Hacé subir a Jesús a la barca de tu vida, invita Francisco

REFLEXIONES EN FRONTERA, jesuita Guillermo Ortiz

(Audio) RealAudio MP3


La imagen de la Virgen salvó a los marineros en peligro.


“Madre danos tu mirada”. El Obispo de Roma, peregrino en Cerdeña, rogó la mirada de María llena de ternura, sobre todos y cada uno, en la misa, ente la imagen patrona de los marineros sardos y en su santuario. En su discurso al mundo del trabajo denunció la idolatría del dinero que deja a la persona sin trabajo y al hombre y a la mujer fuera del centro de la cuestión social.


En la catedral y ante pobres y carcelados asistidos por Caritas, anunció que todos somos hermanos, que todos somos frágiles, que no hay uno mejor que otro. Agradeció a los que sirven a los más débiles porque ese el camino de Cristo que se hizo pequeño, que eligió el camino de la humildad y de la solidaridad. Y denunció a los que usan a los pobres para su propia vanidad y lo juzgo un pecado grave.


En su encuentro con el mundo de la cultura en la Facultad teológica de Cágliari, el Papa habló de la actitud de Pilato de “lavarse las manos” frente a la crisis que atravesamos, que es una actitud que parece “pragmática” pero que, de hecho, ignora el grito de justicia, de humanidad y de responsabilidad social y lleva al individualismo, a la hipocresía, e incluso a una especie de cinismo. Es la tentación –dijo- que tenemos por delante, si vamos por el camino de la desilusión o de la decepción. Instó a encontrar caminos de esperanza, que abran horizontes nuevos a nuestra sociedad. Y habló de la universidad como lugar de formación en la solidaridad; la solidaridad como punto de encuentro, como ámbito vital en el que los conflictos, las tensiones, incluso los opuestos alcanzan una armonía que genera vida.


Muy cerca del mar, llevó a los jóvenes a contemplar en el Evangelio de Jesús: la pesca milagrosa. Cuando Pedro, después de haber trabajado toda la noche sin ningún resultado, en nombre de Jesús vuelve a remar mar a dentro y vuelve a echar las redes y recoge tantos peces que las redes estaban a punto de romperse. Con esta imagen el Vicario de Cristo hizo un verdadero discernimiento espiritual, explicando el proceso interior y sus alternativas en Pedro, para invitar a los jóvenes a no dejarse llevar por el desánimo ante la experiencia del fracaso; a remar contra corriente, a no vender la juventud; a salir con coraje del pequeño mundo y a confiar en Jesús para tirar nuevamente las redes, porque encontrar a Jesús, su amor y su misericordia es la aventura más grande y más bella que una persona puede tener.


En la isla de Cerdeña quedó la imagen de que, para seguir adelante, lo mejor es hacer subir a Jesús a la barca de la vida y echar las redes confiados en su palabra.



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