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3:27:00 a.m.

(RV).- “Los animo a encontrar, escuchar y caminar con los más necesitados, para que puedan encontrar a Cristo y su liberador mensaje de amor”, palabras de aliento del Papa Francisco durante el Encuentro con el clero, los consagrados, los laicos de los consejos pastorales, los miembros de la Curia y los representantes de las parroquias de la diócesis de Cesena-Sarsina, el primer domingo de octubre, en el marco de su Visita Pastoral a esta ciudad con motivo del Tercer Centenario del nacimiento del Papa Pío VI.

Durante el Encuentro en la Catedral de Cesena, el Santo Padre recordó a los consagrados que la principal misión de un discípulo de Cristo es anunciar y testimoniar con alegría el Evangelio. “La evangelización – afirmó el Papa – es más eficaz cuando es actuada con unidad de intención y con una colaboración sincera entre las diferentes realidades eclesiales y entre los diversos sujetos pastorales, que encuentran en el Obispo un seguro punto de referencia y de cohesión”.

“Corresponsabilidad es una palabra clave – subrayó el Santo Padre – sea para llevar adelante el trabajo común en los campos de la catequesis, de la educación católica, de la promoción humana y de la caridad; sea en la búsqueda valerosa, ante los desafíos pastorales y sociales, de nuevas formas de cooperación y presencia eclesial en el territorio”. Es ya un eficaz testimonio de fe, dijo el Pontífice, el hecho mismo de ver una Iglesia que se esfuerza por caminar en la fraternidad y en la unidad. Cuando el amor de Cristo es colocado incluso sobre legitimas exigencias particulares, agregó, entonces se hacen capaces de salir de sí mismos, de descentrase a nivel personal y de grupo, y siempre en Cristo ir al encuentro de los hermanos.

“Las llagas de Jesús – precisó el Pontífice – permanecen visibles en tantos hombres y mujeres que viven en los márgenes de la sociedad: marcados por el sufrimiento, las dificultades, el abandono y la pobreza. Personas heridas por la duras pruebas de la vida, que son humilladas, que se encuentran en la cárcel o en los hospitales”. Acercándonos y curando con ternura estas llagas, señaló el Papa, muchas veces no solo corporales sino también espirituales, somos purificados y transformados por la misericordia de Dios.

Recordando el ejemplo de servicio a los más necesitados realizado por San Vincenzo de Paoli, el Papa Francisco resaltó el primer deber de la diaconía de la caridad en favor de los pobres, es decir, una verdadera revolución de la caridad. Para realizar esto, dijo el Pontífice, es necesario reservar un adecuado espacio a la oración y la meditación de la Palabra de Dios. “La oración es la fuerza de nuestra misión. El encuentro constante con el Señor en la oración se hace indispensable sea para los sacerdotes y para las personas consagradas, sea para los operadores pastorales, llamados a salir del proprio huerto e ir hacia las periferias existenciales”.

Son sobre todo los jóvenes, puntualizó el Papa Francisco, los que necesitan experimentar el amor de Jesús y la Iglesia cuenta mucho con ellos y es consciente de sus grandes recursos, de su inclinación al bien, a la libertad autentica y a la justicia. “Ellos, necesitan ser ayudados a descubrir los dones que el Señor les ha donado, animados a no temer ante los grandes desafíos del momento presente. Por esto, los animo a animarlos, a escucharlos, a caminar con ellos, para que puedan encontrar a Cristo y su liberador mensaje de amor”. Una Iglesia atenta a los jóvenes es una Iglesia familia de familias, dijo el Papa; por ello, los animo en su trabajo con las familias durante este año pastoral en el que están reflexionando sobre la educación a la afectividad y al amor.

Antes de concluir su discurso, el Papa Francisco alentó a los sacerdotes a llevar adelante el ministerio del encuentro con Cristo. Esto presupone, dijo el Pontífice, su encuentro cotidiano con Cristo, su ser y estar con Él. “Les deseo que descubran continuamente, en las diversas etapas del camino personal y ministerial, la alegría de ser sacerdotes, de estar llamados por el Señor a seguirlo para llevar su palabra, su perdón, su amor, su gracia. Es una llamada que nunca termina de sorprendernos”.

(Renato Martinez – Radio Vaticano)


3:24:00 a.m.

(RV).- “Es necesario relanzar los derechos de la buena política, su idoneidad específica para servir al bien público, para actuar de tal modo de disminuir las desigualdades, para promover con medidas concretas el bien de las familias, para dar un sólido marco de derechos-deberes y para hacerlos efectivos para todos”, lo dijo el Papa Francisco durante el Encuentro con los ciudadanos de Cesena, el primer domingo de octubre, en el marco de su Visita Pastoral a esta ciudad con motivo del Tercer Centenario del nacimiento del Papa Pío VI y a Bolonia para la clausura del Congreso Eucarístico diocesano.

En su discurso, el Santo Padre resaltó la riqueza de esta ciudad, llena de historia que entre sus hijos ilustres, ha dado al mundo a dos Papas: Pío VI, de quien recordamos el tercer aniversario de su nacimiento, dijo, y Pío VII. “Desde hace siglos – afirmó el Pontífice – esta Plaza constituye el punto de encuentro de los ciudadanos y el ámbito donde se desarrolla el mercado. Por ello, se llama: Plaza del Pueblo, o simplemente ‘la Plaza’, espacio público en el cual se toman decisiones relevantes para la ciudad en el Palacio Municipal y se desarrollan  iniciativas económicas y sociales”.

La Plaza, señaló el Papa, es un lugar emblemático, donde las aspiraciones de los individuos se confrontan con las exigencias, las expectativas y los sueños de la entera ciudadanía; donde los grupos particulares, agregó el Santo Padre, toman conciencia que sus deseos deben estar en armonía con aquellos de la colectividad. “Donde se aprende que, sin perseguir con constancia, empeño e inteligencia el bien común, ni siquiera los individuos podrán beneficiarse de sus derechos y realizar sus más nobles aspiraciones, porque disminuiría el espacio ordenado y civil en el cual vivir y obrar”.

“La centralidad de la plaza – precisó el Papa Francisco – envía por lo tanto el mensaje que es esencial trabajar todos juntos por el bien común. Y esta es la base del buen gobierno de la ciudad, que la hace bella, sana y acogedora, lugar de encuentro de iniciativas y motor de un desarrollo sostenible e integral”. En este sentido, el Santo Padre precisó que es necesario una buena política para la vida común de un pueblo, que no de espacio a las ambiciones individuales o a la prepotencia de algunas facciones o centros de interés; sino una política que sea responsable, valiente y prudente al mismo tiempo; que haga crecer la participación de las personas, su progresiva inclusión y pertenencia. Es decir, subrayó el Pontífice, una política que sepa armonizar las legítimas aspiraciones de los individuos y de los grupos teniendo el timón firme en los intereses de la entera ciudadanía.

“Este es el rostro auténtico de la política y su razón de ser – puntualizó el Papa Francisco – un servicio inestimable por el bien de la entera colectividad. Y este es el motivo por el cual la doctrina social de la Iglesia la considera una noble forma de caridad. Por ello, invito a los jóvenes y más pequeños a prepararse adecuadamente y comprometerse personalmente en este campo, asumiendo desde ahora la perspectiva del bien común y rechazando incluso toda mínima forma de corrupción”.

Antes de concluir su discurso, el Papa Francisco recordó que toda la Región de Emilia-Romaña ha sido siempre una tierra que tiene la pasión por la política. “Quisiera decir a todos – agregó el Papa – descubran también para hoy el valor de esta dimensión esencial de la convivencia civil y den su contribución, siempre listos para hacer prevalecer el bien del todo sobre la parte; siempre listos a reconocer que toda idea debe ser verificada y remodelada en relación con la realidad”.

(Renato Martinez – Radio Vaticano)

(from Vatican Radio)


3:04:00 a.m.

CESENA, 01 Oct. 17 (ACI).-
En un encuentro con sacerdotes, consagrados y laicos de la Diócesis de Cesena-Sarsina, Italia, el Papa Francisco destacó la importancia de la oración en la evangelización: “la oración es la fuerza de nuestra misión”, afirmó.

En este encuentro, que tuvo lugar en la Catedral de Cesena, el Santo Padre hizo hincapié en la necesidad de curar las llagas de Jesús “visibles en muchos hombres y mujeres que viven al margen de la sociedad: marcados por el sufrimiento, por el dolor, por el abandono, por la pobreza. Personas heridas por la dura prueba de la vida, que son humilladas, que se encuentran en la cárcel, en el hospital…”.

“Mirando con respeto y amor a las personas –afirmó el Papa– podemos hacer la revolución de la ternura”.

Francisco indicó que “curando con ternura estas llagas, con frecuencia no solo corporales, sino también espirituales, somos purificados y transformados en la misericordia de Dios. Juntos, pastores y fieles laicos, experimentamos la gracia de ser humildes y generosos portadores de la luz y de la fortaleza del Evangelios”.

El Obispo de Roma insistió en que para poder acercarse a los que sufren y curar su alma “es necesario reservar un adecuado espacio a la oración y a la meditación de la Palabra de Dios: la oración es la fuerza de nuestra misión, como recientemente nos ha mostrado Santa Teresa de Calcuta”.

“El encuentro constante con el Señor en la oración se vuelve indispensable tanto para los sacerdotes como para las personas consagradas, y para los trabajadores pastorales, llamados a salir de su parcela e ir hacia las periferias existenciales”.

Este encuentro en la Catedral de Cesena se produce en el contexto de la visita pastoral que el Santo Padre realiza este domingo 1 de octubre a las localidades italianas de Cesena y Bolonia.

Tras un primer encuentro que mantuvo con los ciudadanos de Cesena en la Plaza del Pueblo, el Papa se trasladó a la Catedral para encontrarse con el clero, los consagrados, los laicos de los Consejos Pastorales, los miembros de la Curia y representantes de las Parroquias de la Diócesis.

A su llegada a la Catedral, un grupo de niños y jóvenes recibió al Santo Padre, posteriormente, antes de pronunciar su discurso, rezó brevemente ante el Santísimo Sacramento y saludó a un grupo de enfermos.

En su discurso ante los miembros del clero, de la curia diocesana, de los consagrados y de los laicos, Francisco subrayó que “la principal misión de los discípulos de Cristo es anunciar y testimoniar con alegría el Evangelio”.

Además, recordó que “la evangelización es más eficaz cuando actúa con unidad de acción y con colaboración sincera entre las diferentes realidades eclesiales y entre los diferentes sujetos pastorales que encuentran en el Obispo el punto de referencia y cohesión”.

“Mientras el empuje apostólico nos lleva a salir, sentimos la profunda necesidad de permanecer fuertemente unidos al centro de la fe y de la misión: el corazón de Cristo, lleno de misericordia y de amor”.

El Pontífice habló también de la importancia de la evangelización de los jóvenes, que están “entre aquellos que más necesitan experimentar el amor de Jesús”. Aseguró que “la Iglesia los tiene muy en cuenta, y es consciente de sus grandes recursos, de su tendencia al bien, a lo bello, a la libertad auténtica, a la justicia”.

Los jóvenes “tienen necesidad de recibir ayuda para descubrir los dones con los que el Señor los ha dotado, animados a no temer ante los grandes desafíos del momento presente. Por eso os animo a encontrarlos, a escucharlos, a caminar con ellos, para que puedan encontrar a Cristo y su liberador mensaje de amor”.

El Papa animó a los jóvenes a hablar con los ancianos, con los abuelos. “Los ancianos deben darnos a todos nosotros, especialmente a los jóvenes, la sabiduría de la vida. Ese diálogo hará milagros”.

Por otro lado, Francisco animó también a impulsar el trabajo con las familias, “es un trabajo que el Señor nos pide hacer de forma especial en este tiempo que es un tiempo difícil tanto para la familia como institución y célula base de la sociedad, como para las familias concretas, que soportan buena parte del peso de la crisis socio económica sin recibir a cambio un adecuado apoyo”.

El Santo Padre se dirigió a las familias y recordó a los padres la necesidad de dedicar tiempo a los hijos, “de perder su tiempo jugando con los hijos. Eso es importante”.

Por último, el Papa se dirigió de forma específica a los sacerdotes y les recordó que “se os ha confiado el ministerio del encuentro con Cristo. Ello presupone vuestro encuentro cotidiano con Él, vuestro ser con Él. Os deseo que descubráis continuamente, en las diversas etapas del camino personal y ministerial, la alegría de ser sacerdotes, de ser llamados por el Señor a seguirlo para llevar su palabra, su perdón, su amor, su gracia”.

Como en anteriores encuentros con el clero, consagrados y laicos, el Papa reconoció que en el caminar juntos del anuncio del Evangelio pueden surgir incomprensiones, “y cuando surjan incomprensiones, hablad entre vosotros, o hablad con el párroco para que os ayude. Pero nunca difundáis rumores ¡Nunca! Los rumores destruyen una comunidad. Los rumores son un acto terrorista”.

Animó a sacerdotes y consagrados a no perder la alegría, “tantas veces la gente encuentra sacerdotes tristes. Cuando encuentro un sacerdote triste pienso ‘¿y tú qué has desayunado? ¿Café o vinagre?’”.

La llamada del Señor “¡es una llamada que nunca deja de sorprendernos!”, concluyó.

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Papa Francisco en nueva visita: En política es la hora de los jóvenes y ancianos https://t.co/LBngAyKJcq

— ACI Prensa (@aciprensa) 1 de octubre de 2017

 


2:19:00 a.m.

CESENA, 01 Oct. 17 (ACI).-
Nueva visita del Papa Francisco a Italia: en este caso a Cesena y Bolonia. A la primera ciudad llegó a las 8 de la mañana en helicóptero desde el Vaticano. A la segunda acudirá en la tarde para cerrar el Congreso Eucarístico Diocesano.

El primer encuentro en Cesena fue con los ciudadanos en la Plaza del Pueblo, a quienes les ofreció su cercanía y recordó cómo debe ser la verdadera política, que sirva al bien común y escuche a los jóvenes y a los ancianos.

“La centralidad de la Plaza manda el mensaje de que es esencial trabajar todos juntos por el bien común”, aseguró al comenzar su intervención.

Francisco aprovechó para pedir una “buena política que no sirva a ambiciones individuales o a la prepotencia de facciones o centros de interés”. “Una política que no es sierva ni jefe, sino amiga y colaboradora; no miedosa o temeraria, sino responsable y por tanto valiente y prudente al mismo tiempo”.

Es una política “que no deje a los marginados algunas categorías, que no saquee los recursos naturales. Una política que sepa armonizar las legítimas aspiraciones de los individuales y de los grupos teniendo el timón bien fijo sobre el interés de toda la ciudadanía”.

El Obispo de Roma dijo a las de personas que lo escucharon en esta plaza que “el rostro auténtico de la política y su razón de ser” es “un servicio inestimable al bien de toda la colectividad”.

“Invito por ello a jóvenes y menos jóvenes a prepararse adecuadamente y comprometerse y empeñarse personalmente en este campo, asumiendo desde el inicio la perspectiva del bien común, rechazando cualquier mínima forma de corrupción.

“Es la hora de los jóvenes, pero también de los ancianos”, manifestó. “De los primeros porque tienen la fuerza de llevar adelante lo que sea, de los ancianos porque tienen la sabiduría de la vida y tienen la autoridad de decir a los jóvenes, también a los que son políticos: ‘mira, sobre esto te equivocas, toma este otro camino, piensa un poco’”.

“En política es hora de los jóvenes y de los ancianos y, por favor, vayan hacia este camino” porque “esta relación entre ancianos y jóvenes es un tesoro que debemos retoma”, dijo recibiendo aplausos a continuación.

También lanzó un llamado a “exigir a los protagonistas de la vida pública coherencia de compromiso, preparación, rectitud moral, capacidad de iniciativa, paciencia”, entre otros aspectos.

Criticó el “limitarse a observar desde el balcón” lo que hacen los demás y por eso exhortó a colaborar: “Sed exigentes con vosotros mismos y los demás”, sabiendo que “el empeño consciente precedido de una idónea preparación dará su fruto y hará crecer el bien para la felicidad de la persona”.

Por último, recordó que la política está llamada a “servir el bien público, dirigir el mundo para disminuir las desigualdades, promover con medidas concretas el bien de las familias”. 

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Papa Francisco a alcaldes: No sean ambiciosos y ayuden a los ciudadanos https://t.co/FLhIrTcLqN

— ACI Prensa (@aciprensa) 30 de septiembre de 2017

 


1:57:00 a.m.

(RV).- “Es necesario relanzar los derechos de la buena política, su idoneidad específica para servir al bien público, para actuar de tal modo de disminuir las desigualdades, para promover con medidas concretas el bien de las familias, para dar un sólido marco de derechos-deberes y para hacerlos efectivos para todos”, lo dijo el Papa Francisco durante el Encuentro con los ciudadanos de Cesena, el primer domingo de octubre, en el marco de su Visita Pastoral a esta ciudad con motivo del Tercer Centenario del nacimiento del Papa Pío VI y a Bolonia para la clausura del Congreso Eucarístico diocesano.

En su discurso, el Santo Padre resaltó la riqueza de esta ciudad, llena de historia que entre sus hijos ilustres, ha dado al mundo a dos Papas: Pío VI, de quien recordamos el tercer aniversario de su nacimiento, dijo, y Pío VII. “Desde hace siglos – afirmó el Pontífice – esta Plaza constituye el punto de encuentro de los ciudadanos y el ámbito donde se desarrolla el mercado. Por ello, se llama: Plaza del Pueblo, o simplemente ‘la Plaza’, espacio público en el cual se toman decisiones relevantes para la ciudad en el Palacio Municipal y se desarrollan  iniciativas económicas y sociales”.

La Plaza, señaló el Papa, es un lugar emblemático, donde las aspiraciones de los individuos se confrontan con las exigencias, las expectativas y los sueños de la entera ciudadanía; donde los grupos particulares, agregó el Santo Padre, toman conciencia que sus deseos deben estar en armonía con aquellos de la colectividad. “Donde se aprende que, sin perseguir con constancia, empeño e inteligencia el bien común, ni siquiera los individuos podrán beneficiarse de sus derechos y realizar sus más nobles aspiraciones, porque disminuiría el espacio ordenado y civil en el cual vivir y obrar”.

“La centralidad de la plaza – precisó el Papa Francisco – envía por lo tanto el mensaje que es esencial trabajar todos juntos por el bien común. Y esta es la base del buen gobierno de la ciudad, que la hace bella, sana y acogedora, lugar de encuentro de iniciativas y motor de un desarrollo sostenible e integral”. En este sentido, el Santo Padre precisó que es necesario una buena política para la vida común de un pueblo, que no de espacio a las ambiciones individuales o a la prepotencia de algunas facciones o centros de interés; sino una política que sea responsable, valiente y prudente al mismo tiempo; que haga crecer la participación de las personas, su progresiva inclusión y pertenencia. Es decir, subrayó el Pontífice, una política que sepa armonizar las legítimas aspiraciones de los individuos y de los grupos teniendo el timón firme en los intereses de la entera ciudadanía.

“Este es el rostro auténtico de la política y su razón de ser – puntualizó el Papa Francisco – un servicio inestimable por el bien de la entera colectividad. Y este es el motivo por el cual la doctrina social de la Iglesia la considera una noble forma de caridad. Por ello, invito a los jóvenes y más pequeños a prepararse adecuadamente y comprometerse personalmente en este campo, asumiendo desde ahora la perspectiva del bien común y rechazando incluso toda mínima forma de corrupción”.

Antes de concluir su discurso, el Papa Francisco recordó que toda la Región de Emilia-Romaña ha sido siempre una tierra que tiene la pasión por la política. “Quisiera decir a todos – agregó el Papa – descubran también para hoy el valor de esta dimensión esencial de la convivencia civil y den su contribución, siempre listos para hacer prevalecer el bien del todo sobre la parte; siempre listos a reconocer que toda idea debe ser verificada y remodelada en relación con la realidad”.

(Renato Martinez – Radio Vaticano)


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