Obispos de Bolivia en Asamblea Episcopal Extraordinaria

Isabella Piro-Ciudad del Vaticano

La difícil situación de Bolivia, agobiada por la pandemia del coronavirus, la crisis económica resultante y las tensiones políticas relacionadas con las elecciones generales, aplazadas del 6 de septiembre al 18 de octubre: este es el tema principal de la Asamblea Extraordinaria de Obispos Locales (Ceb), que se inauguró ayer, 19 de agosto. Debido a las medidas restrictivas, la reunión, que se prolongará hasta el 21 de agosto, tiene lugar en modo virtual y con más de treinta prelados en video-conexión. El presidente de la CEB, Monseñor Ricardo Centellas, abrió los trabajos con un discurso en el que instó a "recuperar un clima de encuentro y diálogo, de verdad y justicia", invitando a las autoridades a garantizar unas elecciones transparentes, justas y creíbles y a aclarar el fraude que se ha producido en el pasado. "La democracia no se puede consolidar con actitudes destructivas", sino a través de la promoción del "desarrollo integral para no convertir a Bolivia en un campo de batalla a expensas de los más pobres, que representan la mayoría", dijo el prelado.

Ante la "crisis económica que se agudiza día a día", "agudizando las necesidades primarias" de la población, Monseñor Centellas invitó al sector público a "un estilo de vida caracterizado por la austeridad y el compartir", para que "la economía boliviana se redistribuya según criterios de justicia social y las pequeñas y medianas empresas reciban el apoyo necesario". El presidente de la CEB también hizo  referencia al hecho de que la pandemia Covid-19, que en Bolivia ya lleva más de 91.000 casos positivos y más de 3.000 muertes, "puso de manifiesto la precariedad del sistema nacional de salud", precisamente en el momento en que la emergencia médica requiere de "unidad y solidaridad", sin que nadie "aproveche la situación por intereses personales y políticos". "Sin salud no hay vida", exhortó el obispo, reafirmando el compromiso del episcopado de "proteger la vida", al servicio de la cual es necesario "estructurar una verdadera y propia educación", lejos "de las ideologías".

El discurso de Monseñor Centellas concluyó con un llamamiento a la unidad nacional, porque "la división no hace sino agravar la crisis": "O subimos al barco de la unidad - subrayó - o sucumbimos a las ambiciones del poder". Inmediatamente después tomó la palabra Monseñor Angelo Accattino, Nuncio Apostólico de Bolivia, que se ha convertido en el portavoz de un saludo del Pontífice: "El Papa Francisco ama y bendice esta tierra", dijo el Nuncio. Luego, su reflexión se dirigió a la difícil situación del país, marcada por "sangrientos y destructivos enfrentamientos sociales". De ahí la exhortación a la Iglesia a hacer todo lo posible "para restablecer la calma y la paz a través de sus instituciones, habilidades y capacidades, siempre inspiradas en la justicia y la imparcialidad, según el mandato del Evangelio". Monseñor Accattino recordó, finalmente, citando uno por uno, a todos los prelados que habían muerto por el coronavirus, en particular a Monseñor Eugenio Scarpellini, obispo de El Alto, que murió el 15 de julio a la edad de 66 años.



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