Bangui - “La situación en la República Centroafricana es muy tensa por todas partes”, escribe a Fides el p. Aurelio Gazzera, misionero carmelitano que acaba de regresar desde Bangui a Bozoum, donde vive y trabaja. En la capital, el p. Aurelio ha participado en una sesión de Cáritas, a la que han asistido los responsables de todas las 9 diócesis del país.
De este modo, el misionero ha podido recoger información de primera mano sobre las diferentes áreas de Centro-africa.
“En Bossangoa , todavía hay 41.000 refugiados . En Bangui, la capital, desde hace más de una semana, todos los días hay peleas, siempre en diferentes barrios, con muertos y reacciones por parte de la gente” refiere el p. Aurelio.
“En Bangui pude encontrarme con algunos cuadros importantes de ciertas instituciones, y todos están muy preocupados porque esperan que ocurra algo de un día para otro. Algunos indican señales claras de preparación para la salida de los ministros del gobierno”, continúa el P. Aurelio.
El misionero comparte algunas hipótesis para explicar el aumento de la tensión. “En primer lugar -observa- el 27 de noviembre, el Consejo de Seguridad de la ONU tendrá que decidir sobre la posibilidad de una intervención en Centro-áfrica. Esta intervención podría ser algo más que una fuerza de mantenimiento de la paz, porque todos han hecho un llamamiento al Capítulo 7 de la Carta de la ONU, que abre el camino para una intervención militar con el derecho de usar la fuerza ”. Serán llamados para actuar 3.600 militares de países de África Central que en diciembre deben comenzar a operar en el ámbito de la MISCA.
Además, hay que añadir “las reacciones cada vez más numerosas a los crímenes de los rebeldes de Seleka: el establecimiento de formaciones constituidas por civiles exasperados por el comportamiento de los rebeldes. Los anti-balaka han estado actuando en Bossangoa, en Bouar y en otros lugares”.
“Por último - dice el padre Aurelio - la disolución de Seleka, anunciada por el presidente Djotodjia, no ha tenido ningún efecto, pero ha acentuado en los rebeldes, el nerviosismo”.
“La consecuencia de estos factores es el hecho de que muchos rebeldes parece que se están moviendo rápido para robar tanto como sea posible, y partir en el momento adecuado. También se teme un baño de sangre, con la eliminación de testigos y de personalidades que de una u otra forma han reaccionado o denunciado los crímenes de estos 8 meses”, dice el misionero
De este modo, el misionero ha podido recoger información de primera mano sobre las diferentes áreas de Centro-africa.
“En Bossangoa , todavía hay 41.000 refugiados . En Bangui, la capital, desde hace más de una semana, todos los días hay peleas, siempre en diferentes barrios, con muertos y reacciones por parte de la gente” refiere el p. Aurelio.
“En Bangui pude encontrarme con algunos cuadros importantes de ciertas instituciones, y todos están muy preocupados porque esperan que ocurra algo de un día para otro. Algunos indican señales claras de preparación para la salida de los ministros del gobierno”, continúa el P. Aurelio.
El misionero comparte algunas hipótesis para explicar el aumento de la tensión. “En primer lugar -observa- el 27 de noviembre, el Consejo de Seguridad de la ONU tendrá que decidir sobre la posibilidad de una intervención en Centro-áfrica. Esta intervención podría ser algo más que una fuerza de mantenimiento de la paz, porque todos han hecho un llamamiento al Capítulo 7 de la Carta de la ONU, que abre el camino para una intervención militar con el derecho de usar la fuerza ”. Serán llamados para actuar 3.600 militares de países de África Central que en diciembre deben comenzar a operar en el ámbito de la MISCA.
Además, hay que añadir “las reacciones cada vez más numerosas a los crímenes de los rebeldes de Seleka: el establecimiento de formaciones constituidas por civiles exasperados por el comportamiento de los rebeldes. Los anti-balaka han estado actuando en Bossangoa, en Bouar y en otros lugares”.
“Por último - dice el padre Aurelio - la disolución de Seleka, anunciada por el presidente Djotodjia, no ha tenido ningún efecto, pero ha acentuado en los rebeldes, el nerviosismo”.
“La consecuencia de estos factores es el hecho de que muchos rebeldes parece que se están moviendo rápido para robar tanto como sea posible, y partir en el momento adecuado. También se teme un baño de sangre, con la eliminación de testigos y de personalidades que de una u otra forma han reaccionado o denunciado los crímenes de estos 8 meses”, dice el misionero

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