compartir. La gracia de Cristo, agregó el Pontífice, que lleva a su cumplimiento la esperanza de la salvación, nos empuja a cooperar con Él en la construcción de un mundo más justo y fraterno, en el que todas las personas y todas las criaturas puedan vivir en paz, en la armonía de la creación originaria de Dios”.

María, Sede de la Sabiduría

“Al comienzo de un nuevo año, la Iglesia nos hace contemplar la Maternidad de María como icono de la paz. A través de ella, a través de su «sí», puntualizó el Obispo de Roma, ha llegado la plenitud de los tiempos. Ella se nos presenta como un vaso siempre rebosante de la memoria de Jesús, Sede de la Sabiduría, al que podemos acudir para saber interpretar coherentemente su enseñanza, para captar el sentido de los acontecimientos que nos afectan a nosotros, a nuestras familias, a nuestros países y al mundo entero. Donde no puede llegar la razón de los filósofos ni los acuerdos de la política, dijo el Pontífice, llega la fuerza de la fe que lleva la gracia del Evangelio de Cristo, y que siempre es capaz de abrir nuevos caminos a la razón y a los acuerdos”.

Antes de concluir su homilía, el Papa Francisco invocó a la Santísima Virgen María, la Madre de Dios. “Bienaventurada eres tú, María, dijo el Papa, porque has dado al mundo al Hijo de Dios; pero todavía más dichosa por haber creído en él. Derrama sobre nosotros tu bendición en este día consagrado a ti; muéstranos el rostro de tu Hijo Jesús, que derrama sobre todo el mundo su misericordia y su paz”.

(Renato Martinez – Radio Vaticano)

(from Vatican Radio)


4:19:00 a.m.

(RV).- “Muéstranos el rostro de tu Hijo Jesús, que derrama sobre todo el mundo su misericordia y su paz”, es la oración conclusiva del Papa Francisco en su homilía de la Misa en la Solemnidad de María Santísima, Madre de Dios y 49° Jornada Mundial de la Paz.

«La plenitud de los tiempos» (Gal 4,4)

Comentando el pasaje bíblico de la Carta de San Pablo Apóstol a los Gálatas, el Santo Padre se preguntó: “¿Qué significa el que Jesús nazca en la «plenitud de los tiempos»?”. Si nos fijamos únicamente en el momento histórico, precisó el Pontífice, podemos quedarnos defraudados, ya que para los contemporáneos de Jesús, ese tiempo no era en modo alguno el mejor momento. La plenitud de los tiempos – dijo el Papa – no se define desde una perspectiva geopolítica.

La plenitud de los tiempo es entendida e interpretada desde el punto de vista de Dios, afirmó el Obispo de Roma, por ello, la plenitud de los tiempos tiene lugar en el momento en el que Dios establece que ha llegado la hora de cumplir la promesa que había hecho. Ya que como escribe el autor de la Carta a los Hebreos: «En muchas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a los padres por los profetas. En esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo…» (1,1-3).

La dramática experiencia histórica

“Sin embargo, el Sucesor de Pedro evidenció que, este misterio contrasta siempre con la dramática experiencia histórica. Cada día, aunque deseamos vernos sostenidos por los signos de la presencia de Dios, nos encontramos con signos opuestos, negativos, que nos hacen creer que está ausente. La plenitud de los tiempos parece desmoronarse ante la multitud de formas de injusticia y de violencia que hieren cada día a la humanidad”.

Observando la dramática realidad hodierna y el creciente rió de miseria, alimentado por el pecado, el Papa Francisco se preguntó: ¿Cómo es posible que perdure la opresión del hombre contra el hombre, que la arrogancia del más fuerte continúe humillando al más débil, arrinconándolo en los márgenes más miserables de nuestro mundo? ¿Hasta cuándo la maldad humana seguirá sembrando la tierra de violencia y odio, que provocan tantas víctimas inocentes? ¿Cómo puede ser este un tiempo de plenitud, si ante nuestros ojos muchos hombres, mujeres y niños siguen huyendo de la guerra, del hambre, de la persecución, dispuestos a arriesgar su vida con tal de que se respeten sus derechos fundamentales?

El océano de la Misericordia

“Y, sin embargo, dijo el Santo Padre, este río en crecida nada puede contra el océano de misericordia que inunda nuestro mundo. Todos estamos llamados a sumergirnos en este océano, para dejarnos regenerar para vencer la indiferencia que impide la solidaridad y salir de la falsa neutralidad que obstaculiza el compartir. La gracia de Cristo, agregó el Pontífice, que lleva a su cumplimiento la esperanza de la salvación, nos empuja a cooperar con Él en la construcción de un mundo más justo y fraterno, en el que todas las personas y todas las criaturas puedan vivir en paz, en la armonía de la creación originaria de Dios”.

María, Sede de la Sabiduría

“Al comienzo de un nuevo año, la Iglesia nos hace contemplar la Maternidad de María como icono de la paz. A través de ella, a través de su «sí», puntualizó el Obispo de Roma, ha llegado la plenitud de los tiempos. Ella se nos presenta como un vaso siempre rebosante de la memoria de Jesús, Sede de la Sabiduría, al que podemos acudir para saber interpretar coherentemente su enseñanza, para captar el sentido de los acontecimientos que nos afectan a nosotros, a nuestras familias, a nuestros países y al mundo entero. Donde no puede llegar la razón de los filósofos ni los acuerdos de la política, dijo el Pontífice, llega la fuerza de la fe que lleva la gracia del Evangelio de Cristo, y que siempre es capaz de abrir nuevos caminos a la razón y a los acuerdos”.

Antes de concluir su homilía, el Papa Francisco invocó a la Santísima Virgen María, la Madre de Dios. “Bienaventurada eres tú, María, dijo el Papa, porque has dado al mundo al Hijo de Dios; pero todavía más dichosa por haber creído en él. Derrama sobre nosotros tu bendición en este día consagrado a ti; muéstranos el rostro de tu Hijo Jesús, que derrama sobre todo el mundo su misericordia y su paz”.

(Renato Martinez – Radio Vaticano)


4:18:00 a.m.

VATICANO, 01 Ene. 16 (ACI).-
El Papa Francisco presidió hoy la Misa por la Solemnidad de Santa María Madre de Dios –en este día la Iglesia celebra también la Jornada Mundial por la Paz–, y señaló que “a través de ella, a través de su «sí», ha llegado la plenitud de los tiempos”. “Ella se nos presenta como un vaso siempre rebosante de la memoria de Jesús, Sede de la Sabiduría, al que podemos acudir para saber interpretar coherentemente su enseñanza”, añadió.

Por otro lado, aseguró que la venida de Dios al mundo “permite a la historia alcanzar su plenitud” que es “la presencia en nuestra historia del mismo Dios en persona”.

El Pontífice se preguntó también: “¿Hasta cuándo la maldad humana seguirá sembrando la tierra de violencia y odio, que provocan tantas víctimas inocentes?”. “Un río de miseria, alimentado por el pecado, parece contradecir la plenitud de los tiempos realizada por Cristo. Y, sin embargo, este río en crecida nada puede contra el océano de misericordia que inunda nuestro mundo”.

El Papa afirmó que “todos estamos llamados a sumergirnos en este océano, a dejarnos regenerar para vencer la indiferencia que impide la solidaridad y salir de la falsa neutralidad que obstaculiza el compartir”.

A continuación, el texto completo de la homilía del Papa Francisco:

Hemos escuchado las palabras del apóstol Pablo: «Cuando llegó la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer» (Ga 4,4).

¿Qué significa el que Jesús nazca en la «plenitud de los tiempos»? Si nos fijamos únicamente en el momento histórico, podemos quedarnos pronto defraudados. Roma dominaba con su potencia militar gran parte del mundo conocido. El emperador Augusto había llegado al poder después de haber combatido cinco guerras civiles. También Israel había sido conquistado por el Imperio Romano y el pueblo elegido carecía de libertad. Para los contemporáneos de Jesús, por tanto, ese no era en modo alguno el mejor momento. La plenitud de los tiempos no se define desde una perspectiva geopolítica.

Se necesita, pues, otra interpretación, que entienda la plenitud desde el punto de vista de Dios. Para la humanidad, la plenitud de los tiempos tiene lugar en el momento en el que Dios establece que ha llegado la hora de cumplir la promesa que había hecho. Por tanto, no es la historia la que decide el nacimiento de Cristo; es más bien su venida en el mundo la que permite a la historia alcanzar su plenitud. Por esta razón, el nacimiento del Hijo de Dios señala el comienzo de una nueva era en la que se cumple la antigua promesa. Como escribe el autor de la Carta a los Hebreos: «En muchas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a los padres por los profetas. En esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha ido realizando las edades del mundo. Él es reflejo de su gloria, impronta de su ser. Él sostiene el universo con su palabra poderosa» (1,1-3). La plenitud de los tiempos es, pues, la presencia en nuestra historia del mismo Dios en persona. Ahora podemos ver su gloria que resplandece en la pobreza de un establo, y ser animados y sostenidos por su Verbo que se ha hecho «pequeño» en un niño. Gracias a él, nuestro tiempo encuentra su plenitud.

Sin embargo, este misterio contrasta siempre con la dramática experiencia histórica. Cada día, aunque deseamos vernos sostenidos por los signos de la presencia de Dios, nos encontramos con signos opuestos, negativos, que nos hacen creer que está ausente. La plenitud de los tiempos parece desmoronarse ante la multitud de formas de injusticia y de violencia que hieren cada día a la humanidad. A veces nos preguntamos: ¿Cómo es posible que perdure la opresión del hombre contra el hombre, que la arrogancia del más fuerte continúe humillando al más débil, arrinconándolo en los márgenes más miserables de nuestro mundo? ¿Hasta cuándo la maldad humana seguirá sembrando la tierra de violencia y odio, que provocan tantas víctimas inocentes? ¿Cómo puede ser este un tiempo de plenitud, si ante nuestros ojos muchos hombres, mujeres y niños siguen huyendo de la guerra, del hambre, de la persecución, dispuestos a arriesgar su vida con tal de que se respeten sus derechos fundamentales? Un río de miseria, alimentado por el pecado, parece contradecir la plenitud de los tiempos realizada por Cristo.

Y, sin embargo, este río en crecida nada puede contra el océano de misericordia que inunda nuestro mundo. Todos estamos llamados a sumergirnos en este océano, a dejarnos regenerar para vencer la indiferencia que impide la solidaridad y salir de la falsa neutralidad que obstaculiza el compartir. La gracia de Cristo, que lleva a su cumplimiento la esperanza de la salvación, nos empuja a cooperar con él en la construcción de un mundo más justo y fraterno, en el que todas las personas y todas las criaturas puedan vivir en paz, en la armonía de la creación originaria de Dios. Al comienzo de un nuevo año, la Iglesia nos hace contemplar la Maternidad de María como icono de la paz. La promesa antigua se cumple en su persona. Ella ha creído en las palabras del ángel, ha concebido al Hijo, se ha convertido en la Madre del Señor. A través de ella, a través de su «sí», ha llegado la plenitud de los tiempos. El Evangelio que hemos escuchado dice: «Conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón» (Lc 2,19). Ella se nos presenta como un vaso siempre rebosante de la memoria de Jesús, Sede de la Sabiduría, al que podemos acudir para saber interpretar coherentemente su enseñanza. Hoy nos ofrece la posibilidad de captar el sentido de los acontecimientos que nos afectan a nosotros personalmente, a nuestras familias, a nuestros países y al mundo entero. Donde no puede llegar la razón de los filósofos ni los acuerdos de la política, llega la fuerza de la fe que lleva la gracia del Evangelio de Cristo, y que siempre es capaz de abrir nuevos caminos a la razón y a los acuerdos.

Bienaventurada eres tú, María, porque has dado al mundo al Hijo de Dios; pero todavía más dichosa por haber creído en él. Llena de fe has concebido a Jesús antes en tu corazón que en tu seno, para hacerte Madre de todos los creyentes (cf. San Agustín, Sermón 215, 4). Derrama sobre nosotros tu bendición en este día consagrado a ti; muéstranos el rostro de tu Hijo Jesús, que derrama sobre todo el mundo su misericordia y su paz.

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— ACI Prensa (@aciprensa) enero 1, 2016

 


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