jesuita Guillermo Ortiz
(RV).- (Con audio)
El Obispo de Roma explicó que “los primeros cristianos pintaban la esperanza como un ancla, como si la vida fuera el ancla, allá arriba, y todos nosotros subiendo, tomados de la cuerda del ancla. Una bella imagen, esta esperanza –afirmó el Papa-. Tener el corazón anclado allá, donde están los nuestros, donde están nuestros antepasados, donde están los santos, donde está Jesús, donde está Dios. Esta es la esperanza, ésta es la esperanza que no defrauda”.
Seguidamente el Vicario de Cristo se preguntó: “¿Dónde está anclado mi corazón? Si no está bien anclado, anclémoslo allá arriba –expresó-, sabiendo que la esperanza no defrauda, porque el Señor Jesús no defrauda”.
Por su fe en Jesús, el sucesor de Pedro, tiene el ancla de su esperanza en el cielo y aferrado a esta esperanza en el cielo donde están sus mayores, atraviesa la vida y su crepúsculo.
Pregunto yo: ¿tenemos vos y yo un ancla semejante frente al oleaje tormentoso de la vida, como Papa Francisco, o somos juguete de las olas navegando a la deriva?

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