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5:49:00 a.m.
Agenzia Fides Phnom Penh – En las guarderías de las islas y de las zonas remotas de Camboya, donde la Onlus Centro Cooperación Desarrollo, CCS Italia, está comprometida con el bienestar de los niños, los comedores escolares cuentan con la ayuda de los padres en la preparación de las comidas. Después de la distribución de alimentos en las escuelas preescolares, la organización sin fines de lucro ha involucrado a los padres para asegurar una mejor calidad de las comidas servidas a los niños, pero también para permitir el desarrollo de un mayor sentido de participación en los familiares, que de esta manera se convierten días tras día en más conscientes de la importancia de hacer asistir a la guardería a sus hijos. Es lo que se lee en un comunicado enviado a la Agencia Fides por CCS Italia. Para garantizar una alimentación de alta calidad, las comidas se planifican de acuerdo con un programa nutricional equilibrado y su preparación, incluso cuando la realizan los cocineros, cuenta con la participación de los padres y de la comunidad. Los alimentos no perecederos se compran en grandes cantidades y se entregan en el lugar, mientras que las verduras y la carne se compran directamente de la aldea.

5:49:00 a.m.
Agenzia Fides Lahore – Cuatro cristianos acusados y arrestados por supuesta blasfemia corren peligro de ser asesinados en una ejecución extrajudicial. Según la información de la Agencia Fides, el pastor protestante Aftab Gill, Unatan Gill y otros dos cristianos actualmente detenidos en la prisión central de Punjab, deben comparecer ante el tribunal el 16 de octubre, pero el tribunal se ha negado a proporcionarles una escolta. Los familiares temen que, durante el traslado, puedan ser asesinados por los radicales.
Los cuatro están acusados de insultar al Islam con la publicación, en ocasión de un funeral, de algunos carteles en los que utilizaban la palabra “rasool” , que es un atributo del Profeta Mahoma . Hace un mes, el tribunal denegó su puesta en libertad a los cristianos, concediendo la libertad bajo fianza al musulmán de la imprenta que realizó los carteles. En su instancia, afirma la Ong CLAAS , “el juez no fue imparcial porque el término 'rasool' se encuentra en la Biblia en urdu y los cristianos no tenía intención blasfema”.
Imtiaz Shakir, abogado musulmán que defiende a los cristianos en el tribunal, ha dicho a Fides: “El proceso es pura locura, se está abusando de la palabra 'rasool', que en urdu significa mensajero. La acusación es absurda, todo el sistema está sesgado, las autoridades locales están buscando una oportunidad para otro homicidio extrajudicial”. “Mi religión – continúa Shakir - no me permite aprobar tal injusticia: estas personas inocentes están sufriendo a causa de una mala interpretación del Islam. Este es un fracaso del sistema judicial y un abuso de poder. No sólo los cristianos, sino todos los ciudadanos paquistaníes que creen en el estado de derecho y en la justicia debe hablar para defender a estos inocentes”.

5:34:00 a.m.
Agencia Zenit

El Papa en Sta. Marta: el cristiano no debe perder la nostalgia de Dios

En la homilía de este jueves, el Santo Padre reflexiona sobre la sustancia de la identidad de un cristiano 

Ciudad del Vaticano, 01 de octubre de 2015 (ZENIT.org) Redacción | 0 hits

Un cristiano nunca debe dejar de sentir la nostalgia de Dios, sino, nuestro corazón no puede hacer fiesta. Así lo aseguró el santo padre Francisco en la homilía de la misa celebrada en Santa Marta este jueves, en la que también recordó que la alegría del Señor es nuestra fuerza, en Él encontramos nuestra identidad.

El pueblo de Israel, tras largos años de deportación, vuelve a Jerusalén. El papa Francisco tomó como referencia la primera lectura, del libro de Nehemías, para ofrecer una reflexión sobre la sustancia de la identidad de un cristiano.

Así, señaló que, también en los años de Babilonia, el pueblo siempre recordaba la patria. Y después de muchos años, llegó finalmente el día del regreso, de la reconstrucción de Jerusalén y pide al escriba Esdras leer delante del pueblo el Libro de la Ley. El pueblo estaba feliz: “estaba alegre pero lloraba, y escuchaba la Palabra de Dios; tenía alegría, pero también llanto, todo junto”.

¿Cómo se explica esto?, se preguntó el Papa durante la homilía. Simplemente, “este pueblo no solo había encontrado su ciudad, la ciudad donde había nacido, la ciudad de Dios, este pueblo al escuchar la Ley, encontró su identidad, y por esto estaba feliz y lloraba”, explicó.

De este modo, Francisco prosiguió: “pero lloraba de alegría, alegría porque había encontrado su identidad, había reencontrado esa identidad que con los años de deportación se había perdido un poco. Un largo camino este. ‘No estéis tristes --dice Nehemías-- pues el gozo en el Señor es vuestra fortaleza’. Es la alegría que da el Señor cuando encontramos nuestra identidad. Y nuestra identidad se pierde en el camino, se pierde en tantas deportaciones o auto-deportaciones nuestras, cuando hacemos un nido aquí, un nido allí, un nido... y no en la casa del Señor. Encontrar la propia identidad”.

A propósito, el Papa se preguntó de qué forma se puede encontrar la propia identidad. “Cuando has perdido lo que era tuyo, tu casa, lo que era propio tuyo, te viene la nostalgia y esa nostalgia se lleva de nuevo a tu casa”, indicó Francisco. Y este pueblo --añadió-- con esta nostalgia, ha sentido que era feliz y lloraba de felicidad por esto, porque la nostalgia de la propia identidad le había llevado a encontrarla. Una gracia de Dios.

El Pontífice dio un ejemplo: “si nosotros estamos lleno de comida, no tenemos hambre. Si estamos cómodos, tranquilos donde estamos, no necesitamos ir a otro sitio. Y yo me pregunto, y estaría bien que todos nosotros nos preguntáramos hoy: ‘¿estoy tranquilo, contento, no necesito nada --hablo espiritualmente-- en mi corazón? ¿Se me ha apagado la nostalgia?’”

De este modo, invitó a mirar a este pueblo feliz, que lloraba y estaba alegre. “Un corazón que no tiene nostalgia, no conoce la alegría. Y la alegría, precisamente, es nuestra fuerza: la alegría de Dios. Un corazón que no sabe qué es la nostalgia, no puede hacer fiesta. Y todo este camino que comenzó desde hace años termina en una fiesta”.

Finalmente, el Obispo de Roma observó que el pueblo exultó con gran alegría porque había “entendido las palabras que habían sido proclamadas. Habían encontrado lo que la nostalgia les hacía sentir e ir adelante”. Por ello, invitó al concluir la homilía a preguntarnos cómo es nuestra nostalgia de Dios: “¿estamos contentos, estamos felices así, o todos los días tenemos este deseo de ir adelante?” Que el Señor --dijo Francisco-- nos dé la gracia. Que nunca, nunca, nunca, se apague en nuestro corazón la nostalgia de Dios.



 

5:34:00 a.m.
Agencia Zenit

El Papa: No reducir a los inmigrantes solo en 'regulares' o 'irregulares'

Resumen del texto. En el mensaje de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2016, el Papa pide hacer de la integración una experiencia enriquecedora y prevenir de la discriminación, racismo, nacionalismo extremo o de la xenofobia

Ciudad del Vaticano, 01 de octubre de 2015 (ZENIT.org) Rocío Lancho García | 0 hits

La Sala de Prensa de la Santa Sede dio a conocer este jueves el mensaje del papa Francisco con motivo de la Jornada mundial del inmigrante y refugiado 2016, que se celebrará el 17 de enero de 2016 y que lleva por título: "Migrantes y refugiados nos interpelan. La respuesta del Evangelio de la Misericordia".

"Cada vez con mayor frecuencia, las víctimas de la violencia y de la pobreza, abandonando sus tierras de origen, sufren el ultraje de los traficantes de personas humanas en el viaje hacia el sueño de un futuro mejor" indica el Santo Padre 

Y recuerda en el texto, que los flujos migratorios están en continuo aumento en todas las áreas del planeta. Y si después de sufrir ese ultraje de los traficantes,  sobreviven a los abusos y a las adversidades, “deben hacer cuentas con realidades donde se anidan sospechas y temores”.

Además, observa el Pontífice, “no es raro que se encuentren con falta de normas claras y que se puedan poner en práctica, que regulen la acogida y prevean vías de integración a corto y largo plazo, con atención a los derechos y a los deberes de todos”.

Por ello, Francisco asegura que “el Evangelio de la misericordia interpela a las conciencias, impide que se habitúen al sufrimiento del otro e indica caminos de respuesta que se fundan en las virtudes teologales de la fe, de la esperanza y de la caridad, desplegándose en las obras de misericordia espirituales y corporales”.

Es importante mirar a los emigrantes --pide el Santo Padre-- no solamente en función de su condición de regularidad o de irregularidad, sino sobre todo como personas que, tuteladas en su dignidad, pueden contribuir al bienestar y al progreso de todos, de modo particular cuando asumen responsablemente los deberes en relación con quien los acoge, respetando con reconocimiento el patrimonio material y espiritual del país que los hospeda, obedeciendo sus leyes y contribuyendo a sus gastos.

Asimismo, indica que “los flujos migratorios son una realidad estructural y la primera cuestión que se impone, es la superación de la fase de emergencia para dar espacio a programas que consideren las causas de las migraciones, de los cambios que se producen y de las consecuencias que imprimen rostros nuevos a las sociedades y a los pueblos”.

Sin embargo, tal y como advierte Francisco, todos los días “las historias dramáticas de millones de hombres y mujeres interpelan a la Comunidad internacional, ante la aparición de inaceptables crisis humanitarias en muchas zonas del mundo”. La indiferencia y el silencio --asegura-- abren el camino a la complicidad cuanto vemos como espectadores a los muertos por sofocamiento, penurias, violencias y naufragios. “Sea de grandes o pequeñas dimensiones, siempre son tragedias cuando se pierde aunque sea sólo una vida”, indica el Santo Padre.

En esta misma línea, señala que las sociedades que acogen “deben afrontar los nuevos hechos, que pueden verse como imprevistos si no son adecuadamente motivados, administrados y regulados”. Por esta razón, el Papa se pregunta “¿Cómo hacer de modo que la integración sea una experiencia enriquecedora para ambos, que abra caminos positivos a las comunidades y prevenga el riesgo de la discriminación, del racismo, del nacionalismo extremo o de la xenofobia?”

Por otro lado, tal y como asegura el Pontífice latinoamericano, “muchas instituciones, asociaciones, movimientos, grupos comprometidos, organismos diocesanos, nacionales e internacionales viven el asombro y la alegría de la fiesta del encuentro, del intercambio y de la solidaridad”.

Y sin embargo, “no cesan de multiplicarse los debates sobre las condiciones y los límites que se han de poner a la acogida, no sólo en las políticas de los Estados, sino también en algunas comunidades parroquiales que ven amenazada la tranquilidad tradicional”.

A propósito, el Santo Padre asegura que cada uno de nosotros es responsable de su prójimo. “Somos custodios de nuestros hermanos y hermanas, donde quiera que vivan”, advierte.  El cuidar las buenas relaciones personales y la capacidad de superar prejuicios y miedos --añade en el mensaje-- son ingredientes esenciales para cultivar la cultura del encuentro, donde se está dispuesto no sólo a dar, sino también a recibir de los otros.              

De este modo, prosigue afirmando que “la Iglesia apoya a todos los que se esfuerzan por defender los derechos de todos a vivir con dignidad, en particular ejerciendo el derecho a no tener que emigrar para contribuir al desarrollo del país de origen”. Y añade que “es necesario evitar, posiblemente ya en su origen, la huida de los prófugos y los éxodos provocados por la pobreza, por la violencia y por la persecución”.

Un punto indispensable subrayado por el Santo Padre es “que la opinión pública sea informada de forma correcta, incluso para prevenir miedos injustificados y especulaciones a costa de los migrantes”.                

Nadie puede fingir no sentirse interpelado --advierte Francisco-- por las nuevas formas de esclavitud gestionada por organizaciones criminales que venden y compran a hombres, mujeres y niños como trabajadores en la construcción, en la agricultura, en la pesca y en otros ámbitos del mercado.

De este modo, el Pontífice quiere recorda que “el amor de Dios tiende alcanzar a todos y a cada uno, transformando a aquellos que acojan el abrazo del Padre entre otros brazos que se abren y se estrechan para que quien sea sepa que es amado como hijo y se sienta «en casa» en la única familia humana”.
 

5:34:00 a.m.

(RV).- “Emigrantes y refugiados nos interpelan. La respuesta del Evangelio de la misericordia” es el tema al que se dedicará el Día Mundial del Emigrante y del Refugiado, según se ha explicado este jueves en la Oficina de Prensa del Vaticano en la presentación del mensaje del Santo Padre para esta jornada que se celebrará el 17 de enero de 2016.

El Papa Francisco habla de los flujos migratorios, “personas que escapan de su propia patria que interpelan a cada uno y a las colectividades, desafiando el modo tradicional de vivir y, a veces, trastornando el horizonte cultural y social con el cual se confrontan”. En este sentido el Santo Padre habla de la integración de los inmigrantes, de sus condiciones de vida, y de cómo la Iglesia debe actuar inspirándose en el ejemplo y en las palabras de Jesucristo. “La respuesta del Evangelio es la misericordia”.

“A pesar de todo, no se pueden reducir las migraciones a su dimensión política y normativa, a las implicaciones económicas y a la mera presencia de culturas diferentes en el mismo territorio” escribe el Obispo de Roma y termina su mensaje recordando que “acoger al otro es acoger a Dios en persona”.

(MZ-RV)

Mensaje completo del Papa para la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado

Queridos hermanos y hermanas

En la bula de convocación al Jubileo Extraordinario de la Misericordia recordé que «hay momentos en los que de un modo mucho más intenso estamos llamados a la mirada fija en la misericordia para poder ser también nosotros mismos signo eficaz del obrar del Padre» (Misericordiae vultus, 3). En efecto, el amor de Dios tiende alcanzar a todos y a cada uno, transformando a aquellos que acojan el abrazo del Padre entre otros brazos que se abren y se estrechan para que quien sea sepa que es amado como hijo y se sienta «en casa» en la única familia humana. De este modo, la premura paterna de Dios es solícita para con todos, como lo hace el pastor con su rebaño, y es particularmente sensible a las necesidades de la oveja herida, cansada o enferma. Jesucristo nos habló así del Padre, para decirnos que él se inclina sobre el hombre llagado por la miseria física o moral y, cuanto más se agravan sus condiciones, tanto más se manifiesta la eficacia de la misericordia divina.

En nuestra época, los flujos migratorios están en continuo aumento en todas las áreas del planeta: refugiados y personas que escapan de su propia patria interpelan a cada uno y a las colectividades, desafiando el modo tradicional de vivir y, a veces, trastornando el horizonte cultural y social con el cual se confrontan. Cada vez con mayor frecuencia, las víctimas de la violencia y de la pobreza, abandonando sus tierras de origen, sufren el ultraje de los traficantes de personas humanas en el viaje hacia el sueño de un futuro mejor. Si después sobreviven a los abusos y a las adversidades, deben hacer cuentas con realidades donde se anidan sospechas y temores. Además, no es raro que se encuentren con falta de normas claras y que se puedan poner en práctica, que regulen la acogida y prevean vías de integración a corto y largo plazo, con atención a los derechos y a los deberes de todos. Más que en tiempos pasados, hoy el Evangelio de la misericordia interpela las conciencias, impide que se habitúen al sufrimiento del otro e indica caminos de respuesta que se fundan en las virtudes teologales de la fe, de la esperanza y de la caridad, desplegándose en las obras de misericordia espirituales y corporales.

Sobre la base de esta constatación, he querido que la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado de 2016 sea dedicada al tema: «Emigrantes y refugiados nos interpelan. La respuesta del Evangelio de la misericordia». Los flujos migratorios son una realidad estructural y la primera cuestión que se impone es la superación de la fase de emergencia para dar espacio a programas que consideren las causas de las migraciones, de los cambios que se producen y de las consecuencias que imprimen rostros nuevos a las sociedades y a los pueblos. Todos los días, sin embargo, las historias dramáticas de millones de hombres y mujeres interpelan a la Comunidad internacional, ante la aparición de inaceptables crisis humanitarias en muchas zonas del mundo. La indiferencia y el silencio abren el camino a la complicidad cuanto vemos como espectadores a los muertos por sofocamiento, penurias, violencias y naufragios. Sea de grandes o pequeñas dimensiones, siempre son tragedias cuando se pierde aunque sea sólo una vida.

Los emigrantes son nuestros hermanos y hermanas que buscan una vida mejor lejos de la pobreza, del hambre, de la explotación y de la injusta distribución de los recursos del planeta, que deberían ser divididos ecuamente entre todos. ¿No es tal vez el deseo de cada uno de ellos el de mejorar las propias condiciones de vida y el de obtener un honesto y legítimo bienestar para compartir con las personas que aman?

En este momento de la historia de la humanidad, fuertemente marcado por las migraciones, la identidad no es una cuestión de importancia secundaria. Quien emigra, de hecho, es obligado a modificar algunos aspectos que definen a la propia persona e, incluso en contra de su voluntad, obliga al cambio también a quien lo acoge. ¿Cómo vivir estos cambios de manera que no se conviertan en obstáculos para el auténtico desarrollo, sino que sean oportunidades para un auténtico crecimiento humano, social y espiritual, respetando y promoviendo los valores que hacen al hombre cada vez más hombre en la justa relación con Dios, con los otros y con la creación?

En efecto, la presencia de los emigrantes y de los refugiados interpela seriamente a las diversas sociedades que los acogen. Estas deben afrontar los nuevos hechos, que pueden verse como imprevistos si no son adecuadamente motivados, administrados y regulados. ¿Cómo hacer de modo que la integración sea una experiencia enriquecedora para ambos, que abra caminos positivos a las comunidades y prevenga el riesgo de la discriminación, del racismo, del nacionalismo extremo o de la xenofobia?

La revelación bíblica anima a la acogida del extranjero, motivándola con la certeza de que haciendo eso se abren las puertas a Dios, y en el rostro del otro se manifiestan los rasgos de Jesucristo. Muchas instituciones, asociaciones, movimientos, grupos comprometidos, organismos diocesanos, nacionales e internacionales viven el asombro y la alegría de la fiesta del encuentro, del intercambio y de la solidaridad. Ellos han reconocido la voz de Jesucristo: «Mira, que estoy a la puerta y llamo» (Ap 3,20). Y, sin embargo, no cesan de multiplicarse los debates sobre las condiciones y los límites que se han de poner  a la acogida, no sólo en las políticas de los Estados, sino también en algunas comunidades parroquiales que ven amenazada la tranquilidad tradicional.

Ante estas cuestiones, ¿cómo puede actuar la Iglesia si no inspirándose en el ejemplo y en las palabras de Jesucristo? La respuesta del Evangelio es la misericordia.

En primer lugar, ésta es don de Dios Padre revelado en el Hijo: la misericordia recibida de Dios, en efecto, suscita sentimientos de alegre gratitud por la esperanza que nos ha abierto al misterio de la redención en la sangre de Cristo. Alimenta y robustece, además, la solidaridad hacia el prójimo como exigencia de respuesta al amor gratuito de Dios, «que fue derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo» (Rm 5,5). Así mismo, cada uno de nosotros es responsable de su prójimo: somos custodios de nuestros hermanos y hermanas, donde quiera que vivan. El cuidar las buenas relaciones personales y la capacidad de superar prejuicios y miedos son ingredientes esenciales para cultivar la cultura del encuentro, donde se está dispuesto no sólo a dar, sino también a recibir de los otros. La hospitalidad, de hecho, vive del dar y del recibir.

En esta perspectiva, es importante mirar a los emigrantes no solamente en función de su condición de regularidad o de irregularidad, sino sobre todo como personas que, tuteladas en su dignidad, pueden contribuir al bienestar y al progreso de todos, de modo particular cuando asumen responsablemente los deberes en relación con quien los acoge, respetando con reconocimiento el patrimonio material y espiritual del país que los hospeda, obedeciendo sus leyes y contribuyendo a sus costes. A pesar de todo, no se pueden reducir las migraciones a su dimensión política y normativa, a las implicaciones económicas y a la mera presencia de culturas diferentes en el mismo territorio. Estos aspectos son complementarios a la defensa y a la  promoción de la persona humana, a la cultura del encuentro entre pueblos y de la unidad, donde el Evangelio de la misericordia inspira y anima itinerarios que renuevan y transforman a toda la humanidad.

La Iglesia apoya a todos los que se esfuerzan por defender los derechos de todos a vivir con dignidad, sobre todo ejerciendo el derecho a no tener que emigrar para contribuir al desarrollo del país de origen. Este proceso debería incluir, en su primer nivel, la necesidad de ayudar a los países del cual salen los emigrantes y los prófugos. Así se confirma que la solidaridad, la cooperación, la interdependencia internacional y la ecua distribución de los bienes de la tierra son elementos fundamentales para actuar en profundidad y de manera incisiva sobre todo en las áreas de donde parten los flujos migratorios, de tal manera que cesen las necesidades que inducen a las personas, de forma individual o colectiva, a abandonar el propio ambiente natural y cultural. En todo caso, es necesario evitar, posiblemente ya en su origen, la huida de los prófugos y los éxodos provocados por la pobreza, por la violencia y por la persecución.

Sobre esto es indispensable que la opinión pública sea informada de forma correcta, incluso para prevenir miedos injustificados y especulaciones a costa de los migrantes.

Nadie puede fingir de no sentirse interpelado por las nuevas formas de esclavitud gestionada por organizaciones criminales que venden y compran a hombres, mujeres y niños como trabajadores en la construcción, en la agricultura, en la pesca y en otros ámbitos del mercado. Cuántos menores son aún hoy obligados a alistarse en las milicias que los transforman en niños soldados. Cuántas personas son víctimas del tráfico de órganos, de la mendicidad forzada y de la explotación sexual. Los prófugos de nuestro tiempo escapan de estos crímenes aberrantes, que interpelan a la Iglesia y a la comunidad humana, de manera que ellos puedan ver en las manos abiertas de quien los acoge el rostro del Señor «Padre misericordioso y Dios te toda consolación» (2 Co 1,3).

Queridos hermanos y hermanas emigrantes y refugiados. En la raíz del Evangelio de la misericordia el encuentro y la acogida del otro se entrecruzan con el encuentro y la acogida de Dios: Acoger al otro es acoger a Dios en persona. No se dejen robar la esperanza y la alegría de vivir que brotan de la experiencia de la misericordia de Dios, que se manifiesta en las personas que encuentran a lo largo de su camino. Los encomiendo a la Virgen María, Madre de los emigrantes y de los refugiados, y a san José, que vivieron la amargura de la emigración a Egipto. Encomiendo también a su intercesión a quienes dedican energía, tiempo y recursos al cuidado, tanto pastoral como social, de las migraciones. Sobre todo, les imparto de corazón la Bendición Apostólica.

Vaticano, 12 de septiembre de 2015, memoria del Santo Nombre de María

(from Vatican Radio)

5:19:00 a.m.
Agenzia Fides Bangui - En Bangui, capital de la República Centroafricana, entre el 29 y 30 de septiembre se han producido enfrentamientos muy fuertes durante varias horas entre los “anti-Balaka” y las fuerzas de la ONU de la MINUSCA, que ha utilizado vehículos blindados, armas de grueso calibre y helicópteros de ataque.
Así lo informan a la Agencia Fides fuentes locales, que señalan que los cascos azules han encontrado dificultades para “desarmar a un enemigo escondido entre las casas, en un laberinto de calles estrechas completamente inaccesibles a los coches, y mucho menos a los vehículos blindados. Sin embargo, al final la MINUSCA ha tenido éxito en su intento, ha liberado las calles y mantenido un férreo control. Sin embargo se han producido un número desconocido de muertes, heridos y casas quemadas, entre la población civil”.
El día 30 de septiembre se ha caracterizado por la falta de participación popular en la protesta convocada por los que quieren utilizar con fines políticos los incidentes del sábado, exigiendo la salida de las fuerzas armadas francesas, la restauración del Ejército Nacional que está disuelto y la renuncia de las Autoridades de Transición . De hecho, sólo unos pocos cientos de personas se reunieron en el punto señalado, Place des Martyrs, y tras una hora de espera, los organizadores han pospuesto la manifestación con la excusa de que se habían infiltrado agitadores y milicianos en un cortejo que no debe ser violento.
El resto del día, así como la noche pasada, ha sido bastante tranquilo, aunque el clima sigue siendo extremadamente tenso, por lo que en los barrios menos afectados por la presencia de los “anti-Balaka” la vida ha retomado, con algunas tiendas abiertas, vendedores ambulantes a lo largo de las calles, e incluso algún coche circulando.
A las 15 horas han regresado a la capital, desde Nueva York, la Presidente de la Transición, Catherine Samba Panza y el Jefe de la MINUSCA, Parfait Onanga-Anyanga.
Inmediatamente después los “anti-Balaka”, que se había visto obligados a retirarse la noche anterior, han retomado la iniciativa, atacando la sede del Consejo Nacional de Transición , que se encuentra cerca del barrio que es su fortaleza, y luego, una vez rechazados por las fuerzas de seguridad de defensa, parece ser que se han dirigido contra la cercana sede del Programa Mundial de Alimentos, otra ONG sanitaria y una gran estación de servicio de la Total, saqueándolas.
Según fuentes de Fides “es evidente que la población no está interesada en la desestabilización de las instituciones. Sin embargo permanece el problema - que le tocará a la Presidente, ahora que ha regresado - de restablecer el diálogo con la parte más dialogante de los 'anti-Balaka' para conseguir que renuncien a sus ambiciones desestabilizadoras y se preparen para las elecciones”.
“Parece que se aleja el peligro de una derrocamiento de las instituciones, pero el orden público está lejos de ser seguro”, concluyen las fuentes

Agencia Catolica

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