Tres consejos del Papa para mirar con serenidad la vida

(ZENIT Noticias, 17.11.2021).- El viernes 12 de noviembre, en el contexto de la visita pastoral a Asís, el Papa quiso visitar un monasterio de monjas clarisas. Ahí les dirigió un amplio discurso, sin papeles, del cual en esta ocasión traducimos una primera parte acerca de la “atención” que debe haber en particular en una persona contemplativa pero en general para todos. El papa introdujo este tema diciendo que “para ser personas atentas es necesario tener en paz tres cosas”. La traducción a continuación con las palabras originales (los títulos en negrita son nuestros):

1ª Tener la cabeza en paz o mente serena

Tener en paz la cabeza. Porque a veces, ya sabes, la cabeza da vueltas… Siempre hay gente, yo también, todo el mundo, con la tentación de estar en todas partes, vigilando… De pequeño, recuerdo que en el barrio había una señora a la que llamaban -no sé si la traducción es correcta- ‘la ventanota’, porque detrás de la reja de la ventana se pasaba todo el día mirando lo que pasaba. No, esa atención no es necesaria, porque está dispersa en lo que está sucediendo. Pero la atención de la mente que está limpia, está atenta a lo que sucede, porque piensa bien. Por ejemplo, una mente que piensa bien es una mente que no pierde el tiempo pensando en los demás. Tiene buena opinión de la gente. Para pensar mal ya está el demonio, ¿no?, él solo es suficiente. La mente serena.

2° El corazón sereno

En segundo lugar, estar atento al Señor, un corazón sereno. Siempre volver al inicio de la vocación: ¿por qué fui llamado? ¿Para hacer carrera? ¿Para llegar a ese lugar, a ese otro lugar? No. Para amar y dejarme amar. Y volver siempre a ese inicio de la vocación. Cada uno de nosotros tiene el inicio de su vocación en su corazón. Volver con el recuerdo, y así fijar el corazón con lo que el corazón sentía en ese momento. La alegría de seguir a Jesús, de acompañarlo.

3° La serenidad de las manos

Y luego, la serenidad de las manos. Es cierto que para rezar hay que quedarse así [hace el gesto de las manos unidas]; pero las manos también deben moverse para trabajar. Por decir: un hombre consagrado, una mujer consagrada que no trabaja, que no coma. Esto es lo que dice Pablo en una Carta a los Tesalonicenses: el que no trabaje, que no coma. Mente, corazón y manos, siempre haciendo lo que tienen que hacer, y no haciendo otras cosas.

Traducción del original realizada por el P. Jorge Enrique Mújica, LC

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