jesuita Guillermo Ortiz
(RV).- (Con audio)
¿Cómo discernir mejor para no equivocarnos?, ¿cómo cuidar mejor la semilla del amor y la vida?
En el hogar de la Iglesia -que es fundamentalmente “madre”-, junto al sacramento del amor, la Eucaristía -que es Jesús mismo en su acto de entrega total por el bien del otro-, está el amor de los esposos también como sacramento de la familia. Y en el sacramento del matrimonio el sacerdote no es más que un “testigo cualificado”. Los verdaderos protagonistas y ministros son los esposos que contraen matrimonio.
Muller, el actual “guardián de la fe” en el Vaticano, afirma que “el amor es más que un sentimiento o instinto. En su esencia, el amor es entrega”, dice. Y afirma que “en el amor matrimonial, dos personas se dicen consciente y voluntariamente: sólo tú, y para siempre”. Y alguno agregaría: arriesgando en ese “para siempre” el cielo o el infierno en vida.
Frente a las conclusiones y controversias que ha generado el artículo titulado: “La fuerza de la gracia”, publicado en la semana de la celebración de la Jornada de la Familia, en San Pedro, en el Año de la Fe, pienso que es muy bueno y propicio repasar la doctrina de la Iglesia sobre el tema de la familia, precisamente ahora que el Papa Francisco tan humano y tan cercano al que sufre, ha convocado un Sínodo extraordinario sobre la familia. En este tercer Sínodo “extraordinario” de la historia, se dialogará, debatirá y buscará ayudar cada vez mejor a cuidar y hacer crecer el amor que da vida y hace feliz al ser humano, desde la pastoral y también desde la doctrina.
No está dicho todo. Hay que aportar al diálogo. Se nos ofrece una oportunidad extraordinaria.

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