“El cristiano es uno que lleva dentro de sí un deseo muy grande y profundo: aquel de encontrarse con el Señor junto a sus hermanos, a sus compañeros de camino. Y todo esto se resume en un famoso dicho de Jesús: ‘Donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón’ (Lc.12,34).” dijo el Sucesor de Pedro, inspirado en el Evangelio de la liturgia del domingo. Por esto, aunque la realidad más importante sea llevar adelante la familia, el trabajo, “es el amor de Dios el que da sentido a los pequeños empeños cotidiano y el que también ayuda a afrontar las grandes pruebas”. Este es el verdadero tesoro del hombre -afirmó el Vicario de Cristo-, un amor que no es vago, sino que tiene un nombre: Jesucristo, que “nos permite ir más allá de las experiencias negativas; no quedar prisioneros del mal, nos abre a la esperanza, al horizonte final de nuestra peregrinación”.
El deseo del encuentro definitivo con Cristo “nos hace estar siempre preparados, con espíritu despierto, porque esperamos este encuentro con todo el corazón, con todo nuestro ser.”
Después de la oración mariana, Papa Francisco saludó en primer lugar a los musulmanes del mundo entero, nuestros hermanos, que han concluido la celebración del mes de Ramadán.
jesuita Guillermo Ortiz RV

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