Conocidos también con el antiguo nombre de “caballeros de la brújula”, el Papa les agradeció la premura y cordialidad del trabajo que desempeñan en las audiencias, ceremonias y recibimientos oficiales.
El Santo Padre en su saludo les ha recordado que el dueño de la Casa Pontificia donde trabajan es “el Señor, del que todos somos discípulos y servidores de su Evangelio”.
“Esto requiere que cultivemos un diálogo constante con Él en oración, que crezcamos en su amistad e intimidad, y testimoniemos su amor misericordioso hacia todos. Hecho con este espíritu, su trabajo puede convertirse en una oportunidad para comunicar la alegría de formar parte de la Iglesia”.
ER RV

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