El Ancla Fuerte y Profunda de Francisco

REFLEXIONES EN FRONTERA

jesuita Guillermo Ortiz


(RV).- (Con audio) RealAudio MP3 “¡Es verdad! –expresó Hugo Vázquez- Mi abuela Isabel tenía sus oraciones en un devocionario grueso, de tapas negras, que se llamaba ‘Ancora de Salvación’. Yo no sabía entonces que “áncora” era sinónimo de “ancla”; el ancla con la que el barco se aferra al fondo marino para no ser arrastrado a la deriva”, lo dijo después de escuchar por Radio Vaticana palabras de Papa Francisco, en la misa que rezó en el Cementerio monumental del Verano, en Roma, en la solemnidad de todos los santos, en vísperas de la conmemoración de todos los difuntos.

El Obispo de Roma explicó que “los primeros cristianos pintaban la esperanza como un ancla, como si la vida fuera el ancla, allá arriba, y todos nosotros subiendo, tomados de la cuerda del ancla. Una bella imagen, esta esperanza –afirmó el Papa-. Tener el corazón anclado allá, donde están los nuestros, donde están nuestros antepasados, donde están los santos, donde está Jesús, donde está Dios. Esta es la esperanza, ésta es la esperanza que no defrauda”.


Seguidamente el Vicario de Cristo se preguntó: “¿Dónde está anclado mi corazón? Si no está bien anclado, anclémoslo allá arriba –expresó-, sabiendo que la esperanza no defrauda, porque el Señor Jesús no defrauda”.


Por su fe en Jesús, el sucesor de Pedro, tiene el ancla de su esperanza en el cielo y aferrado a esta esperanza en el cielo donde están sus mayores, atraviesa la vida y su crepúsculo.


Pregunto yo: ¿tenemos vos y yo un ancla semejante frente al oleaje tormentoso de la vida, como Papa Francisco, o somos juguete de las olas navegando a la deriva?



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