ONU: Protección y asistencia a las víctimas de la trata de personas

(ZENIT – 28 Sept. 2017).- “El carácter global del problema de la trata y las formas viles de colusión que lleva aparejado este crimen contra las personas en las situaciones más vulnerables requieren una respuesta adecuada de colaboración, fraternidad y solidaridad”, declaró Mons. Paul Gallagher en la sede de la ONU.

Del 27 al 28 de septiembre tiene lugar en la sede de las Naciones Unidas, en Nueva York, la Sesión Plenaria del encuentro de alto nivel sobre la evaluación del Plan mundial de acción de la ONU para combatir el tráfico de seres humanos en el ámbito de la 72ª Conferencia de la Asamblea General.

Publicamos a continuación el discurso del jefe de la delegación de la Santa Sede ante la ONU, el arzobispo Paul Richard Gallagher, Secretario para las Relaciones con los Estados pronunciado ayer, 27 de septiembre, en Nueva York sobre el Plan global de acción sobre la protección y asistencia de las víctimas en la trata de personas.

Texto completo del discurso de Mons. Gallagher:

En la Declaración Política sobre la Aplicación del Plan de Acción Mundial para Combatir la Trata de Personas aprobada al inicio de esta Reunión de Alto Nivel, la comunidad internacional expresa su “solidaridad y compasión por las víctimas y sobrevivientes”, pide “el respeto pleno de sus derechos humanos” y se compromete a proporcionar “cuidados, asistencia y servicios apropiados para su recuperación y rehabilitación, colaborando con la sociedad civil y otras entidades pertinentes”. Entre tales entes, se menciona específicamente a aquellos con y entre las organizaciones religiosas.

En consonancia con esto, la Santa Sede quisiera destacar, al menos, algunas de las recientes alianzas que la Iglesia católica y las organizaciones católicas han tratado de formar para proteger y asistir a las víctimas de la trata de personas y ayudar a combatir el contexto más amplio de esta oscuro y repugnante azote global.

Una colaboración esencial es la de los líderes y fieles de las diferentes religiones en varias partes del mundo. En diciembre de 2014, el Vaticano fue sede de una reunión de líderes religiosos que concluyó con una Declaración Universal de Líderes de la Fe Contra la Esclavitud, en la que todos se comprometieron a “hacer todo lo posible en nuestras comunidades de fe y más allá para trabajar juntos por la libertad de todas las personas esclavizadas y víctimas de la trata para que su futuro se restablezca”.

En esa reunión, el papa Francisco agradeció a los demás líderes religiosos “su compromiso a favor de los supervivientes de la trata de personas” y expresó la convicción de que “Sostenidos por los ideales de nuestras confesiones de fe y nuestros valores humanos compartidos, todos podemos y debemos levantar el estandarte de los valores espirituales, el esfuerzo mancomunado, la visión liberadora de manera de erradicar la esclavitud de nuestro planeta”. También compartió su esperanza de que el ejemplo del compromiso conjunto interreligioso sería un llamamiento a “todas las personas de fe y a sus líderes, a los Gobiernos, y a las empresas, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, para que brinden su apoyo férreo y se sumen al movimiento contra de la esclavitud moderna, en todas sus formas”.

Otra forma importante de asociación es aquella entre las instituciones y organizaciones católicas. La lucha contra la trata de personas sigue siendo una prioridad pastoral muy alta del papa Francisco, como lo fue para sus predecesores, y las instituciones y organizaciones católicas están alineadas con esta lucha. Quiero subrayar en particular el papel de las religiosas, que están en primera línea para ayudar a las personas atrapadas en la trampa de la trata de seres humanos, especialmente mujeres y niñas, a escapar de situaciones de esclavitud. Con delicadeza y atención, acompañan pacientemente a las víctimas en el largo camino de vuelta a una vida vivida nuevamente en libertad.

Estas religiosas trabajan en situaciones muy difíciles, en su mayoría dominadas por la violencia. Forman redes en múltiples niveles para coordinar sus esfuerzos y compartir las mejores prácticas y recursos, maximizando así su impacto. La red Talitha Kum agrupa a 22 asociaciones de 70 países de 5 continentes. Ayuda a las víctimas a “levantarse” a una vida de dignidad restaurada, recordando las palabras arameas de Jesús a una joven que estaba sin vida: “Niña, te digo, levántate” (Marcos 5:41). Asimismo, los miembros del movimiento de religiosos del sur de Asia contra el tráfico son ahora cerca de 200 monjas de 63 congregaciones que trabajan en varios países y la asociación RENATE coordina los esfuerzos de las religiosas en 27 países de Europa.

La tercera forma de colaboración que queremos mencionar es la alianza entre la Iglesia y las autoridades policiales denominada “Grupo Santa Marta”, que toma el nombre de la residencia del Papa Francisco en la que fue fundada. La realidad es que para muchos supervivientes es arduo fiarse de la aplicación de la ley, lo que hace su liberación y el enjuiciamiento de sus traficantes mucho más difícil. La experiencia ha demostrado que es mucho más fácil para ellos confiar en las religiosas y otros miembros de la Iglesia, que pueden restablecer su confianza en el proceso legal y proporcionarles refugio seguro y otras formas de asistencia.

La Declaración Política subraya “en los términos más fuertes posibles la importancia de fortalecer la acción colectiva … para poner fin a la trata de personas”. El carácter global del problema de la trata y las formas viles de colusión que lleva aparejado este crimen contra las personas en las situaciones más vulnerables, requieren una respuesta adecuada de colaboración, fraternidad y solidaridad. Esto es lo que los esclavizados por los traficantes necesitan urgente y desesperadamente y lo que espera fomentar este Panel, esta Reunión de Alto Nivel, el Plan de Acción Mundial para Combatir la Trata de Personas y el Programa de 2030.

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