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5:48:00 a.m.
Roma – El compromiso con los discapacitados mentales, inspirandose en la Madre Teresa, no sólo ha dado un cambio a su vida, sino que le ha allanado el camino de la fe, hasta ahora desconocida, que la ha llevado al bautismo y a asumir el nombre cristiano de Teresa, en homenaje a la Beata Teresa de Calcuta. Es la experiencia de Teresa Meng Weina, fundadora y presidente de Huiling , una organización no gubernamental china que el 20 de octubre ha sido galardonada con el Premio Internacional Vittorino Colombo.

Cuando el 1 de septiembre d 1985 Zhiling, hoy Huiling, abrió su primera escuela para 96 niños con discapacidades mentales - recuerda la fundadora - la noticia tuvo un gran impacto social y encontró amplia resonancia en el mundo de los medios de comunicación y entre las autoridades locales. Teresa Meng Weina y sus amigos eran “los pioneros en el campo del trabajo social en China”, y los primeros miembros de una realidad no gubernamental en hacer frente a este grupo social. Hoy, después de numerosas dificultades y obstáculos en casi 30 años, “con la ayuda del Espíritu Santo”, dice la fundadora, Huiling cuenta con más de un centenar de centros en las 13 ciudades principales de China, con cerca de 300 operadores que asisten a más de un millar de personas con discapacidad, y ha dado lugar a una red de Internet que permite a miles de personas con discapacidad conectarse entre sí todos los días. Huiling es considerado por las autoridades gubernamentales el modelo para el servicios social chino y para las otras Ong.

“En el contexto actual de China, donde un número creciente de personas caen presa de la depresión, seguimos teniendo muchas solicitudes de asistencia - dice Teresa Meng Weina en una entrevista concedida a Fides -. En el futuro vamos a seguir mejorando nuestro trabajo, con el objetivo de concienciar a la sociedad sobre las personas con discapacidad mental, para ofrecer un mejor servicio a nuestros huéspedes y sostener el desarrollo continuo de Huiling”.

Link correlati :El texto completo dell’intervista a Teresa Meng Weina, in italiano

5:35:00 a.m.
(RV).-(audio) La dignidad y los derechos de las personas son una prioridad de la sociedad y deben ser reconocidos, respetados, protegidos y promovidos por la propia sociedad", porque" donde la justicia regula las relaciones humanas y se interesa por la dignidad de cada persona, allí prevalece la paz“.



Son palabras del cardenal Peter Turkson, presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz, durante una lectio magistralis celebrada en Jerusalén, en la Facultad de Teología de la Universidad Salesiana, en el 50 aniversario de la encíclica Pacem in Terris, del beato Juan XXIII.

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“No es solamente la ausencia de guerra, sino la protección de la dignidad y los derechos de la persona humana”: es esta la paz en el sentido pleno del término y como se describe en la Pacem in Terris.



En su larga lección, el cardenal -también él estudiante en Jerusalén en 1977- hizo hincapié que el título de la encíclica del Papa Roncalli hace referencia al versículo del Evangelio de Lucas: "¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad ", que significa que "la paz es un don de Dios para todos los hombres, porque Dios ama a todos, y ese don se convierte en una realidad sólo para aquellos que lo aceptan ", y que "respetan lo establecido por Dios ".



El cardenal Turkson se centró después en las distintas secciones de la encíclica del Papa Roncalli, destacando algunos conceptos fundamentales: la necesidad de eliminar la discriminación entre hombres; la tutela de la libertad por parte de las autoridades, porque "todo poder debería perseguir el bien común y proteger a los débiles"; la confianza entre los Estados que implica la aplicación de los tratados internacionales; detener la corrupción; el respeto de la ley y las sanciones adecuadas para violaciones. "La autoridad política -señaló el cardenal- si está orientada hacia el bien común universal, debe necesariamente basarse en la dignidad de la persona humana como un ser libre, de derechos y deberes." Por esta razón, agregó, "la paz debe basarse en cuatro pilares: la verdad, la justicia, el amor y la libertad", que representa "la base para el desarrollo armónico y la solidaridad entre los pueblos."



En la última parte de su conferencia, el purpurado destacó el vínculo entre Juan XXIII y el Papa Francisco, subrayando los llamamientos del actual Pontífice a "construir la paz, para construir puentes" para poner fin a las injusticias y las desigualdades en el mundo. "Para explorar nuevas fronteras de la paz -concluyó el cardenal Turkson- un buen lugar para comenzar es en nosotros mismos". En la jornada de este viernes, 1 de noviembre, el presidente del dicasterio vaticano para la Justicia y la Paz asistirá a la manifestación "viñedos por minas" evento, creado por la organización humanitaria "Raíces de la Paz", que ha estado trabajando para recuperar tierras minadas, convirtiéndolas de nuevo en zonas agrícolas. Los eventos tendrán lugar en dos localidades: el lugar del bautismo de Jesús, a lo largo del río Jordán, y en la aldea de Husan, cerca de Belén.

ER RV



October 31, 2013 at 06:03AM

5:30:00 a.m.
(RV).- (Con audio) RealAudio MP3 El Papa Francisco celebró esta mañana la Misa en la Basílica de San Pedro, en el altar donde se custodia la tumba del Beato Juan Pablo II. Ante la presencia de un centenar de sacerdotes y varios fieles, el Pontífice comentó las lecturas del día, a saber, la Carta de San Pablo a los Romanos en la que el Apóstol de los gentiles habla de su amor por Cristo y el pasaje del Evangelio de San Lucas en el que Jesús llora por Jerusalén que no ha comprendido que Él la ama.

“Nadie pude alejarme del amor de Cristo”. El Papa comenzó con esta certidumbre de Pablo, es decir, que “el Señor le había cambiado la vida” y a partir de ese momento “este amor del Señor” es el centro de su vida. “En las persecuciones, en las enfermedades, en las traiciones” y en todo lo que ha vivido o podrá suceder, ya nada de eso podrá alejarlo del amor de Cristo:


“Era precisamente el centro de su vida, el punto de referencia: el amor de Cristo. Y sin el amor de Cristo, sin vivir de este amor, sin reconocerlo, sin alimentarse de este amor, no se puede ser cristiano: el cristiano, el que se siente mirado por el Señor, con esa mirada tan bella, amado por el Señor y amado hasta el final; siente... El cristiano siente que su vida ha sido salvada por la sangre de Cristo. Y esto hace el amor: esta relación de amor”.


Después está la imagen de la “tristeza de Jesús, cuando mira Jerusalén” que no ha comprendido su amor y que lo compara al de una clueca que quiere proteger a los pollitos bajo sus alas:


“No ha comprendido la ternura de Dios, con esa imagen tan bella, que dice Jesús. No comprender el amor de Dios: lo contrario de lo que sentía Pablo. Pero sí, Dios me ama, Dios nos ama, pero es una cosa abstracta, es una cosa que no me toca el corazón y yo me las arreglo en la vida como puedo. Allí no hay fidelidad. Y el llanto del corazón de Jesús por Jerusalén es Éste: “Jerusalén, tú no te has dejado amar; y tú te has encomendado a tantos ídolos, que te prometían todo, te decían que te daban todo, y después te han abandonado”. El corazón de Jesús, el sufrimiento del amor de Jesús: un amor no aceptado, no recibido”.


El Papa invitó a reflexionar sobre estos dos iconos: “el de Pablo que permanece fiel al amor de Jesús hasta el final” y en este amor, él que “se siente débil, se siente pecador”, “encuentra la fuerza para ir hacia adelante, para soportar todo”. Mientras, por otra parte, está Jerusalén, el pueblo infiel, “que no acepta el amor de Jesús, o peor aún” que “vive este amor pero a medias: un poco sí, un poco no, según sus propias conveniencias”:


“Miremos la fidelidad de Pablo y la infidelidad de Jerusalén y en el centro miremos a Jesús, su corazón, que nos ama tanto. ¿Qué podemos hacer de esto? La pregunta: ¿yo me parezco más a Pablo o a Jerusalén? ¿Mi amor a Dios es tan fuerte como el de Pablo o mi corazón es un corazón tibio como el de Jerusalén? Que el Señor, por intercesión del Beato Juan Pablo II, nos ayude a responder a esta pregunta. ¡Así sea!”.


(María Fernanda Bernasconi – RV).



5:30:00 a.m.
(RV).-(audio) RealAudio MP3 La dignidad y los derechos de las personas son una prioridad de la sociedad y deben ser reconocidos, respetados, protegidos y promovidos por la propia sociedad", porque" donde la justicia regula las relaciones humanas y se interesa por la dignidad de cada persona, allí prevalece la paz“.

Son palabras del cardenal Peter Turkson, presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz, durante una lectio magistralis celebrada en Jerusalén, en la Facultad de Teología de la Universidad Salesiana, en el 50 aniversario de la encíclica Pacem in Terris, del beato Juan XXIII.

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“No es solamente la ausencia de guerra, sino la protección de la dignidad y los derechos de la persona humana”: es esta la paz en el sentido pleno del término y como se describe en la Pacem in Terris.


En su larga lección, el cardenal -también él estudiante en Jerusalén en 1977- hizo hincapié que el título de la encíclica del Papa Roncalli hace referencia al versículo del Evangelio de Lucas: "¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad ", que significa que "la paz es un don de Dios para todos los hombres, porque Dios ama a todos, y ese don se convierte en una realidad sólo para aquellos que lo aceptan ", y que "respetan lo establecido por Dios ".


El cardenal Turkson se centró después en las distintas secciones de la encíclica del Papa Roncalli, destacando algunos conceptos fundamentales: la necesidad de eliminar la discriminación entre hombres; la tutela de la libertad por parte de las autoridades, porque "todo poder debería perseguir el bien común y proteger a los débiles"; la confianza entre los Estados que implica la aplicación de los tratados internacionales; detener la corrupción; el respeto de la ley y las sanciones adecuadas para violaciones. "La autoridad política -señaló el cardenal- si está orientada hacia el bien común universal, debe necesariamente basarse en la dignidad de la persona humana como un ser libre, de derechos y deberes." Por esta razón, agregó, "la paz debe basarse en cuatro pilares: la verdad, la justicia, el amor y la libertad", que representa "la base para el desarrollo armónico y la solidaridad entre los pueblos."


En la última parte de su conferencia, el purpurado destacó el vínculo entre Juan XXIII y el Papa Francisco, subrayando los llamamientos del actual Pontífice a "construir la paz, para construir puentes" para poner fin a las injusticias y las desigualdades en el mundo. "Para explorar nuevas fronteras de la paz -concluyó el cardenal Turkson- un buen lugar para comenzar es en nosotros mismos". En la jornada de este viernes, 1 de noviembre, el presidente del dicasterio vaticano para la Justicia y la Paz asistirá a la manifestación "viñedos por minas" evento, creado por la organización humanitaria "Raíces de la Paz", que ha estado trabajando para recuperar tierras minadas, convirtiéndolas de nuevo en zonas agrícolas. Los eventos tendrán lugar en dos localidades: el lugar del bautismo de Jesús, a lo largo del río Jordán, y en la aldea de Husan, cerca de Belén.

ER RV



5:30:00 a.m.
(RV).- (con audio) RealAudio MP3 El Secretario de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada, Mons. José Rodríguez Carballo, destacó la importancia de impulsar y mejorar la formación para la fidelidad y perseverancia vocacional, afrontando las causas fundamentales que llevan al abandono en la vida consagrada y religiosa. En la Jornada de Estudio y Reflexión sobre «Fidelidad y perseverancia vocacional en una cultura de lo provisorio» - en su intervención titulada «Fragilidad vocacional: ¿cuál es la responsabilidad para los institutos de vida consagrada?» - hizo hincapié en que si bien es elevado el número de abandonos, son muchos los que permanecen fieles.

En lo que respecta a las causas, explicó que son tres: debilidad de la vida espiritual; falta de sentido de pertenencia a la propia orden o instituto y causas afectivas. Mons. Rodríguez Carballo destaca ante nuestros micrófonos que la base de las mismas es la crisis de fe. La Jornada de Estudio, que se celebró este martes, estaba organizada por la Pontificia Universidad Antonianum, a cargo de los Frailes Menores Franciscanos. La entrevista es de Alberto Goroni.


(CdM - RV)



5:18:00 a.m.
Sadad – “Lo que ha ocurrido en Sadad es la masacre de cristianos más grave y más grande que ha tenido lugar en Siria desde hace dos años y medio” lo dice el Arzobispo Selwanos Boutros Alnemeh, Metropolita sirio ortodoxo de Homs y Hama, a la Agencia Fides, ilustrando el trágico balance de víctimas mortales en la pequeña ciudad cristiana de Sadad, invadida por las milicias islamistas hace una semana y recuperada por el ejército sirio. “Los civiles inocentes fueron martirizados sin ninguna razón, son 45, entre ellos varias mujeres y niños, muchos arrojados a fosas comunes. Otros civiles han sido amenazados y aterrorizados.

Los heridos son 30 y las personas desaparecidas siguen siendo 10. Durante una semana, 1.500 familias han sido mantenidas como rehenes y escudos humanos. Entre ellos niños, ancianos, jóvenes, hombres y mujeres. Algunos de ellos huyeron a pie recorriendo los 8 km de Sadad a Al-Hafer para encontrar refugio. Alrededor de 2.500 familias huyeron de Sadad, llevando sólo la ropa que tenían puesta, debido a la irrupción de los grupos armados y hoy son refugiados dispersos entre Damasco, Homs, Fayrouza, Zaydal, Maskane y Al-Fhayle”.

El arzobispo continúa mostrando toda su amargura: “En la ciudad que carece por completo de electricidad, agua y teléfono. En todas las casas de Sadad se ha robado y saqueado.

Las iglesias están dañadas y profanadas, privadas de libros antiguos y muebles preciosos, manchadas con escritos en contra del cristianismo. Las escuelas, edificios gubernamentales, edificios municipales han sido destruidos, junto con la oficina de correos, el hospital y la clínica. A los niños de Sadad se les ha robado el futuro. Muchos hogares no podrán ser reconstruidos”.

“Lo que ha pasado en Sadad - dice - es la mayor masacre de cristianos en Siria y la segunda en Oriente Medio, después de la de la Iglesia de Nuestra Señora de la Salvación en Iraq, en 2010”.

El Arzobispo Selwanos Boutros Alnemeh concluye diciendo: “Hemos gritado pidiendo ayuda al mundo entero, pero nadie nos ha escuchado. ¿Dónde está la conciencia cristiana? ¿Dónde está la conciencia humana? ¿Dónde están mis hermanos? Pienso en todos los que están sufriendo hoy el luto y el dolor: Tengo un nudo en la garganta y me duele el corazón por lo que ha pasado en mi Archidiócesis. ¿Cuál será nuestro futuro? Pedimos a todos que oren por nosotros”.

Sadad es una pequeña ciudad de 15.000 habitantes, en su mayoría cristianos sirio ortodoxos, ubicada a 160 km al norte de Damasco. Tiene 14 iglesias y un monasterio con cuatro sacerdotes. La ciudad había estado hasta ahora al margen del conflicto.

Agencia Catolica

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